Por MANUEL BARTOLOME GARCIA
El día 10 del presente mes de julio, se cumplen cien años de la muerte de José María Quijano, prócer de las trefilerías corraliegas. Había nacido en Los Corrales de Buelna en 1843.
Estudió Derecho Civil y Canónico en
Pero sus ideas iban por otros derroteros, distintos a la carrera que había estudiado; y así fundó una fábrica de clavos que instaló en un viejo molino propiedad familiar de Los Corrales. Años después se dedicó, también, a la trefilería, en competencia con los Altos Hornos de Bilbao.
Viviendo en Torrelavega, hacía el recorrido desde esta ciudad hasta la fábrica, a bordo de un carruaje tirado por jacas, una de las cuales fue emblema anagrámico de su empresa. En 1899 creó los Altos Hornos de Nueva Montaña que, después de su muerte se fusionó asociativamente con la trefilería de Los Corrales.
Su vinculación con Torrelavega fue siempre muy intensa. Juez de Paz y Juez municipal suplente, concejal en tiempos de Isabel II y senador maurista, amigo del escritor polanquino José María de Pereda.
Tanto el historiador local José Izaguirre Cobo (“22 calles de Torrelavega” – Torrelavega 1999) como el académico José Ramón Saiz Fernández (“Semblanzas torrelaveguenses. Siglo XIX” – Santander 2011) se han ocupado de glosar la biografía de este “emprendedor”, como se le definiría actualmente aunque el apelativo no es nuevo. Fundamentalmente, Ramón Bustamante Quijano lo hizo in extenso en su “Biografía de José María Quijano. Vida y Obra de un Hidalgo emprendedor” – Santander 1986.
Sirvan estas pequeñas líneas para recordar a este empresario, creador de un emporio industrial, una de las grandes empresas instaladas en el siglo XIX en nuestra Región. Y lo hacemos con el motivo que enmarca nuestro escrito, es decir, el centenario de su fallecimiento en Santander.