Por MANUEL BARTOLOME GARCIA
Acabo de ver en las cadenas televisivas de toda España, el escandaloso robo –diremos en principio la escandalosa desaparación – del códice calixtino que se custodiaba en la catedral de Santiago de Compostela.
Con motivo del Año Santo Compostelano de 2004, tuve la gran oportunidad, junto a mi amigo japonés, el profesor Masubuchi, de ver y palpar el original códice que únicamente se enseña a contadísimas personas. De hecho, la catedral de Santiago y en especial el canónigo catedralicio don José María Díaz Fernández, tiene a disposición de los estudiosos, ya se trate de investigadores o alumnos, un ejemplar facsímil sobre el que trabajar.
Fue una oportunidad de oro debida al interés mostrado por el profesor Masubuchi y mis gestiones cerca de don José María, lo que propició que el día 8 de septiembre de 2004, y por qué no decirlo, la buena acogida prestada por el canónigo ante mi insistencia y muy especialmente, por la personalidad internacional de mi amigo SeishiroMasubuchi pudimos acceder a sus bellamente ilustradas páginas.
Los pormenores de las pesquisas, gestiones y resultado óptimo de las mismas, las he dejado recogidas en un capítulo específico de mi libro BITÁCORA (Torrelavega 2007). Lamento enormemente esta sustracción o, como digo al principio, esta desaparición cuyo valor material es incalculable, amén de su condición de ejemplar único e irrepetible, salvo los facsímiles que de él se hayan confeccionado.
No deja de ser sorprendente que, según palabras del propio don José María, sólo tres personas, incluido él, tenían acceso a la sancta sanctorum donde se custodiaba esta joya. Todo el mundo cultural e intelectual conoce la importancia de este documento escrito por el monje AimericPicaud y bendecido por el Papa Calixto II, del que toma el nombre.
He de esperar que las eficaces indagaciones de nuestra policía den con el paradero de una joya que, según hemos podido conocer, rondaría los mil millones de pesetas (ni antiguas ni modernas: pesetas) aunque este dato no es tan relevante, en nuestra opinión, como el hecho escandaloso de su desaparición, habida cuenta del celo que don José María y demás colaboradores han mostrado siempre en su custodia.
Hago votos por el buen resultado del trabajo policial, pues, en lo que a mí respecta, representa uno de los mayores logros obtenidos en el ámbito de mis viajes culturales.
Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA.- Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores y del Centro de Estudios Montañeses