Ya lo decía Felipe II

Por MANUEL BARTOLOME GARCIA

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Uno, que es muy aficionado a las frases célebres – fueron las glosas sobre tales aforismos,  nuestros primeros trabajos literarios hace ya muchos años – tiene estos días un runrún que le recuerda algo que se atribuye a nuestro rey de las Españas y sus posesiones en todo aquel mundo donde no se ponía el sol.

Al margen del controvertido carácter o las discutidas y discutibles actuaciones en muchos ámbitos de su reinado, análisis que no tuvieron casi nunca en cuenta las circunstancias de la época, uno sí acepta las visiones universales del imperio que le tocó gobernar. Porque aquello de la mala prensa originada por el malintencionado manifiesto de Guillermo el Taciturno, manifiesto que dio origen a la leyenda negra, no fue muy sustentado en hechos reales.

Por ésta y otras causas, tal vez consciente del enorme peso de la púrpura,Felipe II se dio cuenta de lo que se le podría venir encima a su sucesor, el que debería llamarse Felipe III.

Este príncipe, de carácter poco aficionado a las cuestiones de Estado y más bien proclive al dolcefarniente de la  vida de la corte- hoy diríamos que fue un niño mal criado – no poseía las condiciones que su padre hubiera pretendido para el sucesor. Y no le faltó visión de futuro al inspirador de El Escorial

En efecto,en los últimos tiempos de su reinado, el pesimismo sobre el porvenir del imperio, se puso tan evidente en el entorno del rey prudente, que éste manifestaba una y otra vez, en relación con su hijo y heredero : “Dios, que me ha dado tantos reinos, me ha negado un hijo  capaz de gobernarlos” para más adelante, ratificar su pesimismo con aquello de “temo que me lo gobiernen”.

Pero sí tuvo el sucesor la manía, decisión o intención de cambiar (¿a peor?) muchas de las políticas emanadas de su padre.

A este tenor, podríamos añadir lo que el valido del propio heredero, Felipe III, dijo en relación con su sucesor; estamos citando al Marqués de Denia y Duque de Lerma – que también se las traía en estos negocios del gobierno – en relación con su propio hijo y heredero, duque de Uceda : “Yo me marcho y vos lo echaréis todo a perder”

En fin, caro lector, la Historia es una gran maestra.  Y de ella debemos sacar conclusiones y, lo que ya es más difícil, aplicarlas; aunque el ejemplo expuesto tenga varios  siglos de vigencia. Sin embargo, también hemos de constatar que aquella se puede repetir de forma contumaz en la vida política  siglos más acá, en nuestra contemporaneidad.

Aviso a navegantes. La Historia hay que tenerla siempre muy presente; de lo contrario, habría que darle la razón a nuestro progenitor: “algunos – navegantes o tripulantes, políticos en fin – todo lo escuajaringan.”

Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA.- Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores


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