Por JOSÉ RAMÓN SAIZ
Hoy comienza una nueva etapa de España pero los problemas son tan graves como ayer. A estas horas del lunes ya conocemos los resultados electorales que ha ofrecido la voluntad ciudadana, que en el momento de escribir este artículo desconozco en su detalle, aunque intuyo como la gran mayoría de ciudadanos por donde discurrirá en apenas un mes la vida política nacional. En todo caso, la composición de la Cámara Baja no debe modificar lo que pensamos sobre la necesidad de articular una política nacional que responda más a intereses de ciudadanía que de partido, tal y como ha expresado en la campaña el presidente de facto.
Los hechos vienen demostrando que para hacer frente a la crisis no hay suficiente con que los Parlamentos aprueben las reformas legislativas y presupuestarias que sean necesarias. Gobernar desde una mayoría no le sirvió de nada ni a Berlusconi ni a Papandreu; ni ha sido una fórmula válida para Portugal, ni es una solución para España a partir de los últimos días de este año. Afortunadamente, ésta ha venido siendo una sólida idea del señor Rajoy, consciente de que si bien las mayorías absolutas de partido dan satisfacción a los militantes, no son las más convenientes para plantar cara a una compleja crisis como la que padecemos. Zapatero termina su mandato sin intentar siquiera una fórmula al estilo de los Pactos de la Moncloa y lo ha pagado. Sin pacto, todo será más difícil.
Las medidas que se apliquen comenzado 2012 deben llegar a la base social que tiene que comprenderlas y aceptarlas. Y, por esto, los acuerdos han de ir más allá de lo que define una mayoría absoluta en las dos Cámaras. La oposición también se debe sumar; ahora, en los próximos años, ayudando a gobernar desde fuera del Gobierno con actitudes y comportamientos que pongan de manifiesto su sentido de Estado y su compromiso con la gobernabilidad del país al que pretenden servir.
Hoy como ayer tenemos que pensar que, sin duda, vamos a salir de esta crisis cuyas soluciones estarán más cerca en el tiempo si los gobernantes actúan bien, aun siendo conscientes de que no será pasado mañana. Como también tenemos que ser conscientes que después de esta crisis, las cosas ya no pueden ser como hace varios años. El exceso, el despilfarro, el más y más, la ligereza, el compromiso traicionado o la vulneración de principios éticos, etc., todo eso no puede volver. Pensamos que por nuevos caminos alcanzaremos una sociedad más responsable, más consciente y más equilibrada. Con un futuro más seguro que el que ahora tenemos, y que sobre todo tienen las generaciones jóvenes, víctimas del desenfreno general de los últimos años y que, de un modo u otro, es culpa de casi todo el mundo.
Tenemos que convenir que tras la demostración cívica de ayer, España está más fuerte políticamente que los países que en estas semanas han acudido a soluciones de gobiernos tecnócratas. Se ha querido asentar la idea de que la política deja paso a la tecnocracia, apelando a que el fracaso político hace aparecer el gobierno de la tecnocracia como solución. Pero lo que no se destaca es que el origen de todo es la necesidad de gobiernos de amplísimo apoyo; es decir, la necesidad de pactar entre muchos porque no hay suficiente con mayorías aritméticas aunque sean absolutas. Lo que hace falta hacer es tan complicado que requiere de pactos de amplio espectro. Los tecnócratas, en estas situaciones, representan la excusa para dar paso a estos pactos.
Aceptando que marcar y cumplir los caminos para salir de la crisis no es cuestión fácil, sí tenemos claro que la filosofía debe ser otra, distinta a la imperante hasta hoy. El nuevo presidente tiene que ser consciente de que no le faltarán las invectivas e, incluso, le alcanzará alguna piedra. Pero esto no sería definitivo. Este no es tiempo de miedosos ni vanidosos, que piensan no en el bien de la ciudadanía y a los que tarde o temprano se les ve el plumero. Estos son tiempos de personas con ideas y espíritu fuerte, que finalmente sean reconocidos por la gente y por la Historia.
No podemos negarnos la esperanza pero lo que nos queda va a ser duro. Europa ya no es la panacea que nos prometieron y va camino de convertirse en la séptima potencia del mundo porque está en retroceso frente a otras economías emergentes. Pero a pesar de su decaimiento, tiene fortaleza, tejido empresarial y, sobre todo, jóvenes preparados. Algunos, como los nuestros, se nos van a Alemania, pero no van a vendimiar, son ingenieros, profesionales cualificados, no peones como en los años sesenta.
Confiemos en que por la vía de gobernantes decididos y capaces de ver el interés general por encima del particular o partidista, las actuales circunstancias excepcionales se superarán para volver a coger el camino del progreso, el bienestar y la mejora cívica y ética que anhelamos.
José Ramón Saiz es escritor y Doctor en Periodismo.