Canicucas, Renzo Piano y la participación ciudadana.

Por Pilar de la Hera

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Tengo otro amigo que no es el de Liebana que es un libro abierto viviente. Gran conversador me cuenta y cuenta historias y en todas encuentro algún fundamento. Hablábamos el otro día del edificio Botín y de su ubicación. Conversábamos sobre el pundonoroso movimiento ciudadano  de respuesta que se ha producido estos meses contra el lugar elegido. Hablábamos de Renzo Piano y sobre todo hablábamos de Santander. Decía  mi amigo, con mucha razón a mi juicio,  que desde que pisó esta ciudad su autor,  el Proyecto de Renzo Piano ha tenido una influencia capital que no ha venido dada por el cliente,   la fundación Botín, ni por la  bahía.  Renzo Piano desde que visitó Santander ha sentido  atracción por el Club marítimo. Así, se demuestra con los dos proyectos presentados, ambos colgados de la bahía como el marítimo. Aún teniendo espacio, y más en esta segunda ubicación para retranquearse, no lo ha hecho y obsesivamente su proyecto pende sobre el mar, como lo hace el club marítimo. Esta es suficiente razón para rememorar el origen y la historia de este edificio completamente emblemático y distintivo de Santander. La del marítimo es también la historia de Canicucas. Canicucas, hombre de pequeño tamaño, fue alcalde de Santander, y ha pasado a la historia con tal nombre porque cuando fue a explicar  a un grupo de pescadoras de Santander un proyecto para la ciudad que no les gustaba, una de ellas se le enfrentó y le dijo ¡Ya esta bien, cállate Canicucas! Y con ese nombre se quedó. Lo que indica que en nuestra ciudad siempre ha habido participación ciudadana, aunque no siempre sea tan educada como los ciudadanos del Santander de hoy,  que se han opuesto a la ubicación del Centro Botín pacífica y valientemente, sin insultar, mediante ideas y propuestas. Y no ha sido fácil porque hemos perdido esta buena costumbre de implicarnos en lo público. Ni uno solo de los opositores les ha llamado nada,  ni a representantes de la Fundación, ni al Presidente del banco, ni al alcalde de la ciudad. No sé qué hubiera pasado en 1933. Pues bien, bajo el mandato del célebre Canicucas, el Club marítimo se ubicaba en  línea con la actual situación, pero más cerca del embarcadero de  las lanchas. El edificio, a pesar de ser ya club,  era una gabarra de madera, sin la menor pretensión. Corría 1933 cuando visitó Santander D. Niceto Alcalá Zamora y quiso el hombre darse una vuelta por el club marítimo. No contaba con los briosos y rubicundos convecinos de Canicucas. Se le dijo lisa y llanamente que no. No era bien recibido. Esa noche, la gabarra, sede del club marítimo ardió y se destruyó por completo. Fue entonces cuando el Alcalde convocó un concurso, al que se presentaron dos proyectos de dos arquitectos santanderinos: Gonzalo Bringas y Deogracias Lastra. Finalmente, le fue adjudicado a Bringas, aun cuando el proyecto ejecutado tomó muchísimas ideas del presentado por Lastra. El resultado final fue el sobrio y elegante edificio del actual Club marítimo que tanto ha cautivado a Renzo Piano. El proyecto del edificio sede de la fundación Botín, presentado estos últimos días, ha mejorado notablemente  el inicial, aun cuando necesita mejorar más, fundamentalmente en su ubicación. Y ha mejorado gracias a muchos arquitectos de esta ciudad y de fuera que han participado aportando ideas. También ha sido importantísima la movilización de la plataforma, que lo ha hecho sin ningún ánimo de lucro o beneficio personal. Estaban convencidos de que mejoraban la ciudad con su implicación y su activismo. Evidentemente,  así ha sido. Se modifica ligeramente la situación, se soterra el tráfico, se reduce el volumen y se hace un auditórium que hace plaza. Todas las reformas que se hagan en este sentido  van en beneficio de Santander, lo que nos debería hacer pensar sobre la importancia de luchar por lo que es de todos. También, tengo que decir que el arquitecto Renzo Piano ha sido receptivo y sensible a las criticas y debe seguirlo siendo, al igual que la fundación Botín. A la larga, es mejor para todos. Creo,  además que Renzo Piano estará feliz, porque el futuro edificio no debe perder  su relación con el Club marítimo lo que le dota de esa justificación que tanto gusta a los arquitectos y nos hace recordar de nuevo a aquel Alcalde que sin saberlo con su decisión vuelve  casi ochenta años después a hacer historia.

Pilar de la Hera Jaudenes
Abogada y Presidenta de la Unión


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