Toño Odriozola y su gran idea del teleférico de Fuente Dé

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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En uno de estos días de enero de hace ya un cuarto de siglo, murió de manera inesperada José Antonio Odriozola Calvo. Ha pasado mucho tiempo para que se recuerde viva en la memoria la impresionante biografía de esta gran personalidad (Santander 1925) que desde muy joven se entregó por vocación y amor a la tierra lebaniega de su madre natural de Espinama, y de su esposa Araceli Alonso, de Cosgaya. Aquel aciago 22 de enero de 1987, perdió Liébana y Cantabria a un hombre dotado de extraordinaria inteligencia que contaba los días que le faltaban para su jubilación, dispuesto como estaba a dedicar todo su tiempo a la tierra lebaniega y a los Picos de Europa que tan profundamente amó y que llegó a conocer con total precisión.  

Doctor Ingeniero Industrial en 1951, Premio Extraordinario por la Universidad de Valladolid, escribir de José Antonio Odriozola Calvo -Toño Odriozola para sus amigos de dentro y fuera de Liébana-, representa evocar a un ingeniero y montañero que amó hasta lo infinito a la tierra lebaniega y a sus Picos de Europa. A pesar de ser el principal promotor del desarrollo de  Liébana con su gran idea del teleférico –contaba con la  inteligencia natural de un visionario – el país lebaniego no ha tenido hacia él y cuanto representó, el agradecimiento que su personalidad se merecía.

Desde mi llegada a Madrid en 1971 -por indicación de Florencio de la Lama Bulnes, entonces director de Hoja del Lunes- contacté con Toño Odriozola cuando ya ostentaba la presidencia de la Federación Española de Montañismo (1970-1981), en cuya sede oficial de Argüelles, como en su domicilio familiar de la calle Esproncenda, le visitaba con alguna frecuencia; encuentros en los que siempre me fascinó su inteligencia y visión de futuro. No es necesario que insista que Odriozola era un hombre brillante e inteligente, pasional por la actividad montañera y enamorado sobre todo de la región lebaniega y de los Picos de Europa que conocía al detalle.

Esa inteligencia y pasión la demostró en 1962 –hace ahora medio siglo- cuando elaboró la memoria definitiva de su gran idea: la construcción del teleférico de Fuente Dé para acceder en unos minutos al corazón de los picos, ambiciosa idea que al llevarse a cabo por el entonces presidente de la Diputación Provincial, Pedro Escalante Huidobro,  ha representado desde finales de los años sesenta la transformación de la vida social y económica de la comarca lebaniega. Todas sus ideas sobre este gran proyecto quedaron plasmados en un documento que presentó a las autoridades lebaniegas con el título “Consideraciones para la instalación de un teleférico en Fuente Dé”. En el preámbulo de este estudio –cuya copia me entregó su viuda, Araceli Alonso-  afirmaba Toño Odriozola que teniendo Liébana un turismo relativamente muy escaso en cantidad, a todas las bellezas que encerraba había que añadir nuevas y ambiciosas ideas conducentes a canalizar una mayor corriente turística. 

Este trabajo técnico venía a resumir todas las ideas de Odriozola para el desarrollo lebaniego en torno a un logro que consideraba trascendente: construir un teleférico y abrir la vía a Picos por la parte lebaniega y no por la asturiana.  De  veinte páginas mecanografiadas y una serie de mapas, el estudio  proponía la ubicación y su itinerario del teleférico hasta su estación superior del Balcón del Cable, propuestas que fueron aplicadas en todo su detalle. Quienes hemos tenido acceso desde hace años a este documento póstumo de Toño Odriozola, se comprueba que lo que el gran ingeniero lebaniego –toda una autoridad montañera a nivel internacional- observó desde la lejana atalaya de los inicios de la década de los sesenta para Liébana, se ha cumplido con creces.

Cuando aun no se habían puesto las bases para el desarrollo del turismo en Cantabria, él aportó lo más difícil –las ideas - que definen a las personas geniales: una propuesta de viabilidad de un teleférico en Fuente Dé. Era el año 1962. Desde entonces Liébana ya no es la misma, afortunadamente, porque salió del subdesarrollo para acceder con anticipación a nuevas formas de vida –el turismo- anticipándose en definir la entrada y salida natural de los Picos. En su primer año de funcionamiento las dos cabinas con capacidad para siete personas cada una, subieron un total de cincuenta mil pasajeros.

Toño Odriozola fue siempre un torbellino de inquietudes y proyectos. Desde mi perspectiva, ha sido una de las personas más inteligentes que he conocido, de ahí que de tiempo en tiempo le recuerde para evocar su creadora personalidad que significa un lamento profundo al considerar que con su muerte Liébana perdió a una persona que en su segunda edad –digo bien, porque su aspecto físico era impresionante- con toda seguridad habría aportado nuevas y originales ideas para los lebaniegos y para Cantabria en general. Para comprender su proyección y trascendencia económico-social, hay que detenerse en esta idea del teleférico y preguntarnos cuántas proyectos de esta dimensión y generadores de tanto desarrollo se han impulsado en el último medio siglo.

La visión de Toño Odriozola no se centró exclusivamente en observar con décadas de antelación por donde se abría una puerta de impulso económico a la comarca, sino también en recomendaciones que no eran entonces muy de uso. Así, en su estudio aconsejaba que las instalaciones y cables fueran lo menos visibles al objeto de no alterar el paisaje, eludiéndose los entramados metálicos y las estaciones terminales de hormigón; en definitiva, recomendaba “no meter” la civilización en los Picos con construcciones demasiado visibles desde las cimas.  

Además de estos pilares para ordenar el progreso de la comarca lebaniega, Odriozola acompañaba otras iniciativas: desde  el montaje de telesquís en Áliva y Lloroza, líneas de energía eléctrica, repoblaciones fluviales, máquinas quita-nieves y mejora de comunicaciones, hasta la instalación de un camping y la revalorización del Refugio de Áliva, estimando que con el paso de los años todo el recorrido de Ojedo a Fuente Dé estaría marcado por la existencia de pequeños hoteles y posadas.

Fue el montañismo su otra gran vocación, realizando ascensiones y recorridos por las más características montañas del mundo, pero "su montaña" que conocía como nadie, eran los Picos de Europa, en los que en las décadas cuarenta y cincuenta llevó a cabo escaladas en paredes que se consideraban inaccesibles. Odriozola estaba convencido que Liébana era la puerta natural de entrada a picos y en su estudio defendía que esta situación de privilegio debía explotarse al máximo con una ordenación racional de las posibilidades naturales que encerraba el espacio Fuente Dé-Lloroza-Aliva.  

En el montañismo español e internacional fue una autoridad respetada por sus conocimientos y en sus visitas constantes a picos comprobé cómo llevaba un cuaderno de campo en el que anotaba minuciosamente las vicisitudes y datos de sus marchas. Sus estudios publicados sobre los tres macizos son todavía la mejor guía para los que se adentran en sus fragosidades. En esa entrega a la promoción y conservación de los Picos de Europa fue una constante sus esfuerzos a recuperar la toponimia que se estaba perdiendo y que alumbró en un magnífico libro, revisión de la cartografía y actualizar la altitud exacta de las cumbres de picos, para cuyos trabajos tenía la preparación adecuada como ingeniero, alpinista y cartógrafo.

De la grandeza de su idea que formaba parte de muchos de sus sueños personales, todas las propuestas que Toño Odriozola expuso en su informe se han cumplido. El paso del tiempo y los logros alcanzados, nos ofrecen una aproximación a su  fructífera agudeza: 1). Estudio de las posibilidades del circuito turístico-religioso-arqueológico de Lebeña-Santo Toribio-Piasca; 2). Acondicionamiento del camino a Fuente Dé; 3). Instalación de un teleférico entre Fuente Dé y el Cable, sobre el que se apoyaría toda la ordenación turística de Liébana y 4). Construcción de un Parador en Fuente Dé. 

         Cincuenta  años de su informe visionario sobre Liébana con la idea del teleférico y veinticinco de su muerte, a los amigos –pero también a los cántabros y lebaniegos que no le conocieron y cuya memoria se les escapa- nos corresponde reivindicar sus aportaciones y pasiones. Todo un ejemplo de lebaniego y cántabro cuya muerte truncó otros horizontes de inteligencia para la tierra de sus amores.

 

 

*Escritor. Doctor en Periodismo.

 

 

 

 

 

 


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