Por PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA
Cuando entran en su recta final los actos programados por la comisión para la conmemoración del II Centenario de la Constitución de 1812, efeméride que contará con la Presidencia de Honor de los Reyes de España, procede y mucho hacer mención al protagonismo de un cántabro en aquellos hechos y época tan complicada como trascendental de la Historia de España.
Pedro Cevallos Guerra, ilustre político de las dos primeras décadas de siglo XIX, natural de San Felices de Buelna y que mereció la confianza de cuatro Reyes de España, con fecha de
Aún habiendo pertenecido a gobiernos absolutistas como Primer Secretario de Estado y del Despacho (Primer Ministro), Pedro Cevallos Guerra era un jurista extraordinario (Cuando estaba finalizando la carrera de derecho en Valladolid ya suplía a los profesores en sus ausencias, pasando después a la Real Chancillería) y prueba evidente de su visión de futuro, como también que no detestaba en aquellos tiempos tan complicados y difíciles unas Leyes Fundamentales del Estado que aglutinara a todos los españoles, lo corrobora el hecho de que al fallecer entre los documentos hallados en las cuarenta y tres carpetas de su archivo particular había dos proyectos de Constitución, uno de 1823 (último año del Trienio Liberal) y un manuscrito con el epígrafe “Idea de una nueva Constitución para España”, posiblemente relativo a la Constitución de
Para entonces (febrero de 1812) ya había pasado por el confinamiento en Bayona junto a Fernando VII, a quien mucho insistió el cántabro para que no acudiera allí por sospechar que era una trampa urdida por Napoleón Bonaparte para apresarle, como así resultó. En esos durísimos momentos Pedro Cevallos Guerra se enfrentó al emperador francés (entonces auténtico dominador de Europa), cara a cara, en defensa de su Rey y de España. Después lograría evadirse de Bayona aceptando un cargo en el gobierno de José Bonaparte para conseguirlo, cargo que abandonó a los pocos días. El día
Además, este valiente cántabro embarcó a comienzos de 1809 con destino a Inglaterra, dado el notable desequilibrio de fuerzas en favor de Francia en los principios de la Guerra de la Independencia, consiguiendo con sus habilidades diplomáticas de aquel gobierno tanto un fuerte préstamo en dinero como el envío a España de armamento y uniformes. De
Político de altura donde los haya habido (hubiera brillado bastante más de no coincidir con una monarquía muy mediocre y momentos de los más aciagos de la Historia de España), no podía ser de otra forma el trato excelente que tuvo en todo momento para con su tierra y sus gentes. Si el
En el ejercicio de su cargo de Primer Ministro fue protector de algunos cántabros, consiguiendo para ellos el cargo de cónsules en otros países. Un caso digno de mencionar es el de Fernando de la Serna Santander, natural de Colindres y perteneciente a una familia noble de esta localidad cántabra. Hasta tal punto le apreciaba que estando en la Isla de León (Cádiz) refugiado con el gobierno legal de España, hizo un poder a su favor para que pudiera disponer de todos sus bienes en Madrid.
Venía siendo tónica habitual en los distintos Gobiernos de España que cuando cesaba en sus funciones el Primer Secretario de Estado y del Despacho (Primer Ministro), pasaba a sustituirle el oficial mayor de dicho departamento. Cuando fue sustituido Mariano Luis de Urquijo (que lo estaba con carácter de interinidad) este cargo le ocupaba José García de León y Pizarro. Al considerar truncadas sus viejas y muy anheladas aspiraciones de promoción ante el nombramiento de Pedro Cevallos Guerra e intuyendo que éste nombraría como oficial mayor a Fernando de la Serna Santander, pasó a combatir al nuevo ministro con escritos muy furibundos. Pero Cevallos, muy inteligente siempre y esperando mejor ocasión para su paisano, consiguió que se le nombrase el día
A punto de finalizar el siglo XVIII brillaba en Santander por sus dotes pictóricas un joven llamado José Madrazo. El entonces Conde de Villafuertes, Procurador Síndico del Ayuntamiento de Santander y Prior del Real Consulado, Manuel Francisco de Cevallos Guerra, hermano del ministro Pedro Cevallos, era protector del joven que se proyectaba como el gran pintor neoclásico que llegó a ser. Desde sus cargos tan influyentes en Santander, y en este caso del de director de la Real Sociedad Cantábrica, le consiguió una beca para que pudiera estudiar junto al famoso pintor Jacques Louis David en París. Cuando el estudiante cántabro emprendió su viaje a la capital de Francia se alojó en Madrid en casa del entonces Consejero de Hacienda, Pedro Cevallos Guerra.
Tan ilustre ministro cántabro trató con personajes muy conocidos de la Guerra de la Independencia, como fueron el propio Napoleón Bonaparte; Pedro Velarde Santiyán, quizás con motivo de su nombramiento de secretario de la junta Superior de Artillería; y el mariscal Murat, Gran Duque de Berg, que ordenó disparar a la población de Madrid, legítimamente sublevada contra el invasor. Lo mismo que a Manuel Godoy, José I Bonaparte, Gravina, Goya, Madrazo, Agustina de Aragón…, así como reyes de otras naciones donde fue embajador. Uno de sus hechos notables a nivel internacional fue el de haber sido el autor de la declaración de guerra a Inglaterra el día
Pedro Cevallos Guerra gozó de la confianza plena de cuatro Reyes de España; de la Junta Central Suprema y Gubernativa y del Consejo de Regencia. Durante su dilatada vida política fue Primer Ministro de
Tuvo las distinciones de Gentilhombre de Cámara con ejercicio, Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, Prócer del Reino, y la más alta concedida por el Rey de España: El Toisón de Oro.
Entre sus varios gestos de generosidad estuvo el legado de una fundación para la enseñanza de los niños pobres de San Felices de Buelna, la cual permaneció como tal durante más de un siglo.
*MIEMBRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS MONTAÑESES Y DE LA SOCIEDAD CÁNTABRA DE ESCRITORES