Por MANUEL BARTOLOME GARCIA
Hay que echar mano al romancero viejo, para encabezar esta nota sobre la pesadilla que supone para los españoles, esa campaña guiñolesca que se ha orquestado en contra de los deportistas de nuestro País. Las grotescas imágenes que dicen ser humorísticas han venido a convulsionar el mundo deportivo español. Faltaba esa sentencia tan demorada, pienso que deliberadamente, contra Alberto Contador, para que una cadena televisiva francesa arremeta contra nuestros deportistas, metiendo en el mismo saco a todos aquellos campeones que se pasean por el mundo elevando sus trofeos al aire.
Ante situaciones como la que comentamos, solía decir mi abuelo: “jodía envidia”. He de confesar que yo también envidio a los galos. Y no es envidia sana, porque no creo en esa dicotomía de buena/mala calificación: la envidia está siempre teñida de verdeamarillo. Envidio ese chauvinismo que tienen los del otro lado de los Pirineos, el énfasis que ponen cuando hablan de “La Grandeur”; envidio cómo se les llena la boca cuando hablan de su tierra. Envidio la parafernalia que han montado siempre en torno a sus vinos, especialmente con eso de los “chateaux”.
Y claro, cuando, en el terreno deportivo, tienen que levantar la mano de algún español en los Campos Elíseos o en Roland Garros, no me extraña que se les ponga el rostro de ese color que he definido más arriba: verdeamarillo de envidia. Qué casualidad que, al poco tiempo de aparecer una guiñolesca ,burda y mala imagen de nuestro campeón de campeones, Rafa Nadal, le han visitado al manacorí a las 8.30 de la mañana, los temibles “sacahuntos”; casualidad, posiblemente.
Ahora que nuestros deportistas de futbol-sala han ganado el campeonato de Europa ante Rusia (partido emocionante) estarán estos muchachos temiendo dos cosas: las mofas guiñolescas de la cadena gala, especialista en estas burlas malintencionadas y la visita a cualquier hora, más bien a deshora, de los sacahuntos, sacamantecas, émulos del vampirismo draculiano de Pensilvania, en busca de algún resto de sustancia nociva, estimulante o dopante, aunque su análisis diera el cero, coma, ocho ceros con 1 de algo.
Porque “calumnia, que algo queda” es un lema que tiene efectividad. Han conseguido (¿lo buscaban?) que en todo el mundo se hagan eco de estas circunstancias que rodean a los deportistas españoles. Y como protestamos de forma oficial, seguirán con el “chincha, chincha” hasta el próximo Roland Garros donde mediremos con un aplausómetro el tiempo que dedican a palmear los tantos de nuestro Nadal, en contraposición a su compañero del otro lado de la red. Qué le vamos a hacer. Será el peso de la púrpura.
Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA.- Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores y del Centro de Estudios Montañeses.