Un siglo del nacimiento de Sixto Obrador, introductor de la neurocirugía científica

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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Ha escrito Castilla del Pino que Sixto Obrador Alcalde tiene el gran mérito de ser el introductor de la neurocirugía en España y uno de los médicos más importantes de la posguerra hasta su muerte, en Madrid, se cumple ahora un cuarto de siglo. Nacido en la desaparecida calle del Puente, de Santander, el 16 de noviembre de 1911, su padre fue un empleado del Ferrocarril de la Costa, con destino durante un tiempo en Ampuero y, por parte de madre, vinculado a Reocín; lugares en los que se reparte la niñez -junto a los viejos trenes de vapor- de quién con el tiempo pasaría a ser uno de los gigantes de la medicina española.

Recuerdo que uno de mis primeros artículos en Alerta fue para glosar la personalidad de este cántabro poco tiempo después de su muerte, en 1978, a los sesenta y seis años, cuando aún don Sixto Obrador estaba llamado a aportar muchos de sus conocimientos a la neurocirugía, una especialidad moderna que él introdujo en España. Comenzó a estudiar en los Agustinos, para incorporarse finalmente al nuevo Colegio Cántabro, inaugurado en 1924. Tres años después, el joven Obrador ya está instalado en una pensión en la zona de Delicias y Embajadores, en Madrid, donde va a poner en marcha sus sueños eilusiones de convertirse en médico investigador. Cuenta entonces dieciséis años y la carrera va a discurrir con normalidad, sin sobresaltos en las notas, lograndocon veintiún años el título de Medicina.

No tuvo prisa el joven Obrador para ejercer la profesión por la que sintió una irrefrenable pasión; su intención fue seguir formándose y tras un paso breve por el Hospital de San Rafael –hoy sede del Parlamento de Cantabria-, se traslada a Madrid donde visita con frecuencia la biblioteca del Instituto Cajal, lugar de gran simbolismo para Obrador, en el que tratará a don Santiago Ramón y Cajal. En 1933 se incorpora al Hospital Valdecilla, inaugurado cuatro años antes, que entonces dirigía don Wenceslao López Albo. Solicitó acudir al Servicio de Neurología y Psiquiatría, encomendado al doctor Aldama, con quien se formaron importantes psiquiatras españoles. Eran tiempos en los que esta especialidad se movía más en el plano de lo teórico que en lo práctico, y a esto último se va a dedicar, en esta primera etapa, el doctor Obrador, que busca la raíz de los trastornos psíquicos en la alteración del cerebropara llegar a la neurofisiología.

Un momento clave en la vida de Sixto Obrador se produce cuando el doctor Pío del Río Hortega, que tanto contribuyó a dar a conocer en el exterior la obra de Cajal, le insinuó su dedicación a la neurocirugía (1). En un artículo de Obrador, en 1965, en la Revista Española de Oncología, lo evoca así:

“Recuerdo que en una ocasión le pregunte a don Pío por que el material de tumores cerebrales provenía casi en su totalidad de París y por que no existían neurocirujanos en España. Su respuesta fue contundente y me dijo que era necesaria la especialización en este campo. Al insistir sobre este tema él me dijo: ¿Por qué no se dedica usted a esto?.”.

En la órbita de Jiménez Díaz –su maestro en la Clínica Médica-y al amparo de la Escuela de Cajal, Obrador que para entonces ha culminado sus estudios de doctorado, fija su mirada en Oxford para hacer realidad una idea muy meditada: combinar la práctica médica con la investigación, si bien antes de llegar a la prestigiosa universidad hará una escala de unos meses en Alemania, donde ya estaba en pleno desarrollo la neurocirugía. Instalado en Oxford y en contacto con los mejores investigadores, bajo la dirección de Charles Scott Sherrington, Premio Nobel de Medicina, el doctor Obrador que cuenta con veinticinco años, logró una importante beca, ampliable a Estados Unidos, que se vio anulada tras el inicio de la guerra civil. Para entonces, ya no hay fronteras en sus inquietudes y se traslada a varias clínicas americanas y a Canadá, para residir durante un tiempo en Méjico–ya había contraído matrimonio en Inglaterra- al suspenderse las actividades en Oxford por causas de la II guerra mundial.

Fue en 1945 cuando Obrador decide regresar a España para trabajar con don CarlosJiménez Díaz, el prestigioso catedrático de medicina interna de la Universidad Central, con quién había mantenido una abundante correspondencia en los años de Méjico. Ya en Madrid va a participar en la fundación del Instituto de Neurocirugía, que va a ser el gran vivero de los especialistas que van a realizar la mayoría de las intervenciones más novedosas de España y, en parte, de Europa. Son tiempos en los que la personalidad de Obrador crece y se agiganta;va creando escuela y comienza a tener influencia en el régimen político en cuanto a lograr más fondos públicos para el desarrollo de la neurocirugía, tiempo en el que Obrador comienza a escribir libros y colaborar en las revistas especializadas más prestigiosas.

El medico cántabro va a estar ligado entre los años que van de 1947 hasta su muerte, en 1978, con los centros hospitalarios más importantes, creando y potenciandolos servicios de Neurocirugía de la Clínica Nacional del Trabajo, Hospital de la Princesa, el Gran Hospital, Instituto Nacional del Cáncer, Clínica de la Concepción, Centro Nacional de Especialidades Quirúrgicas y, finalmente, entre 1965 y 1974, el emblemático Hospital de La Paz y, entre este año y 1978, en el gran Centro Ramón y Cajal, en pleno desarrollo de la Seguridad Social en España y para el que contará, igualmente, con el decidido apoyo del entonces ministro de Trabajo, Licinio de laFuente.En La Paz promueve su gran apuesta para crear un gran servicio de Neurocirugia -de vanguardia en Europa- que contó con un colaborador excepcional, también fallecido, el doctor Guillermo Dierssen.El prestigio internacional de Obrador le proporcionó que la primera operación quirúrgicaen La Paz fuera obra suya.

Los años setenta representan la culminación de su obra investigadora y médica al presidir en Madrid el III Congreso Europeo de Neurocirugía. Son tiempos en los que contrasta su espíritu liberal por formación con un talante autoritario por temperamento, a juicio de sus biógrafos que le conocieron en el trato profesional cercano. Fue uno de los médicos de Franco en su larga agonía de octubre-noviembre de 1975 y puede afirmarse que hasta el último de sus días mantuvo su pasión por la medicina. Con su muerte prematura -contaba sesenta yseis años- la neurocirugía española perdió su científico e investigador que aún tenía mucho que aportar en el cénit de sus conocimientos y experiencias. Sin duda, un cántabro de honor y prestigio cuyo recuerdo evocamos en este aniversario de su desaparición.

 

(1). Gutiérrez Gómez, Diego e Izquierdo Rojo, José María, autores del libro El doctor Obrador en la Medicina de su tiempo, con prólogo de Carlos Castilla del Pino. Santander 1998. El doctor Izquierdo, catedrático de Neurocirugía, fue colaborador del doctor Obrador en el Hospital de La Paz.



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