Pablo Maestre (1917-2012), ejemplo de inteligencia comercial

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

Enviar a un amigo

 

Con la muerte, el día de Sábado Santo, de Pablo Maestre Escudero (1917) Torrelavega pierde uno de sus protagonistas más conocido y reconocido fuera de nuestras fronteras, sobre todo desde que un diario nacional, allá por los años setenta, le definió como el “anticuario de Torrelavega” por excelencia. Maestre había abierto en 1968 un establecimiento de antigüedades que con el paso del tiempo alcanzó un reconocimiento nacional, primero, en un local de la misma calle en la que se encontraba El Cosechero, una bodega riojana de su propiedad y con historia propia en la vida torrelaveguense,  hasta que en 1971 pasó a su actual ubicación de la calle Berta Perogordo, colindante con la Llama.

 

La vinculación de Pablo Maestre con Torrelavega arranca en 1953 cuando llegó procedente de su pueblo natal de Alcanadre (La Rioja). Con una inversión de cien mil pesetas de las de entonces, abrió en un local del Horno San José la bodega El Cosechero, en la calle de los Argumosa, en la que se encontraba en todo su auge el Teatro Principal, entonces uno de los cines más concurridos. Cinco años más tarde logró en la misma calle –donde se encontraba la Carbonería Urbina- otro local más amplio en el que reabrió la bodega que generaciones de torrelaveguenses y numerosos forasteros conocieron por sus ochenta relojes de pesa –algunos con cinco siglos de antigüedad- que adornaban sus paredes. Estábamos, pues, en un museo que era bodega riojana con nombre castizo.

 

A la vista de todos los visitantes, se encontraban colgados en las paredes los relojes de pesas, que los había de todo tipo, de los mayores tamaños y con los motivos más raros, con dibujos muy barrocos casi todos rococós. Su colección era casi única, definida por los expertos como “relojes campesinos de péndulo, con graciosos automatismos y cajas y esferas que son verdaderos monumentos de creación popular”. Podía afirmarse que entrar en la amplia bodega era como penetrar en una fiesta de relojes. Sonaban las horas casi al tiempo en los ochenta relojes, siendo tan largas como en una plaza de toros. Todos los relojes funcionaban y el momento cero de cada hora duraba varios minutos.

 

Pero, además, el visitante podía observar 102 teteras morunas (de cobre y latón con adornos); 80 herradas del Norte (calderas en forma de calabaza); 6 organillos en buen estado, buen número de braseros, dos docenas de almireces de los siglos XIV al XVI (para preparar el ajo), una alquitara de las que hacen el orujo y un sinnúmero de “cachivaches”. Esta era la rica decoración –única por su particularidad- de la bodega de El Cosechero de la calle del Principal. ¿Quién no recuerda esta bodega riojana, modelo no igualado entre las que existían en España?

 

Pablo Maestre fue, por tanto, un maestro en lo suyo. Con fino olfato de persona que apenas había logrado aprender las cuatro reglas en una infancia dura y difícil, tiró para adelante consciente de que podía triunfar en la hostelería, ofreciendo buen servicio y excelentes productos. Fue, incluso, innovador ya que instaló la cocina a la vista del público para que se observara por el cliente tanto la calidad del producto como la sapiencia profesional de sus empleados de cocina y, por supuesto, la limpieza de sus fogones. El Cosechero llegó a tener veintiún empleados fijos para atender a los numerosos clientes de barra y del restaurante, que contaba con cuarenta y cinco mesas en las que podían sentarse a una misma hora a unos ciento cincuenta comensales.

 

En el artículo sobre su visión en el campo de las antigüedades, se recogían las claves del éxito de Pablo Maestre en  haber sabido mantener la clase de anticuario, que unido a la seriedad y la corrección moderada de los precios, lo hace especialmente recomendable como lugar de visita”. Con un gran crédito profesional, por Antigüedades Maestre han pasado en estos años personalidades como la Infanta Pilar, hermana del Rey Juan Carlos; los ex-ministros Fernando María Castiella y Oriol y Urquijo –casados ambos con damas de la familia Quijano- Emilio Botín, padre; Álvaro Bustamante, marqués de Villatorre; el ex-vicepresidente y actual Presidente en funciones de Asturias, Francisco Álvarez Cascos, entre otros, además de significados catalanes vinculados a la aristocracia que veranea en Comillas. También contó con clientes muy acreditados de Cantabria como Elena Alonso de Hormaechea, José Antonio Rodríguez y Mario García-Oliva, por citar algunos nombres relevantes.

 

Finalmente, allá por los años noventa, Pablo Maestre abrió una galería de arte en la misma calle Berta Perogordo, teniendo numerosa obra de pintores conocidos y valorados como Quirós, Riancho, Raba, Salces, Camoyano, Sobrado, Gruber o los hermanos Calderón. Su contacto con la pintura y los artistas le aportó más sabiduría, que combinaba con una innata inteligencia comercial. Fue, además, una persona educada, considerada hacia los demás, con un don de gentes especial que sabía ejercer con estimada prudencia.

 

Con una historia realmente curiosa por sus duros inicios y su capacidad de iniciativa, de Pablo Maestre Escudero hay que destacar que fue una excelente persona. Conocido como el Cosechero por mantener abierta durante muchos años una bodega que lleva este nombre, destacó también por su discreción y su entrega a la familia. Casado con Balbi Alonso Vallejo,  tenía tres hijos, nietos y bisnietos. Ayer fue recordado por cientos de personas en un funeral oficiado en la parroquia de la Virgen Grande. 

 

* Escritor y Doctor en Periodismo. Académico C. de la Real Academia de la Historia.


Otros artículos de JOSÉ RAMÓN SAIZ

Nuestra encuesta encuesta
¿Crees necesario que aparezca un Beppe Grillo español?