Tres reformas y una moneda al aire
Por EMILIO CONTRERAS
El Gobierno ha apostado por tres reformas de fondo para salir de la crisis y a ellas ha unido su suerte.
La reforma financiera ha obligado a la banca a destinar este año 55.000 millones para tapar el agujero que le han causado sus préstamos al negocio inmobiliario. Tendrá que hacerlo con cargo a sus propios recursos y sin ninguna ayuda del Estado. Por esta razón, el sistema financiero dispondrá de menos dinero para prestar a las empresas. Y con menos crédito habrá menos crecimiento. El recorte presupuestario en 2012 lleva pareja una reducción del gasto público de 32.000 millones que dejarán de activar la economía del país. Finalmente, la reforma laboral facilitará el despido en empresas con problemas y el desempleo crecerá en los próximos meses.
La conclusión es evidente. A corto plazo estas medidas deprimirán más la economía española. Pero el Gobierno y los organismos internacionales que nos vigilan sostienen que fortalecerán a los bancos para que puedan prestar sin tener encima la espada de Damocles de los fallidos del negocio inmobiliario; sanearán las finanzas públicas desbordadas por el déficit de los últimos años, y acercarán nuestra legislación laboral a la del resto de los países europeos. Afirman que igual que la poda hiere al árbol pero le permite brotar luego con más fuerza, o algunos tratamientos causan sufrimiento al enfermo que luego cura, estas tres reformas son los únicos remedios que nos permitirán salir a medio plazo del agujero. Los dirigentes de la oposición y los sindicatos critican con insistencia el contenido de las dos últimas porque creen que nos hundirán aún más en la crisis, aunque sus alternativas económicas resultan tan imprecisas que no parecen ser tales.
La economía no es una ciencia exacta, y nadie puede determinar con certeza quién tiene razón. Lo que sí es cierto es que en el plazo de un año empezarán a verse los primeros resultados de estas reformas en uno u otro sentido. Se ha lanzado una moneda al aire y ya veremos de qué lado cae. El que se haya equivocado en sus cálculos habrá perdido toda su credibilidad y estará condenado a pasar muchos años en la oposición.