Galimatías cosmético

Por MANUEL BARTOLOME GARCIA

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 Cualquiera que sienta un poco de curiosidad o, simplemente, que no tenga cosa mejor que hacer, podría entrar en el laberíntico y proceloso mundo de la cosmética. No lo tiene muy lejos. Se requiere únicamente darse un garbeo por su propio cuarto de baño. Los franceses dirían por la “salle de bain”, que tiene más empaque, para tratar de descifrar los titulares o marcas de los productos de belleza. Mejor diríamos lo que nos venden como productos de belleza.

Si están ustedes al día en estos pormenores, sabrán de las virtudes de ese cactus llamado aloe vera que sirve para tonificar todo lo tonificable. También tendrán noticia de las virtudes de la baba de caracol para la eliminación de arrugas, que a ciertas gentes les traen por la calle de la amargura. No la baba de caracol, ni el serum, sino las arrugas que van apareciendo a medida que arrancamos páginas del calendario. Últimamente también se nos bombardea con eso del veneno de serpiente, para ciertos surcos de nuestra piel cada vez más numerosos.

El aloe vera se puede cultivar en casa, es de existencia “sostenible”, para emplear esa palabra que hemos robado a los políticos que no conocen de otros adjetivos. Pero si entramos a considerar lo de la baba de caracol, vemos que anda por la calle el rumor de que estos moluscos gasterópodos están desapareciendo de los prados y cunetas. Aunque somos de la opinión de que, quienes elaboran esas babas incrementando lo que los economistas nos ilustran con lo de “valor añadido”, tendrán organizada alguna que otra granja a gran escala para la crianza de esta “materia prima”. En cuanto al veneno de serpiente, nos entran serias dudas de que los reptiles necesarios puedan estar a mano para extraerles tanta ponzoña y nos preguntamos cuánto espacio ocuparían, por ejemplo, en el parque de Cabárceno….

Todos estos productos están envasados en decorativos y atractivos recipientes de todo tipo. Pero hay otros “bálsamos de fierabrás” (ya lo utilizaba el Hidalgo de La Mancha) más allá de la baba, el veneno y el aloe. Y es necesario echar mano a nuestras dotes de semántica para esclarecer los titulares de tanto frasco, tubo y tarro. Leamos: microespuma activa moldeadora de silueta (si no lo entiende usted, ya se lo explican a continuación: active figure mouldingmicrofoam). Cuidado eliminador reafirmante para el cuerpo, bodymilk, solución limpiadora bifásica…(para aclararnos lo que esto último significa, le han escrito debajo: two-phasecleasingsolution). En otro tarrito: gel pour la pousse des cils. Menos mal que tenemos el diccionario a mano: gel para el crecimiento de las pestañas. Ya hemos  asimilado lo de bodymilk: leche para el cuerpo, o algo por el estilo...

Lo que no podemos digerir es que el tratamiento masivo de nuestro organismo – o las partes más sensibles de él – nos hagan retroceder en el túnel del tiempo y nos sitúen en los felices años de nuestra perdida juventud. Porque ni siquiera el bisturí de algún hábil cirujano, ni la jeringuilla de esa toxina botulínica cosmética – no me permito decir su nombre comercial, a todas luces en la mente de  ustedes – eliminan del carnet de identidad nuestra fecha de nacimiento.

Tal vez el consuelo visible es ponerse ante el espejo, sin hacerle la pregunta de la bruja de Blancanieves, y mirarse con generosidad, después de tanto tratamiento, cirugía o bálsamo milagroso.

 

Manuel Bartolomé García.- Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores


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