Por JOSÉ RAMÓN SAIZ
La muerte de Sancho Gracia, producida en la medianoche madrileña, ha cerrado una trayectoria artística de más de cinco décadas cuya etapa más notoria debe ubicarse en los últimos treinta años, con su estrellato en el cine y televisión española. Formado en Uruguay, país al que llegó con su familia tras la guerra civil, con los años se proyectó como un gran actor gracias a su claridad de dicción, su buena estampa y su aplomo para el drama y la comedia. Fuera de escena destacó como un personaje de vigorosas opiniones y notable poder de comunicación, un entusiasta de las iniciativas que emprendía y un enamorado del teatro.
En 1963 optó por volver a España, donde retomó su carrera que lo llevaría por obras de análisis muy críticos en pleno régimen franquista y en poco tiempo a papeles protagónicos en la pantalla cinematográfica y con más brillantez todavía en la televisión con aquella serie televisada sobre el aventurero Curro Jiménez, concretada de 1976 a 1978, que sin duda fue el mayor éxito de su trayectoria. Esa tira de capa y espada, resuelta en un nivel de gran pasatiempo de época, con rasgos de humor en medio de su movido ritmo de acción, permitió a Sancho desplegar la madurez de su histrionismo, la soltura de su trabajo, su aspecto conquistador y hasta su sentido de la sátira. La serie llegó a identificar a Sancho con Curro, hasta confundir al actor con el personaje y establecer su extensa popularidad ante el público internacional.
Aunque de su proyección profesional destacarán otras firmas que valoran sus altas cualidades de actor, me agrada recordar su amistad con el entonces Presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, del que fue amigo íntimo y gran admirador. Precisamente le conocí cerca de Adolfo y recuerdo su pasión por el gobernante y por ese milagro de la transición que llevó adelante. Cuando Suárez ganó las primeras elecciones del 15 de junio de 1977, Sancho Gracia fue uno de las pocas personas ajenas a Moncloa que vivió con el presidente su victoria electoral al frente de UCD. En una época en la que los actores demostraron su apego al Partido Comunista, Sancho Gracia apoyó la transición y sus valores de democracia y reconciliación.
Mientras se lamenta su desaparición -al cabo de una larga enfermedad contra la que peleó valerosamente- puede levantarse el ánimo recordando su imagen en las tablas y la pantalla, que es todo un estímulo.