ESPERANDO LA INCORPORACIÓN DE LOS OBREROS DE SNIACE

Por AQUILINO FONSECA

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Vueltas y vueltas han estado dando los obreros y la Empresa para encontrar la manera de coger de nuevo las riendas y tratar de fundirse de nuevo en sus labores. Fueron dos años de incertidumbres por ambas partes, que a veces dejaban el camino acto para entrar a cabalgar, pero en otras no había posibilidad de compartir criterio.

Parece ser últimamente, que se han engarzado las riendas válidas para entrar en acción, y han iniciado ambos la solución de la puesta en marcha. Según se aprecia son muchos los obreros/obreras que se quedan en la cuneta y esto nos tiene que enternecer a todos al ver gente deambulando después de la espera y la lucha por situaciones poco gratas, sin posibilidad de incorporarse a un sistema de vida que les permita vivir como Dios manda. No sólo es cuestión de una persona, pueden ser varias las que entran en juego al amparo de quien busca y no encuentra por lo menos lo necesario para proclamar la subsistencia. Pensémoslo los que no estamos afectados por esos intríngulis de agobio y desdicha, en el que se ven inmersos los incapaces de incorporarse en el nuevo rumbo, que bien necesitarían apoyo y amparo de los que están en mejor situación.

Los que hayan tenido suerte y queden dentro del parámetro de una vida digna, que no se les olvide el esbozo de los dos años insustanciales en el que les tubo incluido la espera.

¿Qué podremos decir de la Empresa que asume ahora la responsabilidad de su cometido concerniente a todos los deberes que le asignan todas las labores que son su obligación?

Pongamos en el candelero la necesidad que tiene de abrir mucho los ojos para que los efectos de su fabricación, no afecten a personas, animales y plantas. Hemos tenido la desgracia de tener que soportar durante años, efectos perjudiciales de la salud  que hemos tenido que resistir a sabiendas que nos estaban dañando, sin que ellos tuvieran la más mínima preocupación de eliminar de su fabricación gases nocivos, que pudieran ser sustituidos por otros  no malignos. No me atrevo a decir que ahora están a tiempo, cualquiera que haya trabajado en una fábrica de productos químicos le sobra experiencia para darse cuenta de lo que cuesta poner en marcha una fabricación, hasta que la consideremos en su punto, para que no sea ofensiva ni para los que trabajan en ella ni para los que la soportan aunque sea ya alejados. Años nos tocó a muchos aguantar los sin sabores y afectaciones de productos con mucho que desear, en los que no se había impuesto el suficiente interés para no causar molestias a nadie.

En esta nueva iniciación de puesta en marcha, me toca sacar a la palestra una observación para saber si los gases que van a  llegar a mi casa ahora, están tan mal tratados como los que nos visitaban hace dos años, que habían dejado de dar cosecha a mi nogal,  y en cuanto cerró la fábrica se puso cachondo y me atiborró de nueces y estoy suponiendo que si no hay mejoras, las que lo están adornando ahora dejarán de exhibirse ya el año que viene. A los nogales que  conozco, a todos les pasó lo mismo. No sólo salgo en defensa de los nogales, esto podría calificarse como despreciable comparado con lo que repercutiría en nuestra salud. Si Sniace corrigiera lo maligno de sus gases, que nos acompañaron varios años, no tardaría en recibir mi felicitación acompañada a sus colaboradores, los obreros también lo son.

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