TORRELAVEGA 1888-1953

Por MANUEL BARTOLOME GARCIA

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            Editado por M. Hoyos y Cia., en enero de 1888, apareció en Torrelavega el primer número de un “semanario de intereses generales, político y literario”, como se autodefinía. Era de información local. De Torrelavega y su partido judicial. El nombre de ese semanario era “EL DOBRA”.

            La editorial, imprenta o establecimiento tipográfico estaba ubicado en el número 18- en otra página del mismo se habla del número 16 y podrían ser ciertos ambos- de la calle Julián Ceballos. Se publicaba los jueves y domingos y era, según el propio editor, el más barato de su clase.

            Esta aventura tipográfica sólo duró hasta el mes de abril de 1899. Siempre los esfuerzos editoriales en nuestra ciudad han sido efímeros. Especialmente si se trata de la defensa o el reflejo de la vida cultural, como era el caso.

            Otro “semanario regional de Cantabria” apareció en agosto de 1982 con el nombre de DOBRA, sin artículo determinado. Se publicaron 22 números, el último de los cuales apareció en enero de 1983.

            Entre uno y otro, los torrelaveguenses tuvimos la fortuna de ojear una revista mensual del espíritu y de la actualidad, como figuraba en su frontispicio. Sus promotores acuñaron la cabecera de DOBRA sobrepuesta a la inscripción del dios Erudino, que don Hermilio Alcalde del Río encontraría en nuestra querida Capia. Por cierto que tal inscripción, réplica en bronce del ara de piedra, que se exhibía en la calle Serafín Escalante de Torrelavega, fue trasladada a un rincón de Sierrapando. Decisión que no alcanzamos a comprender, aunque razones tendría quien lo ejecutara.

            Volviendo a aquella revista Dobra, cuyo equipo redactor fue bautizado con el cariñoso y afectuoso apelativo de “los Dobros”, tuvo también, desgraciadamente, poco recorrido. Apareció el número 1 en junio de 1953 y alcanzó su publicación hasta octubre de 1955. Se tiraba en los talleres tipográficos de Antonino Fernández, en la calle Consolación. Solamente 26 números que dejaron una huella imborrable en el mundo cultural de la ciudad y su zona de influencia.

            Al hilo de estas notas previas, queremos hacer una referencia en relación con una, llamada en épocas pasadas, “moralidad y buenas costumbres”….y la interpretación que de ellas se pudo hacer en diferentes épocas. Así, el Dobra de 1888 reflejaba, en un movimiento de población relativo al año precedente, que habían nacido en el municipio 287 bebés, de los cuales se anotaban como “legítimos” 278. Y 9 “ilegítimos”.

            Desconocemos en qué parámetros se podía basar ese registro y esta discriminación.  Ni en qué proporción andarían en otros lares. Según se desprende de las cifras anteriores, los 9 significan el 3,1% del total. Exactamente el mismo porcentaje aparece en un almanaque publicado en nuestra ciudad en 1908: 13 “ilegítimos” frente a un total de 416 nacidos.  Aquellos 9 “ilegítimos”, o los 13 de 1908, podrían ser, opinamos, nacidos fuera del matrimonio  o de madre soltera, porque no nos lo especifican.  A vuelapluma  se nos ocurre reflexionar sobre ello como “lo que va de ayer a hoy”.

            Sin ánimo de entrar a juzgar a progenitores de uno u otro signo, sí queremos ponerlo en evidencia ante un artículo que un escritor y periodista zamorano escribió en el diario YA de Madrid. El periodista en cuestión se llamaba Bartolomé Mostaza. Nada que ver con el que esto escribe…Al parecer, el tal Mostaza, tras una estancia (?) en nuestra ciudad, había redactado un reportaje sobre Torrelavega y su entorno. Apareció publicado el 9 de octubre de 1953 en el citado diario madrileño.  Y ponía el énfasis, entre otras “lindezas”, en la poca moralidad de los torrelaveganos y, más concretamente, de sus mujeres. Aparte de otras cosillas y fruslerías de menor enjundia, como el mal olor que desprendía La Llama en días de feria de vacuno.

            Gran revuelo causaron estas opiniones en el sentir de la comarca, y las plumas de los encargados de las noticias de nuestra ciudad no se dejaron esperar. Y la revista DOBRA no podía ser menos. Contestó indignada en un suelto del número 5 en el que se quejaba de aquellas injuriosas manifestaciones del señor Mostaza. Curiosamente, leyendo el texto del encuadrado de DOBRA, olfateamos, por su estilo, quién fue el autor de aquella enérgica réplica: uno de sus colaboradores habituales. Su tipo de expresión nos es familiar. En particular por la palabreja que emplea en su cabecera: tal reprimenda se titulaba “Las aventuras de un foliculario”. Y por un apelativo en el cuerpo del escrito. Lo llama “sandio”. Ambos términos, el sustantivo, como despectivo periodista. El adjetivo, como necio o simple. Blanco y en botella.

            Nos preguntamos, después de tanto tiempo transcurrido, si el señor Mostaza, en lugar de visitar Torrelavega para documentarse “in situ” y escribir en YA con conocimiento de causa, nos preguntamos, insistimos, si habría leído la revista semanal DOBRA de 1888 y dado carta de naturaleza y, por extensión, sacar conclusiones universales de aquellos datos “negativos” de los hijos ilegítimos. Tomás de Torquemada no lo hubiera hecho mejor.

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