LA POSIBLE DESDICHA DE GAROÑA

Por AQUILINO FONSECA

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Por Dios, que no encaje en el deseo de nadie, que pueda ser posible que la central nuclear de Santa María de Garoña, que durante 42 años desplegó su manta de servicio en la provincia de Burgos, inculcando en todos los vecinos y en todos los que convivimos en sus alrededores, el temor de una posible explosión o algo parecido, nos pudiera ocasionar una hecatombe jamás concebida.

Los que ya teníamos edad cuando empezaron a construirla, fue para nosotros un percance que nos obligó a estar pensando de continuo en lo que pudiera pasar, no sólo en nosotros, sino también en los hijos que empezaban a acompañarnos en aquella penumbra en la que se podía desencadenar el más terrible de los sucesos.

Es verdad que a los que nos tocó ver estrenar su puesta en marcha, después de tanta preparación, ya nos habían mutilado nuestros temores pasados en el folclore de su inauguración, viendo fotografías tan elocuentes en los periódicos, que enaltecían con la cantidad de trabajo que les ofrecían, sobre todo a los de la zona, sin que olvidaran, aquellas pesadumbres que habían estado inundando nuestros pasados desasosiegos.

No por el resplandor del inicio se fue borrando la travesía que se nos iba acumulando. Cuando surgía alguna avería, nos salía entonces un pensamiento que nos obligaba a sentir posibles desplazamientos también temerarios, donde entraba el acompañamiento con nuestros hijos, y valorando estos temores se fue formando en nosotros mucho de lo que habíamos perdido, cuando saboreábamos los pergaminos de la inauguración y en las secuelas de estos aconteceres, fuimos entrando en el deseo de que llegaran pronto el final que tenían establecido.

Entraba todo en las nuevas pleamares que se avecinaban. Cerrar la Central nuclear era lo que más enfatizaba en las familias que tenían su residencia cercana y no dependían para nada de la dependencia, por tanto, cuando llegó el día fueron las que más se alegraron. Por otro lado la miraban los que tenían que abandonarla sin estar seguros que quedaban cubiertos para el buen vivir que les quedara a él y a su familia, y había otros muy alejados que aun estando algo parapetados para su defensa, al no tener ni rasgo de intervención en el devenir de la planta, se inclinaban sin la menor duda, en el cierre absoluto y eterno.

Estaba claro que los propietarios de la Planta, podrían llegar a aceptar el cierre obligado, pero ya se preveía que lo de renunciar a lo eterno no entraría nunca. Y esto ya lo estamos viendo, pero estamos viendo también que hay mucha gente que está al lado de los empresarios, cuando suponen que les puede salir un empleo que esté cerca de su hábitat. Por una razón o por otra, ya no piensan en los riesgos que pueden correr. Es muy fácil decir que mi padre trabajó 30 años en esa Planta sin ningún contratiempo, pero, ni los que se puedan encontrar en una lejanía apartada, apoyarán para nada la vuelta de la Planta.

Para los dueños no les queda otro recurso que aguantar el tirón que les va a ocasionar el estar moviendo fichas para conseguir la nueva puesta en marcha, de la que ya tendrán cálculos hechos que les aportaran los beneficios necesarios que durante varios años dedicaron para saldar los dineros que emplearon para superar los nuevos costes de su puesta en marcha.

Mucho ruido necesitarán los de Burgos y los que no estamos muy alejados, para tratar de impedir la nueva implantación de la Planta, y evitar que por cualquier cosa nos inunde un tsunami que merme la población con cuantía. Me hace pensar, cuál será el camino que tienen bien diseñado los patrones para coger la ruta y poder alejarse de lo que obligadamente tienen que sufrirlo los responsables de manejarlo.

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