EL PRESENTADOR DE LA TELE, CON EL GATO NEGRO

Por AQUILINO FONSECA

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No es costumbre mía ver la tele, pero aquel día tuve visita con niños y no se apagó durante su estancia. Ocurrió que cuando marcharon yo me quedé sentado en la butaca y allí me dormí, y cuando desperté estaba en la pantalla un presentador o algo parecido que se las arregló para que quedara mirándole, que no era lo que a mí me correspondía según mí manera de ser. Involucrado en el bache donde me había quedado, sólo había sido para fijarme de sopetón en el pantalón tejano que usaba en pantalla.

Dada mi edad y mi aislamiento, no era de extrañar que el pantalón me resultara atraído por mis ojos, simplemente por tenerlos enfocando los que estaban en el pantalón simulando algo parecido a dos ojos color negro, destacando del color claro de los tejanos, que venían a estar situados en donde ahora suelen subir los testículos, no sé si por comodidad o por presunción, y entonces deduzco que los ojos negros pretenden hacernos ver, que allí debajo de ellos están sus testículos, no visibles pero sí sugerentes.

Como no veo casi nada la tele y tampoco salgo casi nada a la calle, tengo que suponer que está extendida esta moda que resultará cómoda y se conoce que también posiblemente apetecible para las del sexo contrario. No creo que el que ejercite esta práctica, pueda saber quiénes son las afortunadas que aciertan en lo que él aspira a ofrecerles. O yo me paso en interpretar posiciones con dibujos coloreados, o les escapan a las tintorerías el esparcimiento de los colores con sus tintes. No creo que yo vaya a pensar en adquirir pantalones que sirvan, para otras aplicaciones que se salgan, del cinturón, los bolsos y la bragueta. Bueno, tejidos y colores pueden entrar en juego.

Ahora le toca a un gato negro de mi vecino, que le hacen compañía otros cuatro y a pesar de estar casi de continuo en mi parcela, solo del negro pude conseguir su acercamiento y posteriormente su amistad. Cuando lo he tenido cerca pude enterarme que además de su color negro, había en su piel algo de color blanco, pero cuando lo tuve manoseando pude ver que entre la nariz y la boca se veían como dos dientes blancos que visto a poca distancia, al ser blancos parecían dos dientes reales, y pensaba yo qué si no estaría también el gato cubriendo con sus dientes algo que quisiera ocultar. Conseguí saber que era hembra, pero para nada me sirvió este hallazgo.

 A lo único que pretendía era jugar conmigo cuando yo iba andando, su juego consistía, en ir él también cruzándose con mis pies de una forma que con facilidad podía hacerme caer a mí, y para evitar esto, le empujaba con uno de mis pies y lo iba dejando libre para mi avance. Su separación le sirvió para localizar una lagartija y lanzarse a ella como una fiera y con las patas de sus pies la llevó no sé con qué pretensión, encima de sus simulados dientes y allí la sostuvo sujeta hasta que consiguió con sus mordiscos ir tragándola completa. El presenciar aquella contienda me sirvió para darme cuenta de la desaparición del cúmulo de lagartijas que habían ido desapareciendo en mi parcela, debido a la intervención dramática de los cinco gatos del vecino.

Apenas se ven ahora la presencia de estos animalitos luciendo su cola sobre las piedras, aunque alguna vez se viera una sin ella, víctima de un gato o también habría podido ser el entretenimiento de un niño. Menos mal que yo estaba enterado que aquella colita se volvía a reproducir.

Los ojos negros del presentador y los dientes blancos del gato, me dieron a mi materia, para poder entretenerme con esos dos sucesos, exageradamente sustancial el uno, y tristeza bien sustanciada el otro. Y no digamos más, cuando al día siguiente, cruzaba delante de mi otro gato con otra lagartija colgando de su boca. Este no tenía dientes fuera de su boca. Con dientes o sin ellos mal rayo los parta.

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