EL CURA VASCO DON CANUTO, CUANTO MÁS VASCO, MÁS BRUTO

Por JUAN IGNACIO VILLARÍAS

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DON CANUTO se hizo cargo de la parroquia de Arrigorriaga en sustitución del viejo don Matías, aquél de quien se llegó a decir que un día en el púlpito explicaba de esta extravagante manera el diluvio universal:

   – Al principio, con un chirimiri empezó, pues. Pero luego, ¡hostias, qué manera de llover…!

   Eso por lo menos fue lo que se anduvo diciendo por ahí, pero ya sería menos.

   A los feligreses les agradó el advenimiento de aquel cura joven y a la moderna, repolludo y colorado, siempre sonriente, de manga ancha, de los que ya no se escandalizan por cualquier nimiedad. Al poco tiempo de llegar, ya había colgado la sotana y se había puesto un traje negro con alzacuello blanco. Poco tiempo más tarde, en casa del sastre encargó otro traje igual, pero esta vez en gris. Y cuando por fin llegaron la democracia y la liberación de la clase clerical, guardó los trajes en el armario, con algo de naftalina para que no se le apolillasen, sobre todo el gris, que era de tergal, y desde entonces es muy de ver cómo se exhibe por todo el pueblo en pantalones vaqueros y en jersey, al más puro estilo del arte indumentario en el proletariado moderno.

   – En esta vida – así se manifestaba, lo mismo en el púlpito que en la taberna – nadie es más que nadie. Y menos que nadie, yo.

   Las beatas dejaron de acudir al rosario y a la novena, según unos porque los suprimió por las buenas el mismísimo cura, mas en opinión de otros, han sido las beatas las que fueron desapareciendo al no tener relevo generacional, pues por cada una que dejaba de hacer sombra no había otra nueva que entrase a ocupar la plaza dejada vacante por la difunta. El caso es que en lugar de novenas y triduos, Canuto, ya sin el don, organizaba reuniones de sindicatos y de partidos de izquierdas, los más fieles depositarios de las doctrinas verdaderas de Cristo Jesús, y no la versión burguesa ofrecida por los enemigos del pueblo.

   Un día recibió otra invitación para un congreso mariano en Colonia de Alemania, y si digo otra es porque ya estuvo hace unos cuantos años en otro congreso igual en la misma ciudad. En aquella ocasión acudió, como todos los demás, de negra sotana vestido. Al rellenar el formulario de admisión, donde se le preguntaba en alemán por el nombre y la nacionalidad, escribió lo siguiente: Canuto de Mendicuchía, español.

   Pero esta vez llegó vestido de viajante de comercio, como todos los demás, y cuando se puso a rellenar la ficha, donde le preguntaban Vorname und Nachname, escribió: “Kanuto Mendikutxia.”

Staatsangehörigkeit? “Basko.”

   Después de volver a casa, se apuntó a un crucero turístico fluvial, por el mar Caspio y por el río Volga arriba, en un barco de lujo para turistas de tronío, tales como este Canuto del cuento, que se conoce que no carecía de posibles, sin haber constancia de su procedencia, igual resulta que era rico por su casa, todo puede ser. Disponían los viajeros de un bufé completísimo, interminables mesas exhibidoras de los más sabrosos platos confeccionados de acuerdo con las pautas de la más alta cocina internacional, deliciosos cangrejos rusos, delicado caviar, en fin, el non plus ultra ya del refinamiento culinario, lo mejor de lo mejor y en abundancia, y si hemos de hacer caso de la maledicencia popular, resulta que andaba este pájaro mirando toda esta profusión de platos finos, sin saber por cuál decidirse, cuando de pronto descubrió entre todos ellos uno de porrusalda, ya saben, patatas con puerros y bacalao, con lo cual recibió una viva impresión y se puso muy contento. 

   – ¡Hombre, porrusalda, un plato de mi tierra, esto es lo mío…!

   Y para dejar constancia y demostración de que él era más vasco que nadie, se hartó de porrusalda, lo mismo que en su casa, todos los días que duró el crucero.

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