EL PANTANO DEL EBRO: REPARAR LA INJUSTICIA CON EL PAÍS CAMPURRIANO

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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SUMARIO. Hay que exigir inversiones extraordinarias para la zona afectada, al tiempo que rendir un homenaje a cuantos en situaciones adversas y sin derechos políticos, expresaron su rechazo al trato vejatorio con el que los Gobiernos actuaron para lograr sus fines, despreciando las justas demandas de los afectados.

Hemos desenterrado del olvido - aunque las hemerotecas permiten su recuperación - una serie de artículos del abogado y periodista reinosano don Santiago Arenal Martínez quién en los años treinta trabajó activamente en defensa de los intereses de Campóo, trasladando todas las inquietudes de los ciudadanos y de los pueblos de la comarca a ese gran medio escrito que fue El Cantábrico. En esos esfuerzos de defender los intereses de Campóo de los atropellos de un Gobierno que engañó una y otra vez a quienes entregaban todo para hacer viable la gran obra del pantano del Ebro, también se destacó la Unión Campurriana, una organización muy activa que en uno de los momentos más agrios de la controversia, fue disuelta aunque más tarde, al término de la dictadura de Primo de Rivera, recuperó su actividad y protagonismo en la defensa de los intereses campurrianos.

De toda la historia del pantano, podemos extraer varias conclusiones con el fin de marcar algunas directrices de futuro que debieran ser incuestionables:

1.- Los afectados fueron maltratados con el desalojo a la fuerza de sus propiedades, sus pueblos y su hábitat. Las indemnizaciones fueron ridículas y el pago a precios de los años treinta se abonaron en los años sesenta y no a todos los expropiados.

2.- Los compromisos de arreglos de carreteras, mejoras en Campóo, enlaces ferroviarios, etcétera, fueron todos incumplidos; es decir, el daño no solo ha sido a los afectados y sus familias sino a la ciudadanía en general.

3.- Desde los años cuarenta en que se inauguró el pantano del Ebro, regiones españolas se han favorecido extraordinariamente y las aguas cántabras han contribuido a un incremento del PIB de esas comunidades. En síntesis, pocos españoles como los campurrianos han contribuido solidariamente al progreso de otras tierras; sin embargo, no han existido repercusiones en favor de Campóo y Cantabria.

4.- Esa solidaridad hacia el resto de España ha sido tan significativa que este dato es elocuente: el déficit de agua de una parte de Cantabria es importante, por tanto, necesitamos parte del agua que se va hacia el Mediterráneo.

¿ Que pedimos para remediar los atropellos cometidos y la injusticia con familias y poblaciones del País Campurriano?. Hasta ahora no ha existido siquiera un resquicio de voz en defensa de una situación que empobreció a unos pueblos al perder sus mejores tierras, las más productivas, y a cientos de familias que debieron cambiar de hábitat, de vida, sin apenas nada a cambio. Pero ¿qué se puede hacer?. Nada o mucho, según la voluntad que tengan los responsables de esta materia en el Gobierno de Cantabria que, al menos, debieran posicionarse respecto a lo que fue una gran injusticia y un auténtico robo y engaño, porque promesas se hicieron muchas y gracias a ellas la inicial voluntad irreductible antipantanista se transformó en posicionamiento a favor, siempre y cuando se indemnizara convenientemente a las familias, en favor de ese interés general nacional de enriquecer a otras tierras españolas con las aguas del Ebro.

Hace años se anunció un Plan Hidrológico billonario que en pesetas y en euros no benefició, como se merecía, a Cantabria en general y, mucho menos, a Campoo.  Hoy, con la gran sequía existente, es necesario que se ponga sobre la mesa no solo que Cantabria y sus importantes poblaciones tengan agua suficiente y, sobre todo, que se resuelva y se reparen las injusticias del pasado. Es cierto que habrán fallecido muchos de los titulares de propiedades que fueron expropiadas y pagadas en los años sesenta en pesetas de los años treinta, pero para superar aquella injusticia histórica en contextos de dictadura con lo cual la protesta y las reclamaciones fueron acalladas, podría hacerse con inversiones extraordinarias en favor de la comarca y, en especial, de los pueblos afectados ya que muchas promesas de infraestructuras, como el enlace ferroviario de la línea de La Robla con Reinosa, se incumplieron. Además, nos consta que los párrocos de la zona se han dirigido con cierta insistencia a la Confederación Hidrográfica para rehabilitar patrimonio civil y religioso, que en su día fue expropiado o quedó en una zona de influencia de la expropiación, sin encontrar respuestas satisfactorias. El problema de la sedes de las Confederaciones (la del Norte, en Oviedo; la del Ebro, en Zaragoza) ha sido siempre lesivo para los intereses de Cantabria, como podría explicarse con detalle en el reparto de los fondos de estos organismos creados en la dictadura de Primo de Rivera.

Por último, quisiera expresar unas líneas de homenaje al carácter cántabro y campurriano de cuantos lucharon por exigir a los Gobiernos un trato de dignidad para las familias afectadas y los pueblos que fueron diezmados al perder las zonas más ricas para el cultivo y las explotaciones ganaderas. Personas de convicciones firmes, alcaldes, concejales, representantes de colectivos y ciudadanos en general, en una situación de gran hostilidad para el ejercicio de los derechos de reunión, expresión y manifestación, no se rindieron fácilmente ante el Estado todopoderoso que regulaba caprichosamente las leyes, sin control democrático alguno. Para todos ellos, aunque sea un homenaje anónimo, nuestra más alta consideración ya que dejaron patente el carácter firme de nuestro pueblo.

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