¿INDEPENDENCIA?: NO EN MI NOMBRE, SEÑOR PUIGDEMONT

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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HOY, ESTE 10 DE OCTUBRE, no podemos estar al margen de lo que pueda suceder en nuestro viejo país. Puede ser -lamentable, sin duda- que la jornada termine en los libros de historia y nuestros nietos constaten en sus estudios sobre España que el 10 de octubre de 2017 fuimos incapaces de resolver un problema que no debiera escaparse del control institucional, comenzando por el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, primer gobernante llamado hoy a escuchar a toda una sociedad, excepto en este caso y circunstancia a los que le reclaman continuar la deriva independentista. Hasta el último segundo, tenemos la esperanza de que el "seny" catalán o, mejor dicho, el sentido común que sobre todo debe aflorar en estas circunstancias, se imponga y no ocurra nada que más tarde podamos todos lamentar.

En una crisis en la que se han exaltado los nacionalismos (lo que no es bueno, si tenemos otras experiencias en España y Europa), hacemos nuestra la reacción de El Periódico de Cataluña que en un valiente y clarificador editorial se posiciona de manera clara ante la posibilidad de que Puigdemont, siguiendo la hoja de ruta que el independentismo impuso en el Parlamento de Cataluña en los primeros días del pasado mes de septiembre, inicie un camino sin retorno posible en el caso de que hoy proclame la República de Cataluña.

De este editorial, destacamos este resumen bajo el clarificador título "No en nuestro nombre", que como es mi caso ya utilicé para protestar por la acción bélica de Aznar contra Irak, una decisión que no solo fue equivocada -nos pusimos del lado del halcón George W. Busch- sino de consecuencias brutales para España. Yo había estado en dos ocasiones en Bagdad y sabía que con aquella unión militar contra Irak, a la opresión política que no respetaba derechos humanos se sumaría el fanatismo religioso, cuando conocí en directo la libertad religiosa que en los años finales de los ochenta existía en aquel país. Hoy, la democracia tutelada por Estados Unidos está asediada por el terrorismo, con un fundamentalismo religioso fomentado por decisiones equivocadas. 

Como entonces a favor de la paz, hoy escribimos que "de consumarse hoy la declaración de independencia, será la culminación de una irresponsabilidad histórica que tendrá efectos gravísimos sobre el autogobierno y es de temer que sobre la convivencia de Catalunya". "Sin necesidad de recurrir a los datos del 1-O (…), el bloque independentista mayoritario en escaños en el Parlament no representa ni a la mitad de los catalanes". Si Puigdemont da el "salto al vacío", nos vemos en la obligación de decir "no en nuestro nombre". El Gobierno ha anunciado que utilizará todos los resortes dentro del Estado de derecho como respuesta a una hipotética declaración de independencia. Que nadie se llame a engaño: esos resortes pasan por la pérdida total o parcial del autogobierno de Catalunya". "Lo que está en riesgo son nuestras instituciones, nuestra prosperidad y la paz social. Demasiado para satisfacer un proyecto político ilegal y, a día de hoy, ilegítimo. Pese al enorme daño infligido, aún no es demasiado tarde para regresar al terreno de juego que no debería haberse abandonado: el de la legalidad y el Estado de derecho. Reiteramos que la única salida es que en lugar de una declaración de independencia, Puigdemont anuncie la convocatoria de elecciones".

Esperamos, deseamos, que el día de hoy no pase a los libros de historia de España y, por ello, que no afecte a nuestra convivencia nacional. Cataluña antes de 1975 dio ejemplos cívicos en reclamar libertad, posteriormente marcó un paso constructivo en forjar la España democrática, nos llenó de orgullo con la organización y desarrollo de los Juegos Olímpicos de 1992, comenzó a defraudarnos con una corrupción institucional y política que también se ha instalado a nivel nacional y hoy, finalmente, no puede condenarnos a una ruptura que solo puede traer males par todos y desdibujar la imagen fuerte y seria de España ante Europa y el mundo.

Confiamos, pues, en el sentido común. No nos merecemos esta angustia que vivimos. Parece más que evidente que nos faltan estadistas -que miran por las próximas generaciones, no por sus intereses partidistas- en una hora crucial en la que España se juega su papel de una nación importante en Europa y el mundo y Cataluña, o mejor sus dirigentes, están obligados a ejercer la política con sentido común y por el bien general.   

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