MANUEL BARTOLOMÉ, ESCRITOR Y GRAN TORRELAVEGUENSE

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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UN EXCELENTE COLABORADOR de este diario digital –pero sobre todo amigo- se nos ha ido para siempre. El dolor y abatimiento por su imprevista marcha y la solidaridad con todos los que le apreciamos, no mitigará en absoluto el profundo vacío que nos deja. De todas las cosas buenas de Manuel Bartolomé García como la de crear una familia, destacó siempre algo importante que refleja el carisma y su valor personal tan profundo y humanista como fue, en su caso, saber cuidar, recoger, valorar y compartir lo que significó su padre, Antonio Bartolomé Suárez, en el periodismo cántabro y en la literatura costumbrista de nuestra tierra.

Ese meritorio homenaje del hijo al padre es, en este caso, uno de los mejores ejemplos que no es posible obviar por su grandeza y amor filial. La biografía de su padre con el título  “Bartolomé: La trayectoria vital y obra literaria de un costumbrista cántabro” (2004), es un relato apasionado de la vida del que fuera descubridor de la documentación  del famoso Pleito de Los Valles, que llevó a Manolo, con justicia, a Escribano Mayor de las Asturias de Santillana, nombramiento apoyado por todos los representantes de los Nueve Valles en la Casa de Juntas de Puente San Miguel en la jornada del Día de las Instituciones.

Por tanto, su vinculación al periodismo y a las letras arranca de su homenaje personal a su progenitor, el escritor costumbrista Antonio Bartolomé Suárez, quien durante treinta años dirigió las páginas de Torrelavega del diario Alerta. La recuperación que realizó Manolo de los trabajos de su padre representa una aportación significativa para conocer a fondo la labor como escritor y cronista ganadero de Bartolomé Suárez, que desde joven y después de ejercer diversos trabajos desde niño se dedicó al periodismo, vocación que comenzó a sentir como cronista ganadero tras incorporarse a la SAM.

Gente, pues, hecha a sí misma a través del trabajo y sacrificio. Es suficiente con apuntar que en la mina de Reocin encontramos buena parte de los antecedentes familiares. Su padre, Antonio Bartolomé Suárez, de orígenes muy humildes, después de ir al colegio del pueblo, ingresó con once años en el seminario de Corbán; cinco años después se puso a trabajar como pinche en un bar de Torrelavega, más tarde peón de mina y, posteriormente, empleado en  un comercio de la capital cántabra. Su hermano Luis Antonio (1940-2007) , se inclinó también por la literatura que compaginó con el fútbol y el automovilismo,

Desde que comenzó en las tareas literarias un vez que rescató la ingente obra costumbrista de su padre, Manolo Bartolomé ha sido un excelente amigo con el que hemos compartido muchas vivencias de Torrelavega. Participamos en las tertulias patronales de la bodega de Cardín Montero en las que exaltamos siempre los valores de la ciudad de la Virgen Grande; la que organizaba Ernesto (Titi, el de la Caja) González de la Vega en su casa de la avenida Menéndez y Pelayo y a la que asistían, además, Manolo Egusquiza y Mauro Muriedas; almorzaba muchos miércoles en Cabrojo, cerca de Cabezón de la Sal, con amigos de siempre, de aquellos tiempos de Acción Católica -que compartió con Carlos Monje, décadas después alcalde- y cuando puso en marcha Radio Juventud de Torrelavega, su gran amigo Carmelo Oria. Es muy difícil hablar de monopolio de una amistad y relación con Manolo, pues ejercía a muchas bandas en un claro ejemplo de ciudadanía. En él la convivencia y amistad eran divisas sobre las que siempre demostró una gran lealtad.

Aparte de identificarse con la obra de su padre, Manolo Bartolomé se adentró en la  literatura convencido de que podía disfrutar de los valores humanos que encierra, estimando que a través de las letras podía encontrar y sentir satisfacciones un tanto espirituales.  Y fue así cómo sumó amigos y experiencias a través de la vida de las personas. Por esa vía encontró Manolo una mayor sensibilidad hacia los demás; estimuló su desarrollo personal y social, además de ofrecerle una reflexión –sobre la que a buen seguro meditó en muchos momentos- acerca de la condición humana, la vida, la muerte y nuestro paso temporal por el mundo, buscando como objetivo vital una realidad mejor y más justa.  

En 2016, después de tres años de investigaciones, Manolo Bartolomé alumbra la biografía de un gran personaje torrelaveguenses y cántabro del siglo XIX bajo el título de Pío Jusué Barreda: La gloria oculta. Probablemente es su obra cumbre en la que sigue paso a paso  las huellas de un personaje para el que la minería no tenía secretos. Manolo fue consciente por el trabajo y el esfuerzo aportado, del difícil trabajo del historiador que investiga para construir una biografía que no solo era necesario desempolvar sino elaborar con rigor y credibilidad. Y Manolo lo hizo realizando un gran bien a su ciudad al participarnos de un gran torrelaveguense que brilló con luz propia haciendo grande su patria chica.

Su identidad con el canto montañés se puso de manifiesto en muchas de sus obras. Cuando en este año –el de su muerte- el Coro Ronda Garcilaso cumple 75 años, quise y así se lo pedí, que firmara conmigo y Manuel Egusquiza Ochoa la petición al Ayuntamiento, de acuerdo con su Reglamento de Honores y Distinciones, de la Medalla de Oro de la ciudad. Le faltó tiempo para sumarse a esa petición y como entendió que podía quedarse atrás, quizá en el olvido, me envió un wassapp. Nuestro compromiso no tenía vuelta atrás y ya se lo había anticipado a Lorenzo Morante. Esa petición con nuestras firmas se presentó en el Registro Municipal el 3 de enero, a mi regreso de un viaje y tras contar con la firma de Manuel Egusquiza, director de nuestra laureada Sociedad Coral.  Incluso hablamos de repartirnos el trabajo y escribir un libro sobre la importancia de los Garcilasos para la supervivencia del cancionero montañés. Ya no será posible, pero ahí queda su obra con Ángel Muela Martín sobre las Andanzas del Coro Ronda Garcilaso entre 1943 y 1956, editado a finales de 2005. Seis años después, publicó, de nuevo con Muela, otra obra de evidente valor: Picayos, Historia de la Agrupación de Danzas Virgen de las Nieves, de Tanos.  

Su colaboración con Ángel Muela en este campo del cancionero alcanzó la no siempre fácil elaboración de guiones radiofónicos sobre costumbres, tradiciones y folklore de nuestra comunidad cántabra como “Las marzas de la radio”, “La noche de San Juan”, “Los reyeros”, “Recordanzas de La Patrona”, “Por San Martín mata el gorrín”, etcétera que se han venido emitiendo en diversas emisoras de radio con lo cual no se ha perdido la tradición frente a lo moderno.

No podemos obviar, finalmente, su apuesta permanente por la amistad como valor especial y esencial en su andadura humana. En la Sociedad Cántabra de Escritores tuvo muchos amigos a los que aportaba su energía, ánimo y capacidad para luchar en este campo tan difícil y complejo como el de ver, en algún momento, la obra hecha realidad en la que se ha trabajado con limpia ilusión. Este concepto de amistad no tenia límites, incluso con las personas opuestas. Manolo Bartolomé, en este sentido, contaba con verdaderas amigos, no simples compañeros, como siempre puso de manifiesto.  

La biografía de Manuel Bartolomé es inmensa en sus trabajos y quehaceres por la literatura y las amistades en su trabajo de Solvay y de la Torrelavega que vivió en su juventud que fueron, en gran parte, los años del milagro torrelaveguense. Una vida en la que trabajó siempre en positivo, sin intentar esa inclinación tan natural en nuestra sociedad de adoctrinar o catequizar. Termino como él nos acostumbró en todos sus mensajes: Salutem. Manolo.

*José Ramón Saiz Fernández es doctor en Periodismo. Académico C. de la Real Academia de Historia.

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