“CON LA VENIA DE MIGUEL”, EPÍLOGO, CON NOTAS A CARGO DE MI QUERIDA HIJA EVA CUETO

Por JOAQUÍN CUETO OTÍ

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Por EVA CUETO CANO

 

No sé cuáles fueron los motivos que llevaron a mi padre, Joaquín Cueto Otí a escribir “CON LA VENIA DE MIGUEL” (cuando él se consideraba un principiante “junta letras”). Solo recuerdo que alguien le decía: “Tú, ¿Qué vas a escribir?...” A lo que él respondía:

“Loco o cuerdo lo escribiré, ¡señores!

que torres más altas se cayeron

e ingentes disparates escribieron,

muchos de los ilustres escritores”.

De aquella época  son estos VERSOS LOCOS:

“Quizá alguien piense que estoy chalado

y habrá quienes piensen que estoy loco.

Todo lo que hablen me importa muy poco

pues quien escribe, está bien despejado;

chalado está, quizá también trastornado,

aquél que nunca escribe, ni lee tampoco”.

Lo que sí recuerdo  es que para mí, Cervantes era demasiado para él. ¡Gran error! En aquel entonces, mi objetivo era que llenara su tiempo como fuera, si ello le hacía feliz. Y así fue, como ha manifestado en muchos de sus escritos.

Mis circunstancias tampoco me permitieron ayudarle a que lo hiciera mejor.

 Con 4 tomos de El Quijote que ocupan unos 25 cm. en nuestra Biblioteca y lo que él había visto en las diferentes versiones que se han proyectado en la pantalla cinematográfica o la televisiva interpretada por Fernando Rey y Alfredo Landa, se inició este proyecto acompañado de un diccionario y fue necesario que transcurrieran más de 20 años, para que con motivo del IV CENTENARIO, decidiera publicarlo como un homenaje más a Cervantes y como no a mi padre y me adentrara en él y descubriera el verdadero Quijote y el que J. Cueto describió. Una visión global de El Quijote “a su manera” porque las historias se escriben tal cual, cada uno las ve y las siente. A veces, como se imagina o nos gustaría que hubiera sido.

Yo pertenezco a aquella generación, que aprendió a leer en la escuela con El Quijote. Pero con 6 años no entendía nada. No era un Quijote adaptado, así que la lectura era mecánica, no comprensiva; y por ello nunca más fui capaz de leerlo ni siquiera verlo en textos audiovisuales. Lo que me lleva a la conclusión, de que hay un momento para cada situación.

Lo único que se consiguió fue que repudiara esta obra maestra.

¡Cuánto me acuerdo ahora, de Sancho Panza y su deseada ínsula!

Pero siempre me acogí a 3 de  Los 10 derechos del lector” de Daniel Pennac:

  • Derecho a no leer.

  • Derecho a saltarse páginas.

  • Derecho a no terminar el libro.

Pero en esta ocasión lo leí entero. No pasé ni una página, a la vez que comparaba los diferentes capítulos con el auténtico Quijote.

Tuve que cambiar bastantes estrofas de lugar para dar continuidad al contenido. (Escribía, según las ideas venían a su mente, con una máquina eléctrica y si tuviera que empezar de nuevo se encontraría en la piel de “Penélope”; nunca hubiera terminado). Luego  lo encuadernaba para que nada se perdiese. Creo que siempre vivió pensando que no iba a tener tiempo de terminar sus escritos. Pero los libros tienen que reposar y es posible que ésta, mi corrección, también pueda mejorarse.

 Adaptar algunos capítulos al verdadero Quijote, por errores de documentación. Para finalmente adaptarme a “CON LA VENIA DE MIGUEL”, porque él quiso que así  fuera. En toda la obra reconozco rasgos de “El Quijote” de “Don Juan Tenorio” de “El Lazarillo de Tormes” y hasta de San Francisco de Asís. ¿Hay algo más creativo?

En el plan cronológico de Don Quixote, edición facsímil, CORREGIDO POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (G.L.) 1992, se observan anacronismos, errores de cronología y de geografía, que cometió el mismísimo Cervantes.

¿Cómo J. Cueto, no iba a cometerlos?

Él mismo, llegaría a reconocer en la página 69, lo siguiente:

“El autor de este tinglado

es un total ignorante,

pues confunde a Rocinante

con un jumento capado

y al barbero trasquilado

de barbería currante,

con jovencito marchante

de farmacia empleado.

¡Razón tenéis informante!

pues boticario escribí

en mi torpe frenesí,

mas si lo escribí, ignorante

será este viejo arrogante

y el boticario, ¡ay de mí!

por error que cometí,

será barbero parlante.

Entuerto por mí aclarado,

pues nunca leí El Quijote

ni sabía si era mote

llamar Quijote al osado”.

Al igual que Cervantes, habla de las novelas de caballerías donde se manifiesta la locura de Quijote, pero con respeto a los libros, y plasmando el espíritu y valores del mismo.

En la introducción expresa pensamientos similares, como que él fue un “niño de la guerra” que vivió escasez de yantares y fortuna, algo que no es tan malo como lo pintan, porque:

 “El Hambre agudiza el ingenio, mientras las panzadas  atrofian el magín del más espabilado”.

Nunca se estiró ni se encogió, porque pronto aprendió que tan nefasto puede ser lo uno como lo otro, por eso aconseja:

“Mirar hacia delante compensa más que volver la vista hacia atrás”.

Jamás soñó con ser poeta cuando en su juventud actuaba como pastor de sus cuatro “rudilanas” y una borriquilla en los montes comunales de su pueblo o labraba ínfimas sementeras, que sólo producían “carruños” para los cuervos.

Lo poco que aprendió fue en la escuela de la vida, mientras ordeñaba sus vacas, velortaba  “lumios” de yerba seca o llevaba por albarda desvencijado cuévano artesano:

“Fui muy feliz en mi antaña modesta vivencia y sigo siéndolo actualmente, a pesar de mis alifaces en las piernas, no en mi magín; más feliz posiblemente  que quienes cabalgando en flaco rocín, pregonan a los cuatro vientos  que montan en brioso alazán, vestido con caros arneses”

“Fui ahorrador de miserias pero no fui tacaño y siempre antepuse la honradez a la picaresca de avispados mercaderes.

Escuché a “eruditos” e ignorantes y quizá aprendí más de los últimos que de los primeros, porque los listillos a los que me refiero y que por desgracia abundan como las moscas cojoneras, suelen ser líderes en ignorancia y colas de ratón en sabiduría”

Me viene a la memoria lo que un día cualquiera me comentó un vecino, de edad considerable, cuando me explicó que “ser buena persona no significa no hacer daño a nadie, sino que para ser bueno hay que practicar el bien, siempre que se pueda”. Una gran lección de un hombre sencillo.

En el prólogo escrito por sí mismo alaba a Cervantes, valora su gran obra y le pide perdón por apropiarse de sus personajes:

“A la mayor honra y gloria de nuestro más ilustre soldado, Don Miguel de Cervantes Saavedra  (El manco de Lepanto) que escribió la inmortal obra: “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha” y si tal lumbrera viviese,

¡perdón le pediría! por no haber leído tan prodigioso libro, salvo unas páginas. No obstante, mi “CON LA VENIA DE MIGUEL”, cuenta con los nombres y apellidos de algunos de sus personajes y esporádicos sucesos que él narra en los diferentes capítulos, de la primera parte”.

Insiste de nuevo en:

“Que de quijotes está el mundo lleno  es certeza confirmada, pues dementes que se creen ilustrísimos, merodean por doquier”.

“Sin embargo cuerdos como Don Miguel  solamente hubo uno, porque como dice el refrán: “ALGO TIENE EL AGUA CUANDO LA BENDICEN” mas tan insigne escritor se sentía más orgulloso de haber sido soldado del ejército español, que de haber escrito El Quijote. Pero, ¿Qué hubiera escrito hoy con todos los medios que tenemos: Ordenadores, secretarias,  editoriales y mil zarandajas más?

Incógnita ésta a descifrar, porque quizás tanto artilugio sirva más para atrofiar las mentes humanas, que para despertar el ingenio de los ídem”.

Lo mismo le hubiera sucedido a él, pues si hubiera manejado el procesador de textos e INTERNET, más sencillo hubiera sido para mí corregirlo y para él escribirlo. Es por lo que rogaría a quienes lo leyeran, que lo valoren con crítica constructiva, dado el enorme esfuerzo que realizó.

También expresa una mención especial a Don José Zorrilla, pues leyendo el “Don Juan Tenorio” aprendió a rimar, (que llegó a memorizar cuando estaba en el Servicio Militar, al no tener otra cosa que leer).

Por mi parte, le debo el hecho de despertar mi interés por este libro y por aficionarme a la poesía. Sin duda, una gran herencia.

 Desde el principio da a entender, que Don Quijote recobraría la cordura al encontrarse con Dulcinea, como así fue, porque su locura era de amor.

Todo el libro gira en torno a ello y se deduce que se hizo caballero para sorprenderla y tener méritos que ofrecerle.

Otra versión de El Quijote, que aquí finalizó haciendo triunfar el amor como eje que mueve el mundo, pero que en todos los capítulos plasma el espíritu de El Quijote y admiración a Cervantes. Para a partir de entonces plantearse otro reto: Escribir “La Biblia en verso”.

Mi agradecimiento a todas las personas que creyeron en él y en lo que a mí respecta, otro entuerto desfecho.

EN SU MEMORIA:

Eva Cueto Cano

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