RECHAZO AL TOTALITARISMO

Por Alfonso del Amo Benaite

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Tres son los derechos que tenemos por el mero hecho de existir : Derecho a la vida, derecho a la libertad y derecho de propiedad. Son inmensos, justifican la vida, la trayectoria de las personas.

A pesar de su importancia o quizás por ello son difíciles de alcanzar y mantener, es únicamente por la decidida acción humana ( Mises dixit) como se pueden mantener, pues tanto las dictaduras como las democracias son enemigas de ellas, las dictaduras por su intrínseca maldad, siendo verdaderamente descorazonador ver que las democracias formales en lugar de ser garantes de esos derechos extienden su función hasta sustituir el libre albedrío de las personas por opresivas normas, acompañadas generalmente de impuestos y tasas.

En esta situación las personas acaban convertidas en meras suministradoras de fondos a los gobiernos para que estos puedan ejercer su liberticida función, que les va consumiendo en un hábito estatista que manteniendo las libertades formales es un estado que crece más y más, ocupando amplios espacios que acorralan en estrechos márgenes a la gente.

Esta omnipotente actuación estatal crea un camino de servidumbre hacia el monstruo que impide desarrollar una vida propia ajena a sus dictados. La gente no puede apartarse del modelo oficial de educación, no puede alejarse de ese mal sistema educativo que impide la autogestión de las familias, obstaculizada esta con argumentos que esconden miedo cuando no rechazo a la libre iniciativa, sentimientos refractarios al albedrio propio que vuelven a evidenciarse en el sistema obligatorio de pensiones o la adscripción impuesta a los sistemas estatales de salud. No existe posibilidad de elección, no lo permiten los poderes del estado utilizando el más obsceno de los argumentos : La protección de la gente. Como si la protección de las más débiles estuviera reñida con la libertad ¡ En realidad esconden lo peor, su repulsión a la libertada individual como a la propiedad, a la que convenientemente ordeñada se deja indefensa ante okupas, expropiaciones, licencias administrativas o al albur de que una concesión permita obtener beneficio.

Este excesivo aparato estatal necesita dinero, mucho dinero, nuestro dinero, para deglutiendo los ingresos del común someter al mismo. Se pagan impuestos por ganar dinero, se pagan por consumir el dinero propio, continuamos pagando por las propiedades y el patrimonio alcanzado, por movernos o transportarnos y también cuando se muere dejamos impuestos a nuestros herederos.

Un estado que utiliza la coacción para establecer un modelo en donde la colaboración es una impostura obligada, inventándose eso del deber de auxilio, colaboración con los aparatos policiales, la obligación de ser jurado o asistir como miembro de mesa electoral, obligatorio todo, nada desde la cooperación voluntaria ciudadana. Palo y multa, que lo de la pasta no falte nunca.

Esta es la muy cruda situación en cuanto a nuestra calidad democrática y estado de las libertades individuales, esa libertad que Friedrich Hayek dijo : “Debemos hacer que la construcción de una sociedad libre sea una aventura intelectual, un acto de valentía”.

La realidad despiadada muestra que no se puede nunca dar por ganada la libertad real, no la formal, porque esta es frágil, los estatistas contumaces y muchos, siendo nosotros los dispuestos a levantar la voz pocos. Además ellos disponen de la ominosa Ley Mordaza.

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