La participación ciudadana en los incendios forestales en Cantabria.

Por Jorge de Migel Fuentevilla

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No cabe duda que la prevención de
incendios forestales en nuestra
comunidad autónoma, es una de las
asignaturas pendientes aún hoy en día
sin resolver, que debe ser controlada
lo antes posible, para así garantizar la
protección de nuestros valiosos
recursos medioambientales y sociales,
de los que en gran parte depende
nuestra economía.

En este sentido, recientemente un


informe emitido por expertos de
Greenpeace, ha evaluado como “muy deficiente” la planificación medioambiental en
Cantabria, señalando que en nuestra región, se producen el 51,5 % de los incendios
forestales de España, junto con alguna otra comunidad autónoma de la cornisa
cantábrica. Este hecho nos sitúa una vez más en la cola de Europa, esta vez, en materia
de prevención de catástrofes forestales.

Por ello, esta Organización Internacional, nos ha lanzado un toque de atención hacia la
obligatoriedad establecida en la Ley de Montes, que exige disponer de una planificación
preventiva en aquellas áreas declaradas como zonas de alto riesgo de incendios (ZAR).
Cabe destacar que, a día de hoy, el 80% de los municipios que se encuentran en estas
zonas, no cuentan con un Plan de Emergencia Local, según el informe emitido por
Greenpeace.

Sin embargo, durante la última legislatura, la voluntad transmitida por parte del
Gobierno de Cantabria en este sentido, ha sido la de la creación de un Plan de
Prevención de Incendios Forestales con cobertura hasta el año 2020, donde se pretenden
recoger, medidas estructurales y organizativas para abordar esta problemática. Además,
la consejería competente en la materia, afirma que se encuentra trabajando en acciones
de sensibilización, defensa, vigilancia y regulación del uso del fuego. Hoy, se ha puesto
en evidencia que, hasta el momento, la planificación se ha venido centrado en la
extinción gracias al personal del operativo de incendios forestales , pero ha sido "muy
insuficiente" en cuanto al desarrollo certero de medidas de prevención. Y no se nos
olvide que, la prevención, es fundamental para que las cosas no ocurran:

“Mucho mejor prevenir que tener que lamentar”.


Siguiendo esta declaración de intenciones dilatada a lo largo de los últimos años, a día
de hoy lo único que realmente se ha materializado, ha sido la creación de un Órgano
Consultivo, la “Mesa del fuego”, que se ha hecho oficial el pasado mes de junio. Este
hecho tan estético, supone un punto de partida, pero aún “muy insuficiente”, ya que no
se trata de un proceso de Participación Ciudadana Real como se está defendiendo, sino
que se queda estanco en la primera fase, la fase consultiva. Y preguntar no es participar
en el diseño y desarrollo de las medidas.

Además, es muy importante saber que aparte de consultar a los expertos y
representantes sectoriales (ya incluidos en la mesa del fuego), es FUNDAMENTAL
también, consultar y preguntar a todos y cada uno de los agentes sociales que habitan en
las zonas de alto riesgo, ya que son ellos, los que realmente pueden dar una visión
objetiva y cercana del problema, y con los cuales habrá que construir de manera
consensuada y haciéndoles partícipes, estas medidas de prevención y sensibilización.
Para ello, hay que recordar que, existen hoy por hoy metodologías con base científica,
que garantizan el éxito del desarrollo de un proceso participativo de similares
características.

De esta manera, el triunfo de las futuras políticas de prevención, deberá de garantizarse
a través del fomento de Presupuestos Participativos, encaminados a la apertura de un
proceso de participación social, organizado y gestionado por expertos. Esto permitirá el
desarrollo en baterías de propuestas locales, adaptadas a la realidad social de sus
vecinos, involucrando activamente en todo el proceso, a la comunidad local, ganaderos,
agricultores, cazadores, operativos de incendios, asociacionismo local, y órganos locales
de gestión como son las mancomunidades, ayuntamientos, entidades locales menores,
etc, y no únicamente consultándolos (también fundamental), sino haciéndolos partícipes
activos en la construcción de cada una de las medidas a emprender en materia de
prevención de los incendios forestales.

Así pues, para lograr el objetivo de construir una herramienta potente y pionera de
prevención, será fundamental que se tengan en cuenta de manera directa los patrones
socioculturales y locales de las áreas en riesgo. Esto deberá de hacerse no solamente
desde un punto de vista técnico ni desde un simple proceso consultivo, sino bajando al
terreno involucrando y mediando de manera directa con todos y cada uno de los agentes
sociales a escala local, que habitan en estas zonas del medio rural. Este proceso servirá
simultáneamente para consultar, mediar, implicar, educar y sensibilizar, empoderando a
sus habitantes en las labores de cuidado y custodia de su territorio, siendo este el punto
de partida en la construcción consensuada de una política preventiva eficaz.

Llegados a este punto en el que nos encontramos, es de vital importancia que la
Administración se pregunte de una manera responsable ¿Cómo vamos a proceder a
partir de este momento? ¿Con que enfoque vamos a elaborar las medidas preventivas en
materia de catástrofes forestales a futuro? ¿Cómo vamos a emprender el camino hacia
una Participación Ciudadana Real? No olviden que, serán las respuestas a estas


preguntas, las que determinen el futuro éxito o fracaso de las políticas de prevención
forestal especificas en nuestra región.

En conclusión, si todos los implicados participan de una manera real mostrando sus
inquietudes e intereses, el problema será resuelto con éxito y las piezas de este complejo
puzzle encajarán. La cuestión que queda en el aire es ¿Se contará con la sociedad local
para resolverlo? Porque esa será la verdadera clave del éxito, implicar al ciudadano de a
pie, para que forme parte activa de la solución al problema, como ya se ha hecho en
otros muchos lugares del mundo con resultados fructiferos.