MANOLO HARO, MEDIO SIGLO DE ENTREGA EFICAZ AL PERIODISMO

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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Manolo Haro ha muerto. Ha sido un mazazo para muchos que nos sentíamos unidos por tantas cosas. Nos ha dicho adiós en silencio, después de sufrir –me imagino- estos días desde que Gloria, su esposa y cuidadora, sufriera un accidente por atropello de un inconsciente. Tuve la primera noticia de este hecho cuando se vio obligado a renunciar a entrevistar a Juan Hormaechea en el reciente acto de la Casa de Cultura, dejando su puesto a Rosa Echevarría. Manolo Haro había sido testigo directo del acontecer torrelaveguense y cántabro del último medio siglo que le proyectaba como el periodismo idóneo para esta entrevista. Además, Manolo Haro conocía bien al personaje al que había entrevistado en varias ocasiones

Recuerdo mis primeros contactos con Manolo Haro en sus primeros momentos como corresponsal de La Gaceta del Norte. Tenía la oficina en uno de los edificios más achacosos de la Plaza Mayor, frente por frente con el negocio de fotografía de Rodolfo Diego. De aquel tiempo recuerdo a Pipi Campuzano y a Chete Castro, hijo del que fuera profesor del Marqués de Santillana y jefe de la policía local, Jacinto Casto, y alguna secretaria de oficinas del inmueble, que íbamos a Quijas o a Barcenaciones a merendar. Creo que era por el año 1974, cuando Manolo llevaba varios años como corresponsal en Torrelavega del periódico católico y tradicional vasco que desde 1964 se comprometió con una edición montañesa que dirigía Jesús Delgado al frente de una pequeño equipo de redactores y que a pesar de sus estrecheces en paginación llevó importantes primicias informativas a sus columnas  Sus pares en la ciudad eran Paco Cayón (El Diario Montañés) y Antonio Bartolomé, corresponsal de Alerta, fallecidos hace tiempo, lo que convirtió a Manolo en decano de los corresponsales de prensa de la ciudad de aquellos periódicos que se disputaban el favor de los lectores en los años sesenta y setenta. 

La delegación de La Gaceta del Norte en la etapa de Manolo Haro contó con un profesional gráfico de gran importancia y acreditada profesionalidad como fue Horacio Bustamante Hurtado. Ya para entonces, sus servicios habían comenzado a ser reclamados por todos los medios de comunicación. Su firma comenzó a divulgarse en el diario deportivo Marca, a partir de los años cincuenta; también en ABC y durante varios años fue corresponsal de la agencia Cifra Gráfica, recibiendo gracias a su intensa labor la insignia de plata de la agencia Efe. Como es bien sabido, la cámara de Horacio fue testigo de los acontecimientos más significativos de la vida ciudadana.

Manolo Haro  compaginó las tareas informativas en la prensa escrita con su presencia en la radio, que era su gran pasión cuando desde niño retransmitía a través de un altavoz que cayó en sus manos las carreras ciclistas de sus amigos de infancia en el barrio de Santa Bárbara, en  Puente San Miguel, donde vivía con sus padres.  Esa primitiva afición se convirtió, finalmente, en su profesión ya que como profesional de la radio destacó brillantemente. Durante muchos años, desde Torrelavega, aportando rango e importancia a la ciudad, realizó un programa ameno y comprometido en Radio Popular de Santander en el que se hizo periodista de radio Javier Rodríguez Codero. Sus experiencias en este medio las llevó a un libro en el que se comprueba su pasión por la radio –aquella radio manual- que él manejaba con soltura y eficacia, cuando todavía no se vislumbraban los cambios que aportaría la era digital.

Como Manolo Haro en el periodismo no puso límite a sus pasiones, participó como director en la puesta en marcha de la primera televisión local: Tele-Torrelavega (TVT),  más tarde conocida por Vegavisión. Corría el año 1991, superando circunstancias adversas como la combinación de esfuerzos de la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Torrelavega por prohibir sus emisiones, tachándola de televisión ilegal. Fue aquella una iniciativa innovadora y atrevida impulsada en lo mercantil por José Antonio Magaldi y Hipólito Fernández, que al igual que Radio Juventud de Torrelavega en 1954, dio importancia y rango a Torrelavega. De aquella experiencia son igualmente notables los nombres de Juan José Crespo, Antonio Coterillo, María Luisa de la Osa, Jesús Martínez Solla y los cámaras Miguel  López y Carlos Díaz Jubete.

En todo este intenso trabajo profesional –sobre el que, seguro, se escapan detalles sobre muchas colaboraciones y vinculaciones a otros medios informativos, como fue, por ejemplo, su presencia durante años en Radio TOP Cantabria- existe un apartado que permite acercarnos aun más a la trayectoria profesional de Manolo Haro: el deporte. No solo promocionó con su atención profesional el deporte vernáculo de los bolos, también fijó su atención y apoyo a la labor que realizaba la Sociedad Deportiva Torrelavega en aquellos tiempos de Eduardo Díaz-Munío y Pepe Laso y, especialmente,  siguió desde sus conocimientos y lúcida crítica los pasos, con sus alegrías y decepciones, de la Gimnástica. Precisamente sobre el representativo torrelaveguense trata su último libro, en el que tuvo también un papel importante Alejandro Campo.

Desde nuestra identidad común, creo mantener la misma reflexión sobre esta ciudad a la que amaba con pasión. Torrelavega está –así lo reflejaba en sus artículos- ante momentos cruciales de su historia. Está claro que en circunstancias como las actuales necesita liderazgos en varios frentes de actividad y trabajo que marquen los caminos a seguir. La ciudad precisa actividad, iniciativa y emprendedores de todo tipo. Torrelavega tiene que salir de la crisis por su capacidad de esfuerzo y por su imaginación para levantar la cabeza en épocas de dificultades. Liderazgo, actividad, iniciativa y apoyo a los emprendedores. Cuatro fórmulas imprescindibles.

Torrelavega lleva un paso lento y cansino en la necesidad acuciante de superar las circunstancias tan adversas que vive. De aquel Torrelavega con aire, hemos pasado a este otro Torrelavega sin aire, como si la interpretación nos hiciera recordar aquellas palabras de nuestro costumbrista Manuel Llano, quien en su primera obra "El Sol de los Muertos", escribió sobre "Aquel cantar quejumbroso de los carros... al paso tardío de las vacas uncideras..." o, sea, el paso de tortuga o hacia atrás que parece dominarnos. El reto no admite mirar hacia otra parte. La herencia para la generación venidera no puede ser la decadencia.

Manolo Haro ha marchado para siempre con el deber bien cumplido. Sirvió con vocación y rigor sus labores periodísticas y abrazó con generosidad todas las causas justas de Torrelavega. Fue un gran amigo y compañero.

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