Miguel Delibes, el gran maestro de las letras españolas

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

La muerte de Miguel Delibes - que se agotó en las primeras horas del 12 de marzo- coloca de luto a las letras españolas. Novelista castellano cuya obra literaria abarca toda la segunda mitad del siglo XX, vida y obra se desarrollan en absoluta coherencia. Miguel Delibes escribe como él es; su literatura es un reflejo fiel de su persona. Ha dado siempre una dimensión ética a su narrativa, conjugándola magistralmente con la estética literaria. “Mi vida de escritor -ha confesado él mismo- no sería como es si no se apoyase en un fondo moral inalterable. Ética y estética se han dado la mano en todos los aspectos de mi vida”.

 

Miguel Delibes representa, además, el ejemplo del escritor que ejerció con brillantez el periodismo desde la dirección de El Norte de Castilla entre 1958 y 1963. No fue facil esta etapa en la que estaba vigente la ley de prensa de guerra de 1938. Era uno de los directores de periódico de provincias que estaba bajo la lupa del franquisimo en un tiempo de censura y de instrucciones ideológicas que emanaban todos los días desde las delegaciones de prensa bajo el control del ministro Arias-Salgado. Sus experiencias en El Norte de Castilla las recoge en su ensayo ‘La censura de prensa en los años cuarenta’ , reflexiones que tienen un gran valor ya que la carrera periodística de Delibes está «marcada por la confrontación con el poder, con el autoritarismo y contra las falsas apariencias de aperturismo».

Cuando dirige El Norte ejerciendo todos los puestos (que inició como "plumilla"),  Delibes ya es un escritor con una importante obra literaria reconocida al ganar el Premio Nadal en 1948 con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada. Su biógrafo, Ramón García, disecciona en su obra que existe un antes y un después de ese premio ya que al obtener este importante galardón, y lograrlo con su primera novela, le animó a seguir escribiendo.

Sus novelas, sus escritos periodísticos, sus crónicas de viajes o libros de caza son un retrato fiel, y no pocas veces crítico, de las tierras y los hombres de su Castilla natal, así como un alegato en favor de la naturaleza y de la perfecta armonía entre el hombre y su medio natural.

Aun siendo Miguel Delibes el novelista por excelencia de Castilla y, sobre todo, el novelista de la naturaleza, Cantabria encontró referencias en su obra y difundió as  bellezas de nuestros paisajes como primer  escritor de guías turísticas de Cantabria. Su amor a nuestra tierra le venía por su abuela materna, natural de Molledo, localidad cántabra en la que pasó muchos veranos. Por tanto, puede afirmarse que  desde el paisaje de su entorno castellano  trasciende su mensaje a una dimensión universal con personajes que son vivos retratos del hombre de la segunda mitad del siglo XX.

Los críticos de la obra de Delibes destacan que la última gran etapa en la vida literaria del autor de Cinco horas con Mario está marcada por la muerte de su mujer, Ángeles de Castro, que dejó una profunda huella en la vida del escritor. Cuando esto sucede, en 1974, Delibes confiesa a los más íntimos su intención de no volver a escribir, y entra en una profunda melancolía de la que tardará algunos años en salir. Esta etapa sin escribir la justificó el escritor afirmando desde esa sabiduría fina que poseía que una novela requiere "una mente en blanco y una profunda concentración".

 

 Tres años después, una vez superado el abatimiento por la muerte de su esposa, Delibes regresó a la novela con otra obra de gran impacto, El disputado voto del señor Cayo, "fruto del contraste entre la actividad bullanguera" de las campañas electorales "y la agónica indiferencia de un pueblo semiabandonado". Aunque al cumplir los setenta años anunció que dejaba de escribir, afortunadamente no fue así y sorprendió a todos con el éxito de El hereje, calificada por el propio Delibes como su novela más "compleja y ambiciosa".

 

La muerte de Delibes evoca el ejemplo del escritor independiente. Lo ha demostrado en su larga carrera periodística -desarrollada en su mayor parte durante el franquismo-; en sus novelas y ensayos y, también, en su actitud y trayectoria biográfica. Uno de sus críticos ha sentenciado que si en su trayectoria vital se puso al lado de alguien, fue siempre  -lo mismo en la realidad que en la ficción- de los perdedores, que es tanto como decir del lado de lo justo.

 Con su muerte, se cierra una larga e intensa trayectoria marcada por la austeridad, la discreción y la ausencia radical de concesiones al espectáculo en el que algunos colegas sustentaron su carrera. El mundo de las letras y sus muchísimos lectores le lloran. Pero sobre todo le agradecen un legado que no muere con él.

 * Escritor y Doctor en Periodismo. Acadécmico C. de la Real Academia de la Historia. Autor miembro de la Cátedra Miguel Delibes.

 


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