Abrir las puertas de la libertad para Cuba

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

Enviar a un amigo

HUBO UN TIEMPO -allá por los años sesenta y setenta- en el que los "barbudos" de Cuba encabezados por Fidel Castro representaron mucho para una generación que creía que el futuro del mundo requería de cambios revolucionarios que marcaran la vía del progreso para los países pobres con el logro de poner límite a las sociedades opulentas o capitalistas que representaban, a su juicio, el demonio del mal. Tiempos aquellos en los que erróneamente la  libertad se asociaba a un activo antiamericanismo y a la lucha por la independencia de los países sometidos a la disciplina “capitalista” de los Estados Unidos de América.
 
Castro y sus compañeros del yate Granma entre los que destacaba el Che Guevara como icono de la nueva esperanza, se convirtieron en mitos emocionantes de un mundo que se quería más libre y más solidario. Quizás la fe de estos románticos era sincera; sin embargo, no lo eran las intenciones de nuevos dictadores de los “barbudos” que expulsaron del poder a un corrupto y títere americano Fulgencio Batista.
 
La alianza de Castro con el comunismo soviético no sirvió para disipar las dudas de los “románticos” antiamericanos de los sesenta y setenta sobre las intenciones totalitarias del dictador cubano. Probablemente el mito Castro se mantuvo porque los países pobres buscaban su lugar en el mundo y en este esfuerzo el castrismo constituía una referencia que despertaba más simpatías que temores. Muchos demócratas confundidos, engañados o resignados quisieron ver en Castro la imagen amable de la revolución pendiente. 

 De todo aquello, del mito, de la revolución, de la lucha por los pueblos y contra el americanismo que representó Castro, quedó con el paso del tiempo la imagen patética de un dictador y una dictadura que viene demostrando con creces que su único objetivo es  el de sobrevivir por encima de los intereses del pueblo. La dictadura comunista se ha desnudado de mitos y esperanzas y sólo queda de ella la imagen de la represión, cárcel y miseria. Del castrismo sólo queda el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue. Debió ser un ejemplo y se quedó sólo en una dictadura tan miserable como otras en las que el adversario es perseguido y detenido.
 
Desde La Habana nos llegan las imágenes de las damas de blanco que con gran valor luchan por la dignidad, que es consustancial a la libertad. Sólo nos llega la triste música del dictador que sólo quiere seguir por miedo a aceptar la realidad de su fracaso. Es patético, por ejemplo, que con motivo de la reforma sanitaria impulsada por Obama, el líder de la revolución escriba en la página oficial de Radio Reloj de Cuba con los mismos argumentos antiimperialistas que hace veinte o treinta años, mientras su pueblo pasa por necesidades que están cubiertas en el mundo occidental hace décadas. Sin duda, el reloj se le ha parado.
 
Un deseo unánime se palpa en estos tiempos:  que se abran en Cuba de par en par las puertas de la transición hacia la libertad. Si hemos recibido a los presos de Guantánamo, aseguremos para Castro y su círculo un exilio en el que no tengan problemas siempre que sea a cambio de la paz, la libertad y el progreso para los cubanos. Y si el Gobierno Zapatero se vanagloria de su amistad con Cuba, que sea para devolverle la libertad –que quizás nunca ha tenido–, no para silenciar la represión que sufre o la miseria que la hunde poco a poco.
 
Hoy, ya no caben dudas sobre lo que está pasando mientras Castro mantenga los resortes del poder. Lo mismo que exigimos que saltara por los aires la dictadura de Pinochet, en Chile, con unas elecciones libres, pedimos que en esa isla tan querida para todos los españoles comience un nuevo amanecer.  España debe ofrecerse al mundo occidental para alentar un proceso de transición y que por las alamedas de La Habana, como por las de Santiago de Chile, puedan pasear los hombres libres expresando sus ideas si miedo a confidentes y a las cárceles de la represión.

Cuba, ahora, nos duele a casi todos. El desastre del sistema es de tal magnitud que hasta los más castristas que viven en España -sobre todo actores y directores de cine- han criticado abiertamente el clima de represión y miseria que soportan los cubanos. En fin, que debiéramos movilizarnos más para abrir a los cubanos, definitivamente, las puertas de la libertad que llegará pronto para que abrazados podamos hacer aquél brindis del poeta:

“…Tu con su licor de uva y yo con mi licor de caña; tu brindarás por mi Cuba y yo brindaré por tu España”. Pero en libertad.


Otros artículos de JOSÉ RAMÓN SAIZ