Varas de medir
Por MANUEL BARTOLOME GARCIA
ENTRE LOS MÉTODOS para medir distancias o separaciones entre dos puntos se nos ocurre a bote pronto citar las millas, cuadras, pies, leguas, varas (de las que hablaremos al final) y algunas otras dimensiones itinerarias, siendo su longitud distinta según qué país o región la tomara por referencia de ese espacio, como la milla marina inglesa (estos británicos son muy suyos: sus pulgadas, sus yardas, sus libras esterlinas y su conducción por la siniestra...) distinta de la terrestre o de la itinerante. Los romanos empleaban las piedras miliarias, mojones devenidos inútiles en estos tiempos de los ordenadores de a bordo, el GPS y demás artilugios para conocer rutas, recorridos, caminos y distancias, que lo hacen ya en kilómetros.
Lo que sí nos resulta más atractivo es hablar o escribir de legua porque es muy hispana o muy castellana (si bien dice el señor Corominas que pudo tener su origen céltico) y divulgada durante la conquista de América, aunque con diferentes longitudes. Medida que utilizó el señor Cervantes para marcar las idas y venidas de Don Quijote y su escudero. Es equivalente a 20.000 pies, es decir 5.572,7 metros, según algunos textos consultados. Pero al comprobar que la legua de “posta” es igual a 4.000 metros, nos causa algún quebradero de cabeza cuando queremos conocer, en kilómetros de hoy, la distancia entre el Puerto de El Pico, en la provincia de Ávila y esa capital. Allí, en lo alto de este espectacular puerto, a la vista del trozo de calzada romana más largo que conocemos, existe una piedra, un leguario que nos señala lo que nos queda hasta alcanzar la ciudad de las murallas por excelencia: según la indicación lapidaria, el Puerto de El Pico está a 10 leguas de Ávila. Ya transitaran a caballo o en carruaje, poco importaba a los transeúntes de entonces, si estas diez leguas fueran poco más de 55 kilómetros de los de ahora o 40 de acuerdo con el concepto de “posta”, porque eran épocas en las que la idea del tiempo y el espacio no era tan estresante como ahora.
Esta indicación pretérita no es la única que hemos visto por esas carreteras. Queremos hacer mención hoy a un mojón situado en las cercanías de las estelas de Barros, en el municipio de Los Corrales de Buelna, en el antiguo camino de las lanas, de los vinos, de las harinas, luego camino real y también y más genérico como camino acemilero; ahora, con motivo del trazado de la Autovía de la Meseta que discurre cercana y paralela, se ha convertido en camino local. Mantiene la referencia leguaria hasta Santander, exactamente 6 leguas y media. Y muy cerca de allí, frente el instituto de las Estelas, está perenne otro hito posterior en el tiempo porque ya se refiere a kilómetros y tiene una particularidad que le distingue de los leguarios citados : esta particularidad algún amigo mío definiría como “perla”, despista al viajero por la sencilla razón de que si uno va desde Los Corrales hacia Torrelavega o Santander, la cara visible del mojón en esa dirección le está señalando la distancia ¡ a Palencia 170 ¡. Si lo que pretende es ir desde Barros o San Mateo, es decir, hacia la capital palentina, le indicará el recorrido que queda hasta llegar a Santander, que refiere como 32 kilómetros. De lo que se deduce que está colocado al revés.
¿Qué ha podido ocurrir para que este hito esté plantado en esa errónea posición?. Pensamos que estaría ubicado en lugar distinto, posiblemente en la cuneta contraria y que al reinstalarlo, quien lo hizo no se percató de las direcciones, y quien tenía que comprobarlo se distraería en otros menesteres; o, tal vez pensara que nadie iba a parar allí para averiguar sus indicaciones; es una simple curiosidad para que el que transita por ese lugar pueda entretenerse con esta original forma de señalar.
Por último queremos citar la vara (835 mm. y 9 décimas); si la palabra vara ya dice de suyo que es para medir (entre otras acepciones), no sabemos muy bien a qué viene añadir “de medir” en el lenguaje habitual; es como si se expresara “distintos metros de medir” con lo que sabríamos en seguida que es redundante. Un ejemplo ilustraría este empleo: cuando en la actividad ciudadana de cualquier tipo se quiere significar que el trato recibido por un sujeto pasivo no es igual al que se otorga al prójimo o semejante, es decir, que ha sufrido un agravio comparativo, se suele echar mano a la expresión de “diferentes varas de medir”, según para quién. Verbi gracia: a un dirigente de una ilegalizada organización le absolvieron de un presunto delito de injurias al Rey porque estaba utilizando su libertad de expresión; días después leímos que a un indigente que tenía su pancarta junto al edificio del Tribunal de Justicia le han condenado por delito similar, según se desprende de la noticia, a una pena pecuniaria y arresto o algo parecido. Su delito fue catalogado como de injurias al Rey. El primero dispuso para sus manifestaciones de micrófonos y audiencia. El indigente de Madrid sólo fue visto y oído por las pocas gentes que habría alrededor. Es éste un ejemplo de lo que se denomina como “diferentes varas de medir”, pero podemos citar otros: las travesuras de “los chicos de la gasolina”, acusados de terrorismo y en consecuencia procesados; por distinta apreciación de otros les reconvierte nuevamente en chicos traviesos, al menos de momento y hasta que otras instancias lo remedien. Y nosotros lo acatamos, faltaba más. En fin, ustedes mismos.
Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA
Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores
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