La muerte del urbanista catalán, Ildefonso Cerdá, en Las Caldas de Besaya

Por PAULINO LAGUILLO GARCÍA-BÁRCENA

El pasado domingo, día 1 de noviembre, los telediarios cerraban las noticias de sus ediciones del mediodía y de la noche con la conmemoración en Barcelona del 150 Aniversario del Plan Cerdá, haciendo hincapié en que a pesar del tiempo transcurrido la figura del artífice de la arquitectura modernista y su obra siguen vigentes.
 
La interesante información que ofreció la televisión estatal incidía ampliamente sobre el espíritu del gran proyecto de Cerdá en la planificación del futuro de la Barcelona metropolitana, como también en la biografía del autor del mismo. Pero lo que no se mencionó, quizás por ser bastante desconocido en España, es que Ildefonso Cerdá Suñer falleció el día 21 de agosto de 1876 en Las Caldas de Besaya, donde se encontraba tomando baños termales.
 
Al día siguiente, 22 de agosto, se personaba en el Juzgado Municipal de Los Corrales de Buelna, a las nueve de la mañana, ante Alejandro Monasterio Ceballos, juez del distrito, y Pedro Manuel Vargas, secretario del mismo, José Riaño, "natural del pueblo de Barros, casado, herrero y con domicilio que se halla en el pueblo de Barros y calle real numero siete, manifestando que D. Ildefonso Cerdá y Sunyer natural de Centillas en la provincia de Barcelona há fallecido el dia veinte y uno del corriente y hora de las diez de su mañana, á los sesenta años y nueve meses de edad á consecuencia de enfermedad cronica del corazon,..."
 
Ildefonso Cerdá Suñer (Ildefons Cerdá i Sunyer) había nacido el día 23 de diciembre de 1815 en la localidad catalana de Centelles, cuyo nombre histórico proviene de una batalla librada en su castillo y que a causa de la dureza de la misma se profirió la frase "Rayos y centellas". Cuando falleció habían transcurrido desde su nacimiento sesenta años y casi ocho meses por aquellas fechas, siendo por tanto muy aproximado a la realidad el dato facilitado al respecto por el citado vecino de Barros en su comparencia ante el Juzgado de Los Corrales de Buelna.
 
El juez dispuso se extendiera el acta correspondiente, "consignandose en ella ademas de lo expuesto por el declarante y en virtud de las noticias adquiridas las circunstancias siguientes: Que el mismo estaba casado con Dª Clotilde Bosch y Mustreh que lo es de Barcelona y con domicilio en la misma ciudad y de este tubo cuatro hijos. Que se ignora si otorgó testamento. Y que su cacadaver se habrá de dar sepultura en el cementerio de la Yglesia parroquial de San Martín del pueblo de Barros. Todo lo cual presenciaron como testigos D. Francisco Blanco y Villaba y D. Vicente Tezanos naturales el primero del pueblo de Coo y el segundo que lo es de Cieza Ayuntamiento del mismo nombre, casados y mayores de edad y ambos domiciliados en este distrito".
 
Los restos mortales del famoso ingeniero y político catalán de la segunda mitad del siglo XIX fueron fueron exhumados en 1971 y trasladados a Barcelona. Veinte años más tarde la prensa catalana criticaba la forma en que se había hecho, como sigue: "Pese a que sus restos mortales fueron portados de un cementerio del norte de España en un deshonroso camión de mudanzas, fue enterrado en Barcelona en un lugar de honor y con una losa escultórica". El lugar de honor a que se refería la denuncia es el cementerio de Montjuic, donde sus restos descansan en un panteón de mármol blanco en el que se reproduce una parte del plano del Ensanche que elaboró en 1859.
 
El autor del Proyecto de Reforma Interior y Ensanche de Barcelona fue además de un verdadero artífice del urbanismo moderno también presidente de la Diputación de Barcelona y diputado en Cortes por la misma, destacando por su ideología liberal. Precisamente sobre esta su ideología publicaba el diario "la Imprenta" dos días después de su muerte en Las Caldas de Besaya que "El señor Cerdà era liberal y tenía talento, dos circunstancias que en el estado español perjudican y suelen crear muchos enemigos".
 
Entre las paradojas que se dan en la vida la actual Plaza de Ildefonso Cerdá en Barcelona no se encuentra en El Ensanche que él proyectara. Lo mismo que habrían de pasar muchos años hasta que su nombre quedara perpetuado como se merecía. El día 23 de mayo de 1889 el Ayuntamiento de Barcelona adoptó el acuerdo unánime de erigir un monumento en su honor en dicha ciudad e incluso llegó a colocar la primera piedra. Se trataba de una obra escultórica del arquitecto Pere Falqués. Pero cierta campaña de desprestigio en la prensa dio al traste con aquel proyecto. Sobre aquellos momentos se dijo que "Persistió la leyenda de que no era ni catalán, de que era un hombre al servicio del mas abyecto centralismo madrileño, de que era un visionario y un inepto, padre, en fin, de todos los males supuestos e imaginarios". Fue con motivo de cumplirse en 1959 el centenario de su famoso plan urbanístico cuando "El Ayuntamiento Porcioles tuvo la sensibilidad de recuperar su memoria y de enaltecer su desprestigiada figura. Le consagró una plaza; a su vera le erigió un monumento, obra del arquitecto Antoni M. Riera i Clavillé; y le dedicaron una serie de conferencias en el Ateneu".
 
Cuando el prestigioso Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos se inclinó por la política manifestaba que "mi fortuna toda entera, todo mi crédito, todo mi tiempo, todas mis comodidades, todas mis afecciones, y hasta mi consideración personal en la sociedad, a la idea urbanizadora». Y lo hizo hasta tal punto que cuando fallecía en Las Caldas de Besaya en 1876 estaba semiarruinado porque el Gobern de Catalunya le debía mucho dinero por sus trabajos.
 
Sobre su figura política y bajo el título "La política práctica. Cerdá y la Diputació de Barcelona", ha sido muy visitada en el hall de dicha institución catalana una interesante exposición de documentos históricos, fotografías y audiovisuales, cuya clausura estaba prevista para el último día de junio pero ante el gran éxito de la misma fue aplazada hasta el pasado día 30 de octubre, fechas en que se cumplía el 150 aniversario de la aprobación de histórico proyecto del Ensanche de Barcelona.
Ildefonso Cerdá Suñer engrosa la lista de personajes ilustres que antiguamente tomaron las aguas en el Balneario de Las Caldas de Besaya, como fueron la Reina Isabel II, el Cardenal de Toledo (además de obispos de distintos puntos de España que se alojaban en el convento) o el famoso tenor lírico Miguel Fleta.
 
PAULINO LAGUILLO GARCÍA DE LA BÁRCENA  es miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores.


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