ESPAÑA Y CANTABRIA: Llegó la hora de la responsabilidad

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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ESTE MES DE MAYO DE 2010 ES DIFERENTE a otros mayos anteriores y en cuanto a cambios que se exigen y reclaman a todos los niveles, el antecedente más cercano en cuanto a espíritu revolucionario habría que buscarlo en el mayo francés de 1968, hace nada menos de cuarenta y dos años. En el conjunto de España el gran problema es el de la economía y las medidas drásticas que se han tenido que tomar; a nivel de Cantabria el eje de atención se centra en el tiempo que queda de vida a la actual coalición de Gobierno después de que el ministro Blanco afirmara hace unos días que es un gran despilfarro un tren vital para Cantabria como es el AVE, cuando hace semanas bendecía las primeras adjudicaciones y afirmaba que nuestra comunidad contaría con alta velocidad con Bilbao y por Palencia-Valladolid hacia Madrid. 

 

Es cierto a nivel de España los males no tienen la profundidad y el calado de Grecia, pero las recetas para abordarlos son, en cambio, idénticas. Se veía venir. El último en querer enterarse era el Gobierno. Zapatero se ha descolgado de la noche a la mañana con un ajuste de caballo. Ya no es sólo que funcionarios y jubilados tengan que pagar los platos rotos con una importante merma de sus ingresos, sino que los gobernantes nos han tomado por tontos inflando previsiones, hinchando velas de optimismo, complaciendo a todo el mundo. Alentaron la inconsciencia en medio del peligro y sembraron la peligrosa semilla de la desconfianza. Casi nadie cree, hoy, en Zapatero, como parece que tampoco tenga confianza en el opositor Rajoy, que no es capaz de controlar las varias corrupciones que asoman por su partido demostrando que si no es capaz de gobernar su casa, mal puede aspirar a dirigir la nación.


Hoy nos enfrentamos ante un gran problema nacional que exige sacrificios y gran sentido común. Échese la culpa a especuladores, disfrácese la cosa con la jerga que se quiera, invéntense atribuciones externas para evitar responsabilidades, el problema es bien sencillo: como en cualquier hogar, hay que garantizar que el gasto del país sea inferior a los ingresos, porque de lo contrario llega la ruina. Sólo de intereses el Estado paga por el dinero que le prestan en el extranjero para funcionar, que es muchísimo, tanto como en subsidios de desempleo, otra factura bárbara e insostenible durante mucho tiempo. De repente, el cataclismo se ha instalado de sopetón y son muchos los temores extendidos por la sociedad española. La herida económica ya nos escuece a todos.


Pero hoy ya no es lugar para poner a caldo al Gobierno –que lo hicimos cuando no hacía nada o negaba la crisis- pero que debemos medir cuando, por fin, se remanga y toma medidas. Ya no es el momento de mirar atrás y echar en cara a Zapatero por lo que no hizo, cuando la situación lo reclamaba. Es cierto que desde la oposición se dio la voz de alarma, pero Rajoy no supo transmitirla con credibilidad, quizás más preocupado de ver pasar el cadáver del rival por delante de la puerta, no fue capaz de conectar con la sociedad. Uno y otro no fueron capaces de escribir otra historia de patriotismo –como el capítulo de los Pactos de la Moncloa que impulsó Adolfo Suárez-   y se enzarzaron en juegos de políticos del toma y daca, mientras la sociedad atónita comprobaba la irresponsabilidad de ambos. Esta vez eran gigantes, no molinos.

Tenemos que aceptar una dolorosa evidencia. No somos ricos y hemos vivido durante años por encima de nuestras posibilidades. Pero seguimos y seguiremos en muchos disparates. Entre las medidas, a golpe de congelación a los pensionistas les van a suponer una merma de 1.500 millones de euros; sin embargo, las televisiones autonómicas nos costarán este año 1.200 millones de déficits, la gran razón en la que sustenta Revilla su mensaje de rechazar una televisión regional en Cantabria. Pero a algunas regiones no les vale con una, tienen dos y hasta tres. Al tiempo, las autonomías han avanzado en opacidad con la creación de decenas de empresas públicas, muchas de difícil justificación. Con crisis y sin ella, las administraciones públicas distan mucho de ser eficaces. Ni las autonomías pueden ser pequeños estados, que es lo que persiguen, ni el Estado puede seguir gobernando como antes con la mitad de dinero. Estamos instalados en un error permanente y hay que hacer frente a tanto disparate.


Los retos son de envergadura y en muchas instituciones vegetan personas sin preparación ni oficio, que sólo aportan a su haber la disciplina partidaria. Y, sin embargo, son momentos en los que se precisan gentes preparadas y con rigor político en el objetivo ineludible de reformarlo todo: educación, sanidad, control del gasto público, códigos éticos, mundo laboral... o finiquitar de la política a los pelotas, el escaqueo, los ascensos sin mérito, los sobrecostes, los concursos a medida. Hay que reformar radicalmente muchas cosas para que nuestra nación recupere la senda que ha perdido cuando la transición nos enseñó muchas cosas buenas. En estos años de tanto político mediocre a imagen y semejanza de los partidos –esa mediocridad de la que es un ejemplo el Gobierno Zapatero salvo cuatro o cinco importantes excepciones- se nos presenta como una gangrena que hay que amputar cuanto antes mejor. Necesitamos de todo, pero sobre todo desterrar a tantas cigarras y empezar a ser hormigas.

 

En Cantabria existe la oportunidad de que un pacto escrito entre partidos para gobernar sea no sólo un compromiso entre dos sino con la ciudadanía. Así debe entenderlo el Presidente de Cantabria que se ha visto traicionado –pero no sólo él, sino todo un pueblo- por el ministro Blanco al intentar escribirnos nuestra historia pero al revés y, además, impuesta: que para ir a Madrid tengamos que pasar por Bilbao en cuanto a la alta velocidad se refiere.

 

Miguel Ángel Revilla tiene que tener presente, por tanto, que la actitud del PSOE y del Gobierno de la nación no representa un grave desaire para él y para su partido, sino que lo es para toda la ciudadanía. Y, en nombre de la ciudadanía, debe actuar. Tiene más coste para todos los cántabros la tomadura de pelo que representa Blanco para los cántabros, que un Gobierno monocolor que en un año puede ser más eficaz, incluso, que entre dos que ya comienzan a mirarse con profundo recelo y a repartirse tobillazos. 

 

Revilla ha querido la estabilidad a fuerza, incluso, de ser excesivamente zapaterista; pero las circunstancias lamentables que se viven en cuanto a traición a Cantabria le han puesto en bandeja –sin buscarlo, por supuesto- que como Presidente de la Comunidad Autónoma tiene que defender la dignidad y el interés general antes que un pacto escrito y no cumplido por una parte. Precisamente en ese objetivo de regenerar la vida política se encuentra el de ser auténticos en el ejercicio de las responsabilidades y de responder con ética y no con componendas de poder ante situaciones ciertamente anómalas.

 

Una mayoría de Cantabria está expectante y desea que las cosas funcionen  con responsabilidad: deberá continuar el pacto si Blanco y Zapatero rectifican y reponen las inversiones para el AVE como estaban previstas y pactadas. Pero Revilla como Presidente y con el poder ejecutivo que le corresponde, deberá dar por muerto el pacto porque la ciudadanía no entendería –y menos en él con una trayectoria larga de defensa de Cantabria- si el ministro se mantiene en sus trece. Así están las cosas y a Revilla no le debe pesar gobernar en minoría si precisa hacerlo en este año que resta de Legislatura.

 

Finalmente, la oposición está en más de lo mismo. En vez de reclamar con el Presidente el AVE, se dedican a menospreciar su figura política e institucional en lo que representa, al tiempo, ningunear las aspiraciones generales de los cántabros. Su pérdida de papeles es casi constante. El jueves pasado, por ejemplo, el alcalde De la Serna asistía con el señor Revilla a una fiesta universitaria en la que ochenta o noventa jóvenes recibían sus títulos. En los discursos, el primer regidor de Santander dio una prueba de no saber estar y que todo les vale para sus intereses políticos. En su disertación (mejor mitin) se refirió a cuestiones partidistas y a defender su gestión en cuanto a reducción de deuda, lucha contra el paro, viviendas, etcétera. Los cientos de personas que asistían al acto no daban crédito a lo que escuchaban, pues su discurso estaba fuera de lugar. Aquello era un acto universitario y académico, no partidista. Revilla, consciente del traspiés del líder popular, hizo discurrir su discurso por otra senda más abierta y menos partidista y en varios momentos fue interrumpido con aplausos. Es la prueba de la veteranía política frente a quienes, como en el caso que nos ocupa, no saben estar o pierden con facilidad sus papeles.

 

Concluyendo, España y Cantabria nos llaman a la responsabilidad. Un tiempo difícil y realmente adverso ante el que se precisan criterios firmes y políticas serias. Zapatero, en parte, ha tomado ese camino pero es casi un cadáver político; Revilla, por su parte, se enfrenta como Presidente y dirigente político ante una circunstancia casi excepcional que mide el tiempo de los liderazgos: si Cantabria sale finalmente maltratada, tiene ante sí dos caminos diferentes: si sucumbe, su partido saldrá malparado y su biografía herida;  si actúa consecuentemente con el significado de un pacto de gobierno con la ciudadanía, demostrará que su liderazgo sigue vigente y aunque el PSOE sea el derrotado por salir del Gobierno, el PP tendrá un camino más complicado y quizá menos victorioso ante las elecciones de 2011.


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