Por JOSÉ RAMÓN SAIZ
EL PRESIDENTE ZAPATERO acaba de anunciar que aliviará al sector de las constructoras al rebajar los efectos del importante recorte inversor dictado por el Ministerio de Fomento del que es titular José Blanco. Es decir, apenas tres semanas después de que el ministro anunciara en la Cámara Baja el alcance de los recortes de su departamento, el Presidente del Gobierno anuncia que de lo dicho nada y que incluirá medidas correctoras para que obras que están paradas desde hace dos o tres semanas y, por tanto, despedidos sus trabajadores, vuelvan todos al tajo. Esperemos que en esa decisión se incluya a Cantabria y obras que son muy necesarias se reanuden ya que dejarlas a medio terminar representa una imagen para el Estado ciertamente lamentable.
Pocos españoles entendemos todos estos bandazos del Presidente del Gobierno. Parece como si gobernara con su equipo desde la improvisación, como se demuestra desde que la crisis económica comenzó a afectarnos de lleno y, sin embargo, desde el propio Presidente de Gobierno a su ministro y vicepresidente de Economía, señor Solbes, se negaba la recesión que comenzaba a extenderse por Estados Unidos y Occidente. Los ejemplos de gobernar sin un rumbo fijo son varios y de distinta dimensión, pero para muestra la siguiente:
1. Reforma de las pensiones. El Ejecutivo central envió en enero de este año un documento a la Unión Europea (UE) que contenía el «plan de estabilización» de la economía española. En referido plan se detallaba, además de prolongar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, la posibilidad de alargar de 15 a 25 años el tiempo necesario para poder acceder a una pensión. El Gobierno dio marcha atrás argumentando que se trataba de un error en el documento.
2. Los impuestos a los ricos. Tras el diseño del decreto que rebajaba el 5% el sueldo de los empleados públicos y congelaba las pensiones, el Gobierno Zapatero apuntó a que el siguiente paso sería aumentar los impuestos a las rentas más altas. Varios ministros del Ejecutivo comenzaron a contradecirse sobre la cuestión durante los días siguientes; unos apoyando la subida, y otros rechazando que ni siquiera se hubiera tratado en el seno del Gobierno. De momento, sólo algunas autonomías han tocado los impuestos.
3. La deuda de los ayuntamientos. Veinticuatro horas. Éste fue el tiempo que tardó la vicepresidenta Elena Salgado en modificar el decreto en el que se prohibía a los ayuntamientos, desde el momento de su publicación a finales de mayo, contraer más deudas con los bancos. Las presiones de los entes locales llevaron al Gobierno a retrasar la medida hasta 2011. El Ejecutivo, como en el caso de las pensiones, argumentó una errata en el texto publicado en el BOE.
4. Los funcionarios. El Gobierno y los sindicatos de funcionarios firmaron en 2009 un acuerdo para subir el sueldo a los empleados públicos. Cien días después, y ante la indignación sindical que ha desembocado en la convocatoria de una huelga general, el Gobierno, a través de su Presidente señor Zapatero, rebajó sus sueldos un 5%.
Con estos antecedentes no debe extrañarnos la nueva rectificación de Zapatero, aunque ésta la saludemos con satisfacción ya que un Estado no puede quedar parado. A este respecto, tenemos que señalar que el Gobierno socialista lleva meses explicando los motivos por los que iba a «ralentizar» buena parte de la obra pública en todo el país. Blanco concretó el recorte el 22 de julio en el Congreso, todo un mazazo para Cantabria al ordenar la suspensión de importantes infraestructuras. Días después, Zapatero prometió retomar tres de las cinco obras anuladas en Cataluña. Ahora, apelando a que ha mejorado la situación económica (?), afirma que se retomarán obras suspendidas en todo el país en un plazo de diez o quince días. El ministro, por el momento, no ha dicho nada. Demasiado rectificar, como el caso del AVE a Cantabria, empeñado que fuera por Bilbao y que ahora estampa su firma para que venga por Palencia. En fin, demasiados bandazos para gobernar un país -que se proyecta ante el mundo como serio y responsable- en una situación realmente grave en lo económico.