Curiosidades del lenguaje

Por MANUEL BARTOLOME GARCIA

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La lustrosa Real Academia de la Lengua, aplicada a preservar nuestro idioma, pero también a mantenerlo vivo y, por tanto, mutante, se presta a incorporar a su diccionario todo aquello que, tenido por novedoso, pueda añadir, incrementar o revalorizar el brillo y esplendor que el lenguaje español tiene ya por sí mismo.

 

Hay otra variante en la perseverancia y agilidad del habla española, y es todo aquel vocablo que, habiendo tenido su origen siglos ha, cayó en desuso después y en esta época disfruta de un renacimiento, un resurgir producido por la moda imperante, por el estilo, por “la última” en la expresión costumbrista.

 

A uno le hubiera gustado captar el punto exacto de ese renacer de algunas palabras. Por ejemplo, el término icono. Situarse tan en la actualidad ha podido tener su origen por culpa o gracias a la informática. En efecto, todas esas figuritas o signos convencionales que aparecen por los bordes de la pantalla de nuestro ordenador, han recibido el nombre genérico de iconos. Y todos lo aceptamos de manera general o unánime, porque sabemos, cuando lo oímos o leemos, a qué se están refiriendo. Sin embargo, poco se utilizó hasta nuestros días, a pesar de su origen griego bizantino como componente o elemento de otras palabras compuestas. Y Joan Corominas (cuya magistratura no es discutible) nos decía que estaba mal adaptada del ruso a través del francés (icône) que, al castellanizarlo debiera haberse tomado, en nuestra propia conclusión, basándonos en su fonética,  como icon.

 

Una manifestación moderna de conducta a seguir, modelo a imitar, como pauta de comportamiento ejemplarizante, es lo que se conoce actualmente como referente, participio activo de referir, que aparece – seguimos al maestro filólogo y romanista español – a mediados del siglo XVIII y que, ahora, renace con ese significado determinado, aunque el DRAE lo atribuye al “que refiere o hace relación a otra cosa”.

 

Y vamos con lúdico, adjetivo perteneciente o relativo al juego, del latín ludus, juego, diversión. O también en relación con LUDIR, del verbo latino ludere, jugar, retozar, incluso carnalmente.  Lo veremos en todo programa de actos que se precie, en relación a sucesos de disfrute y jolgorio. No creemos que, en las referencias a fiestas y juegos de los llamados profanos, se empleara este vocablo hace 20 ó 30 años. ¿Dónde y cuándo comenzó a vulgarizarse o divulgarse toda manifestación comunitaria de distracción, regocijo y recreo como acto lúdico?. Tal vez exista algún curioso investigador que pueda establecer el inicio del empleo de lúdico para reseñar estas distracciones. Estamos convencidos de que, en el futuro, se repetirán trabajos como el de Joan Corominas, (la última edición de su diccionario lo firma como Joan Coromines: hasta aquí llegan las inmersiones lingüísticas) en los que aparezca la datación exacta o aproximada de su uso actual. 

 

En cuanto a evento, aparece en octavo lugar de la lista de sinónimos de acontecimiento  y, por el contrario, esta última palabra se relaciona como primer sinónimo de aquella. Evento se ha considerado como “acontecimiento de realización incierta”, pero esta acepción se ha modernizado (¿?) como “eventualidad, hecho imprevisto o que puede acaecer”. Sin embargo, para llegar al significado que se le atribuye últimamente debemos consultar la tercera acepción derivada de su empleo similar en Cuba, El Salvador, México, Perú, Uruguay y Venezuela. Allí lo han definido como “suceso importante y programado de índole social, académica, artística o deportiva”. Es ésta la aplicación de moda, de tal forma que existen profesionales de la organización de actos y así lo hacen constar en sus tarjetas de visita: “organizador de eventos”. Es de suponer que hace varios lustros, lo de “organizador de eventos” se definiría como “encargado de las fiestas” o “responsable de los juegos” porque, con toda seguridad, no existía esta profesión ubicada actualmente en el sector servicios.

 

En fin, paciente lector, puede seguir utilizando a discreción icono, referente, lúdico o evento,  en las aplicaciones y acepciones actuales, porque su empleo no está proscrito; antes al contrario, cuenta con todas las bendiciones de la que da brillo y esplendor.

 

Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA.- Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores.


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