El
presidente Rajoy ha insistido en que la diplomacia española "debe tener
una clara orientación económica". Estos días ha tenido tiempo de poner
en práctica este principio en su viaje de ida y vuelta desde EE.UU. a
Europa, desde la búsqueda del crecimiento hasta las exigencias de la
austeridad en una coyuntura económica difícil.
La economía
internacional está atravesando un nuevo bache, que no sólo se detecta en
Europa, sino también en EE.UU. y China. En los mercados, la liquidez,
al igual que el crédito, no abunda. El caso Bankia ha dado la vuelta al
mundo. La suerte de Grecia está en el aire, lo que provoca presiones
sobre el euro.
Casi todo gira hoy en torno a Europa, incluida la
reelección de Obama, que el pasado fin de semana hizo un movimiento para
que la zona euro zanje la fase de la austeridad y pase al crecimiento,
en línea con sus propias estrategias expansivas. De hecho, el inquilino
de la Casa Blanca podría hacer algo por Europa en este sentido:
renunciar a la política de dólar débil, fruto de una política monetaria
muy laxa de la Reserva Federal destinada, entre otras cosas, a fomentar
las exportaciones norteamericanas frente a otros. Países emergentes como
Brasil ya han mencionado a su vez esta cuestión.
En cualquier
caso, Obama pudo comprobar en Camp David su escasa influencia sobre una
Europa que quiere tratar sus problemas en circuito cerrado, lo que hace
de la diplomacia en la zona interna una cuestión central. Es aquí donde
España empieza a tomar iniciativas respecto a la nueva fase (la de
construir el edificio incompleto de la moneda única) que arranca.
Hasta
ahora, el Gobierno de Rajoy ha sentido una elevada sintonía con la
alejada Gran Bretaña (con la que comparte la idea de un calendario de
ajuste más acorde a los ritmos de las economías, así como el proyecto de
desarrollo del mercado interior digital europeo), pero las
circunstancias le están aproximando de una manera cada vez más visible a
Alemania.
Lo dijo el jueves en Roma el patrón del BCE, Mario
Draghi: Europa vive un momento decisivo en el que se requiere mucha
imaginación. Hay propuestas que a corto plazo se están desechando, como
los eurobonos que defienden Francia e Italia, y sobre los que Rajoy se
ha alineado con Angela Merkel por juzgarlos prematuros. Se requiere
cambios de tratados y una aproximación mayor a una unión fiscal (así
como un acercamiento de los tipos de interés que han de pagar las deudas
soberanas) para que vean la luz.
Con la canciller alemana,
España ha avanzado en la idea de promover la unión bancaria europea, que
puede ser abordada en la próxima cumbre del 30 de junio y aplicada en
un plazo de tiempo relativamente breve. Una medida así supondría un gran
alivio para la banca española, pendiente de auditorías internacionales
sobre su estado y necesidades reales.
Respecto al impulso de
nuestra economía, España juega la partida en el tablero de Bruselas,
donde el comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, ha mostrado su
disposición a "aplicar el Pacto de Estabilidad en el sentido del
crecimiento". Un aplazamiento del cumplimiento del plan de ajuste es por
ello posible. Quedan dos años para que se resuelva la crisis de la
deuda soberana, según Alemania. De modo que mientras los nuevos
escenarios se van despejando, España confía en el BCE para cubrir los
riesgos temporales. Hay mucho frente abierto pero también se ven
perspectivas.
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