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Fianza millonaria para un ex-presidente y ex-ministro nada ejemplar

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LA RETIRADA DEL PASAPORTE al ex presidente y ex-ministro de Aznar, Jaume Matas, y la millonaria fianza que han pedido los fiscales para que –a la espera de ser juzgado– eluda la cárcel, se corresponden, sin duda, a la gravedad de los delitos que se le imputan. Nada más y nada menos que tres millones de euros, toda una marca en los anales de la fiscalía anticorrupción de Baleares, superando con creces la que fue impuesta a su antigua socia, Maria Antònia Munar, y a todos los políticos que han sido investigados hasta el momento. Pero, sobre todo, estamos ante una fianza ejemplar, millonaria, para quién presidió la autonomía balear de manera nada ejemplar.

Desde hace tiempo el escándalo estaba servido, pero el PP y Rajoy miraban para otra parte. Sólo hay que recordar que a instancias de la Fiscalía, se inició la llamada operación Buckingham, que trataba de demostrar el injustificado aumento patrimonial del ex-ministro Matas. Por entonces, Matas y su mujer ya no vivían en Palma de Mallorca, pero habían dejado el rastro de aquellos meses de desenfreno económico. En noviembre del 2009, la policía registró la vivienda del matrimonio y halló un palacio del lujo. Suelos de mármol y roble, bañeras forradas de piedra viva, más de 30 obras de arte de gran valor, ocho televisores de plasma valorados en 40.000 euros, 150 trajes, 50 pares de zapatos de marcas exclusivas sin estrenar, 50 botellas de vino Vega Sicilia, casi 160.000 euros gastados en decoración y menaje. El gusto por el lujo les llevó incluso a comprar escobillas de váter de 375 euros cada una. To oesto se encuentra en el informe sobre la inspección judicial ordenada en su día.

Los ciudadanos en general, los medios de comunicación, los partidos que forman el gobierno y hasta algunos dirigentes del PP, con la boca pequeña –eso sí – hace tiempo que pedían al ex presidente que despejara todas las dudas sobre el origen de su incremento patrimonial y del alto nivel de vida que llevaba, pero ante el juez el imputado quiso escurrir el bulto, responsabilizando de las irregularidades a sus subordinados y justificando su riqueza en herencias familiares y cobro de alquileres en negro.

En definitiva, que Matas ha preferido pasar como defraudador de Hacienda, buscando la complicidad del lado más oscuro de  una buena parte de la llamadasociedad pudiente, antes que reconocer su participación o siquiera responsabilidad en el descontrol del Palma Arena, el mayor despilfarro de dinero público -se dice- de la historia autonómica balear.

Jaume Matas ha confesado ser un defraudador de Hacienda y, paralelamente, un pésimo gestor de los dineros públicos.  Es evidente que si su comportamiento como ciudadano, que debe pagar religiosamente sus impuestos, dejó mucho que desear, no muy diferente debió ser como presidente. Como mínimo, no es de recibo que sea incapaz de explicar cómo se duplicó el presupuesto del velódromo, del mismo modo que es inaceptable que responsabilice de todo a personas de su confianza.  

Al solicitar medidas cautelares como las que han pedido los fiscales es evidente que las explicaciones dadas por Matas no han despejado ninguna de las dudas existentes. Antes bien, dejan claro que hay indicios suficientes para que la investigación judicial siga adelante hasta sus últimas consecuencias, que es lo que está demandado la sociedad no sólo balear sino española, teniendo en cuenta que Matas también fue ministro de Medio Ambiente con Aznar. Para llegar a saber toda la verdad sobre lo ocurrido la pasada legislatura habrá que esperar a los juicios, tanto de Matas como de la ya ex-presidenta del Parlamento balear, Maria Antonia Munar, pero esto no es óbice para que los partidos que les ampararon no inicien ya un acto de contrición y, especialmente, de revisión de unos hechos y de unos comportamientos que nos han desprestigiado a todos. Rajoy, por supuesto, no puede mirar a otra parte, mientras que es de esperar alguna especial ocurrencia por parte de José María Anzar. Al tiempo.


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