DEL FRONDOSO bosque de 50.000 folios que constituye el sumario del caso Gürtel -que Ignacio Diego confesó no había tenido tiemp ode leer y, por tanto, no tenía opinión al respecto- destaca inevitablemente la figura del senador del PP Luis Bárcenas, tesorero que ha sido del partido y presunto enlace entre este y los manejos de Francisco Correa, el supuesto urdidor de la trama de corrupción. Si en el caso GAL nunca se supo quién era el señor X, en el caso Gürtel parece que no caben dudas: Luis Bárcenas.
La reacción del PP de Cantabria y de su cúpula directiva -Ignacio Diego, Íñigo de la Serna, Francisco Rodríguez y otros- ha sido la de calificar de "inmorales" al PRC y PSOE y de apelar a la presunción de inocencia de Bárcenas. Incluso, después de que el sumario afirma que se ha beneficiado de millón y medio de euros y que con la trama estaban organizados para esquilmar el dinero público (el de Administraciones gobernadas por el PP), los populares en Cantabria nos hablan de su inocencia y no le piden, como la ética exige, la resignación del puesto de senador que detenta por el voto de 150.000 cántabros.
No es tolerable la reacción del PP en Cantabria; no es de recibo la actitud de sus dirigentes. Bárcenas ni el PP pueden apelar a la presunción de inocencia al tratarse de un cargo público y con pruebas en su contra contundentes. Por respeto al electorado y a los militantes del PP debiera dimitir, mejor hoy que mañana, de su cargo de senador. La instrucción del sumario llevada a cabo por el juez Antonio Pedreira para establecer el pliego de cargos es demasiado prolija en detalles, nombres y situaciones como para imaginar que gasta pólvora en salvas.
En el caso de Bárcenas, y lo que a su alrededor se mueve, es imposible desgajar los privilegios derivados de su condición de aforado de su resistencia a abandonar las instituciones y ocuparse de su defensa. Es una anormalidad absoluta que se mantenga en su escaño mientras la policía ha puesto a disposición del juez material suficiente para fundamentar la hipótesis de que el senador mantuvo estrecha relación con Correa y con otro de los implicados en el caso: Jesús Sepúlveda, exalcalde de Pozuelo de Alarcón.
Lo dicho para Bárcenas vale para el resto de cargos electos que figuran en la lista de cerca de 70 imputados. Es innecesario disponer de la entera literalidad del trabajo realizado por el juez Pedreira - Diego sigue leyendo los 50.000 folios- para llegar a la conclusión provisional de que una parte del PP hizo de su capa un sayo y de la política, un negocio lucrativo.
El PP en Cantabria debe actuar pero de forma radicalmente a como lo ha hecho. No tiene más opción que pedir la dimisión de Bárcenas y devolver a Cantabria el escaño que este señor ha ensuciado. Por respeto a los cientos decargos públicos honrados y eficaces que tiene el PP en la región y por respeto, igualmente, a los 150.000 lectores ya que cuando le votaron desconocían su vocación por desvalijar al Estado. Sí, igual que hicieron los Filesa, Roldán, los responsables de los fondos reservados y otros delicuentes. Bárcenas y otras decenas de personas vinculadas al partido, Matas, mañana Fabra, el de Castellón, son demasiados escándalos de gentes del PP.
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