La decisión del Ministerio de Fomento de suspender, a cuarenta y ocho horas del acto, la colocación de la primera piedra de los del AVE de Palencia hacia Reinosa, representa un hecho de suma gravedad ante el que la reacción de los ciudadanos debe llamar a una profunda crítica hacia quienes -en este caso el ministro Blanco y el Presidente Zapatero- parecen despreciar las aspiraciones de esta comunidad en materia de la alta velocidad. Una vez conocida esta decisión unilateral del ministro de suspender el acto, el Presidente Revilla ha reaccionado en una línea de acción en la que nunca se debe fallar a Cantabria y a sus gentes: la defensa de nuestros intereses y el rechazo a toda decisión que tienda a subtramos adjudicadospisotear la dignidad de esta Comunidad Autónoma.
Aun nos encontramos en una situación de electroshock por las medidas anunciadas ayer por Zapatero, cuando hoy el contexto se agrava para los cántabros al "oficializarse" que algo poco o mucho -sin especificar, por el momento- podría pasar con el proyecto de AVE a Cantabria. La decisión del ministro Blanco no tiene encaje posible en los compromisos de una coalición de gobierno que tienen como centro del pacto las infraestructuras y, dentro de este capítulo, como gran prioridad la alta velocidad. Pero la decisión es, todavía, más incomprensible cuando se trataba de colocar la primera piedra de unos subtramos que están adjudicados, es decir, que hay unas empresas que tienen unos contratos firmados con la financiación prevista para la inmediata construcción.
No es la primera vez que los socialistas maltratan a Cantabria en esta materia. En 1983 el Gobierno González anunció que en cuatro años finalizarían en Santander-Mediterráneo. Fue una gran mentira. El PP que apoyaba desde la oposición esta demanda, cuando llegó Anzar al poder se olvidó del compromiso y ambos partidos procedieron al entierro definitivo de este histórico proyecto con el que únicamente cumplió en plazos y ejecuciones la dictadura de Primo de Rivera en los años veinte del siglo pasado.
Se puede afirmar que España despertó ayer bruscamente de un sueño que parecía que no se iba a acabar nunca. Pero, finalmente, la actitud de las autoridades de no darse por enteradas de la gravedad de la crisis se ha terminado. Se negó su existencia, no se acertó con las medidas y hoy, afortunadamente, Europa nos marca la agenda como si España fuera un protectorado. De esa misma manera, pero con clara irresponsabilidad, parece tratarnos el ministro Blanco como si entendiera que Cantabria es también un protectorado o una tierra conquistada, lo que le permitiría actuar como le venga en gana jugando con una aspiración tan unánime de los cántabros como realmente representa el AVE.
El mensaje de Revilla a sus coaligados pero también a toda la sociedad cántabra ha sido claro: “Si no hay AVE, no hay pacto”. Esta exigencia es una prueba del valor de los partidos y gobernantes independientes de los dos grandes partidos que pueden gobernar a nivel de Estado, situaciones que plantean una revisión de la escasa eficacia para una Comunidad como Cantabria de los partidos estatales cuyo dirigentes en esta región carecen de liderazgo definido y ostentan sus cargos más por el dedazo que por su capacidad política.
Ante este problema, se puede visualizar una dirigente como Dolores Gorostiaga que no es capaz de demostrar que Cantabria está por encima de los intereses de su partido y en la misma situación estaría Ignacio Diego o Iñigo de la Serna si gobernara en Madrid el PP. Representan, por tanto, a sus partidos que no a los intereses de Cantabria y en situaciones como la presente doblegan el espinazo para convertirse en meros representantes o concesionarios de la cosa o marca de partido.
El Presidente Revilla ha lanzado un órdago y debe mantenerle hasta las últimas consecuencias. La política para ser auténtica precisa, en situaciones como la presente, que se consuman, incluso, situaciones no deseables para un Gobierno pero necesarias para la dignidad de un pueblo y de una Comunidad.
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