Editorial Cantabria24horas.com

España: competitividad y exportaciones

Enviar a un amigo

Si la falta de competitividad es una de las grandes deficiencias de la economía española, la escasez de vocación exportadora constituye el principal lastre de nuestras empresas. España es la octava potencia mundial y la productividad no guarda proporción con ese peso: otros países menos desarrollados se comportan de manera más eficiente.  Ser competitivos y ser exportadores son dos conceptos íntimamente unidos, especialmente en estos tiempos de crisis en los que todos los mercados nacionales están cegados y no hay más remedio para sobrevivir -a la fuerza, ahorcan- que vender fuera.

El ex director gerente del Fondo Monetario Internacional,  Rodrigo Rato, al reflexionar sobre esta recesión interminable, invocaba hace poco dos estrategias determinantes a las que asirse para remontar el vuelo: innovar e internacionalizar. «Innovación es», asegura Rato, «darse cuenta de algo que no funciona e intentar solucionarlo. O incluso mejorar algo que ya funciona, pero siempre antes que otros. La experiencia de las empresas españolas que han emprendido el camino de la internacionalización nos muestra que dicho proceso les ha permitido ser menos vulnerables».

No debemos asumir con resignación, como si se tratara de un castigo divino incorregible, una tasa de paro del 20,09% como la que padece España porque es sencillamente insoportable.  Pero la cuarentena de la obra pública hace presagiar un rápido deterioro de ese ya de por si altísimo porcentaje de aquí a finales de año.

La cuestión es ¿en qué va a trabajar ahora toda esa gente?, ¿qué empresas o qué sectores absorberán la mano de obra sobrante? La falta de puestos de trabajo no se combate hinchando nuevas burbujas diseñadas en el laboratorio o fomentadas a capricho por la autoridad competente mediante jugosas subvenciones. Y, se presuma de liberal o de socialdemócrata, no hay más remedio que convenir que para detectar nuevas corrientes prósperas o nuevos sectores de éxito las empresas y los mercados tienen más olfato que los gobiernos: les va la vida en ello.

Lo expresaba gráficamente hace poco, en Barcelona, John Mullins, estadounidense, 65 años, profesor de emprendedores en la London Business School: «Los europeos siempre esperan que el gobierno lidere la economía. En los países prósperos, los emprendedores saben que son ellos los que deben enseñar el camino al gobierno, después sólo le piden que no moleste».

No se trata de inventar nada, todo está inventado, ni de dar con un yacimiento laboral taumatúrgico, pues no existe. Se tata de hacer aún mejor y más barato lo que mejor sabemos hacer y de hacer mejor que los otros lo que los otros ya hacen bien. Eso es competitividad. Gastamos mucho para producir poco y en actividades de escaso rendimiento. Ahora que no hay posibilidad de devaluar la moneda y romper ese perverso teorema exige, a largo plazo, reformas e investigación. A corto, moderación salarial y disminución de los precios básicos, medidas ya experimentadas con éxito en otros momentos decisivos -pactos de la Moncloa y primer gobierno socialista.

El mundo admira estos días el milagro alemán: poco paro y mucho crecimiento en plena depresión. El éxito teutón se sustenta en su prodigiosa capacidad exportadora. Curiosamente, España y Alemania son los únicos países de la OCDE que en la última década han mantenido su cuota en los intercambios de bienes y servicios por el mundo. Es una alegría esperanzadora para España, aunque matizable. La distancia con los germanos es sideral y el grado de apertura de las empresas españolas, todavía bajísimo si se compara con los países del entorno. Resulta esperanzador que las compañías asturianas empiezan a acelerar su presencia foránea. Forzadas por la apatía de las ventas interiores, quieren conquistar fuera lo que en casa ahora se les niega.

Lamentablemente, la región parte desde muy abajo. Su potencia exportadora es escasa, concentrada en pocos productos, casi monopolizada por el metal, limitada a grandes empresas y excesivamente centrada en los vecinos: Francia, Alemania, Portugal e Italia, por ese orden. Pero el dato, valioso, marca una tendencia a la que hay que agarrarse. La recuperación ya no vendrá del gasto interno, se acabó el dinero fácil.

Todo cataclismo económico tiene mucho de destrucción creativa, de oportunidad para que los más tenaces expriman las ventajas competitivas que aparecen tras los ajustes. Si al superar la mala racha España logra dar un vuelco a su competitividad y sus exportaciones, sentando las bases para un crecimiento sano e inmune a los nuevos virus del capitalismo, el sufrimiento habrá merecido la pena. Entonces, sí que cobrarán todo el sentido esas palabras que alguien pronunció al comienzo de esta pesadilla: «una crisis es algo demasiado precioso como para desaprovecharla».


Últimas Editoriales

EDITORIAL

Las reformas inaplazables en Justicia para prestigiar la institución ante la ciudadanía

De momento, merece una acogida positiva la voluntad de modificar el mecanismo de elección de los miembros del CGPJ en el sentido de dar mayor protagonismo a la esfera profesional y limitar la reproducción de dinámicas partidistas en el seno de este organ Leer +
Nuestra encuesta encuesta
¿TIENEN LAS INSTITUCIONESS QUE AYUDAR AL RACING?



Opinion curiosidades

La Tía Josefuca

Siempre he defendido -incluso a efectos de un derecho estatutario- la necesidad de proteger, a efectos de investigación, el viejo habla montañesa. Leer +