Ya se han escuchado las primeras reacciones sobre la no culpabilidad de Camps. Rajoy ha sido conciso y no ha aclarado que pueda volver a la primera línea de la política popular. El Presidente del Gobierno y del PP tiene razón en su parquedad, después de que por cinco votos a cuatro el jurado popular declarara no culpable a Francisco Camps, ex presidente valenciano, y a Ricardo Costa, ex secretario general del PP en aquella comunidad, por recibir durante su etapa al frente de la Generalitat diferentes prendas de vestir como regalo de la llamada trama Gürtel.
Siendo evidente que cualquier resolución del jurado popular hubiera podido causar sorpresa, la exculpación del máximo mandatario de la Comunidad Valenciana hasta hace muy pocos meses, deja en una posición ciertamente frágil a la Fiscalía Anticorrupción, que solicitaba para ambos sendas penas de 41.250 euros de multa por un delito continuado de cohecho impropio pasivo. El veredicto absolutorio del jurado se produce tras una vista que se ha prolongado durante 26 inacabables días, en los que hubo una acumulación de testimonios, peritos incluidos, que parecían señalar inequívocamente a Camps como culpable. No lo ha entendido así la mayoría del tribunal popular, por lo que se da la paradoja de que Camps ha acabado absuelto por el pueblo al que tanto invocaba y que ya revalidó su mayoría absoluta en pleno escándalo de los trajes.
Ahora bien, tanto por la dimisión que tuvo que presentar como por su comportamiento durante el juicio, el ex presidente valenciano se antoja un político amortizado. El contenido vergonzoso de las grabaciones de conversaciones telefónicas tanto de él como de Costa los convierte, casi con total seguridad, en dos personajes en el definitivo ocaso de su carrera pública, por mucho que el jurado de sus conciudadanos entienda que no hay pruebas suficientes para declararlos culpables. Han sido, es cierto, absueltos de los cargos, pero difícilmente lograrán volver al poder político que detentaron.
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