Todo indica que las condiciones están por venir: «plantearíamos exigencias muy duras, pero no es el momento de explicar en detalle a los españoles lo que esperamos de ellos antes de que pase lo que quizás tenga que pasar".
La feliz idea de que España no tendrá que pasar por el aro de un segundo salvavidas porque la sola mención de la pócima del Banco Central Europeo (BCE) obrará el milagro (sin necesidad de aplicarla) empieza a desvanecerse. Con una prima de riesgo de más de 400 puntos, no hay quien se financie. Ni el Estado, ni la economía.
Y eso no es todo. La esperanza de un rescate blando también se desmorona. Por lo que dijo ayer Jean Claude Juncker, no parece muy probable que España vaya a zafarse de esta sin más condiciones añadidas que un estricto calendario para la aplicación de los ajustes y la reformas ya comprometidos. Afirmó el luxemburgués en una televisión pública alemana (la elección de la nacionalidad del medio, seguramente no fue casual) que el Eurogrupo (el Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la eurozona), que él mismo preside, «impondrá» a España «exigencias muy duras» en materia de ajustes y reformas, si pide ayuda. En sus declaraciones utilizó el tiempo futuro del verbo, lo que significa que las condiciones están por venir. Y fue de lo más explícito: «Le plantearíamos exigencias muy duras, pero no es el momento de explicar en detalle a los españoles lo que esperamos de ellos antes de que pase lo que quizás tenga que pasar».
Reformas, que no ajustes
El pasado viernes en Nicosia, la capital de Chipre, el ministro de Economía, Lujis de Guindos blandió ante sus socios la promesa de un ambicioso plan de reformas, que no ajustes, estrechamente ligadas a las recomendaciones económicas de la Comisión Europea. Y concretó que verán la luz tan pronto como la semana que viene. En el último Consejo de Ministros del mes.
El anuncio mereció el aplauso de los asistentes. Pero, erre que erre, insistieron los miembros del euro en que Rajoy ha de tener a mano «medidas adicionales» por si las cuentas públicas descarrilan. Un día después, De Guindos insistía en que los recortes de 65.000 millones aprobados en julio serán «suficientes» para reducir el desfase presupuestario de este año hasta el 6,3 % pactado con Bruselas.
También proclamó el ministro que no hay ninguna prisa en aclararse con esto del rescate. Él, como el resto del Gobierno, se resiste a las presiones de quienes lo conminan a pedir ya auxilio para que el BCE reabra el grifo de las compras. Ayer mismo, la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, insistió en que la decisión se tomará, en un sentido o en otro, «cuando se tengan las cosas atadas y bien atadas».
En su ayuda salió el vicesecretario general de la CEOE, Alberto Nadal, que es también hermano del jefe de la Oficina Económica del Presidente. En un encuentro con la prensa celebrado en Bruselas, Nadal afirmó que «una equivocación sería mucho más perjudicial que cualquier retraso», informa Colpisa.
No es la opinión que transmiten otros representantes empresariales. Aunque todos hubieran preferido no llegar a esta situación, dirigentes de las patronales madrileña y vasca, entre otras, defienden que, para eliminar la especulación que reina en el mercado de deuda, convendría eliminar los recelos cuanto antes.
Lo mismo piensa el exconsejero del BCE José Manuel González de Páramo, para quien «si hay que pedir un rescate, es mejor hacerlo pronto que tarde», ya que si se espera a estar «contra la pared» las condiciones que se pacten «no serán buenas». «La necesidad nunca cierra tratos ventajosos», apostilló. El Instituto de Finanzas Internacionales (el lobby bancario mundial) también es partidario de que España e Italia soliciten ya el rescate.
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