La Copa del Rey ya tiene a su héroe: el Mirandés

La afición ya calentaba el partido con sus ánimos hora y media antes del encuentro, para, instantes más tarde, abarrotar Anduva y convertirlo en una caldera que expresaba su convencimiento de pasar a las semifinales.

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La Copa del Rey ya tiene a su héroe: el Mirandés

 

Mirandés: 2  Espanyol: 1

Mirandés: Nauzet, Garmendia, César, Corral, Raúl, Martins, Garro (Lambarri  56’), Mujika (Borrell 68’),
Pablo, Iribas (Muneta 73’) Alain.

Espanyol: Castilla, Galá, H. Moreno, Raúl, Didac, Baena, Forlín, Weiss (Javi López 87’), Romaric (Verdú 74’), AlbÍn (Thievy 63’), Rui Fonte.

Incidencias

Árbitro: Ángel Ayza Gámez, asistido por Martínez y Paredes (colegio valenciano), amonestó a Garmendia, Alain, Weiss, Didac, Rui Fonte y Casilla.

Goles: 0-1; Rui Fonte (M-46). 1-1; Pablo Infante (M-57). 2-1 César Caneda (92).

Público: 6.000 personas abarrotaron el municipal de Anduva para presenciar el triunfo del equipo de Carlos Pouso sobre el Espanyol y el pase rojillo a las semifinales del la Copa del Rey.

Seguramente cuando César empujó el balón anoche habrá notado que, en el impulso, unas 6.000 almas le echaban el aliento. Se sintió liviano, muy liviano y escuchó el silencio. Luego los flashes y por último el estallido. Anduva aguantó hasta el 92 y luego reventó con el 2-1 con el que el Mirandés selló la eliminatoria ante el Espanyol. Y la cerró así, como lo cierra un campeón, en la agonía, con el llanto que da paso al éxtasis. Así fue como un grupo de jugadores demostraron anoche que la ilusión y la fe en el trabajo son capaces de llevar a un humilde equipo de Segunda B a las semifinales de la Copa del Rey.
Noventa y cuatro minutos, kilómetros de carreras, disputas, luchas cuerpo a cuerpo. La batalla del Ebro se libró anoche en un estadio a rebosar y con jugadas de auténtico infarto. La primera aproximación del partido fue para el Espanyol al minuto de juego cuando una falta de Romaric no encontró destino en el área del Mirandés. Pese a ese primer intento sin peligro para el cuadro de Pouso, una cosa estaba clara: el Espanyol salía fuerte y buscando controlar el balón.
Con Rui Forte y Weiss custodiados por Corral y César, respectivamente, el partido se jugaba por las bandas con una leve parada en el centro del campo, zona en la que el conjunto ‘perico’ intentaba hacer pie. Pero del intento visitante por marcar el ritmo de juego se pasó rápidamente al primer aviso rojillo. Al minuto 6 un balón filtrado entre líneas le llegó a Alain de las botas de Martins y el delantero, tras controlar, sacó un chute que se fue apenas desviado del palo izquierdo de Casilla. Alain volvería a tener su chance tras una salida de córner y de una pelota puesta por Raúl desde la izquierda, apenas cuatro minutos más tarde. Pero el bilbaíno no llegó a ‘pillar’, y Casilla controló para los catalanes.

Estrategia rojilla

La presencia de Iribas en el centro del campo desconectó al Espanyol entre la primera y segunda línea, situación que obligaba a Weiss y a Romaric a jugar desde atrás. Un tanto desconcertados, los de Pochettino abusaban del pelotazo intentando alejar el peligro.
Los minutos corrían, o mejor dicho, volaban, y los catalanes empezaban a perder la paciencia porque no tenían ni el control ni las oportunidades, a excepción de una de Romaric en el 17. El Mirandés como si de una partida de ajedrez se tratara, adelantaba sus figuras en el terreno de juego.
Y mientras los peones rojillos trabajaban con los alfiles subiendo y bajando por las diagonales, la zaga ‘perica’ no entendía cómo Iribas se multiplicaba una y otra vez ni como Pablo, con dos y tres marcas por momentos, conseguía seguir arrastrándoles.
Sobre la media hora el partido se entrecortaba y ese fútbol de ida y vuelta inicial se convirtió en más El Mirandés golpeaba a las puertas del español, pero la lata no se abría. Los ataques de los hombres de Pouso se sucedían en cataratas y solo Romaric y su socio Weiss, de batalla personal con Garmendia, aportaban la explosión y la diferencia rival.
Las piezas del puzzle del Mirandés se movían y rotaban por el campo y tanto Alain iba a recibir a la izquierda como Pablo recortaba viniendo de una segunda línea o Raúl se convertía en un extremo más.

Sobreponerse

Tras el pase por el vestuario vino el jarro de agua fría. En el 46 Rui Fonte recortó en el área, cruzó el balón a la izquierda de Nauzet y congeló Anduva con el 0-1. Una jugada, la del gol, que había empezado unos segundos antes con una escapada de Weiss.
El Mirandés quedaba expuesto y obligado a marcar dos goles. Pero en ningún rostro, en ninguno de los once que estaban en el terreno de juego ni en lo del banquillo ni tan siquiera en la grada, el gesto era de tristeza. No, había que creer, había que seguir eso era lo que parecía conjurarse todo el que llevara casaca de color rojo. Y así fue, Así fue como del Espanyol engrandeció al Mirandés. Pouso movió fichas y refrendó su carta de intenciones: seguir atacando. Adentro Lambarri por Garro, de enorme trabajo. Y sirvió. Porque Pablo recibió un envío largo, muy largo, el ariete lo cogió, chutó un chicharro épico de 25 metros al que Casilla no supo cómo llegar y Anduva explotó con el empate en el 57.

Sí, se puede

La igualdad rompió el partido y ni uno ni otro conseguí a el control. Y mientras Nauzet hacía el paradón de la noche ante un Moreno que venía como un AVE sin frenos, Pochettino cambiaba el dibujo y metía a Thievy para darle más velocidad al Español. Alain ‘pellizcó’ el balón tras una peinada de Lambarri y tuvo el pase a semis en sus manos superados los 70 minutos de juego. Pero había que seguir, nadie podía rendirse, era un juego, sí, pero que juego tan bonito, cuánta ilusión se movía con las botas de estos chavales de Segunda B.
Había que correr y buscar una vuelta más. Y están ahí: Borrell y Muneta a completar los cambios y a respaldar la guerra que estaba librando Lambarri fajándose contra la muralla ‘perica’. El Mirandés asediaba la portería de Casilla con todo lo que tenía, porque el equipo sabía que tenía que morir matando y eso es lo que hizo
Casilla salvó in extremis el 2-1 el disparo de Lambarri , pero eso fue todo. Ayza Gámez dijo que se jugarían cuatro minutos, pero no hizo falta. César pensó ‘no es necesario sufrir tanto’ y anotó en el 92 un gol de antología, un gol de manual, un gol que hace soñar a 20 hombres, un cuerpo técnico, 40.000 mirandeses y, también, a buena parte del fútbol español. Porque la aldea gala ya es semifinalista de la Copa. No se frote los ojos, estimado lector, este Mirandés se ha hecho mayor. Que pase el que sigue.

 

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