Ahora, a sus 65 años, y después de pasar quince años en la cárcel, Roldán va a quedar definitivamente en libertad dentro de una semana, sin que, en efecto, la justicia haya podido recuperar más que una parte, posiblemente mínima, de sus ganancias ilegales y de su nutrido patrimonio. El plan de pensiones que se preparó parece haberle funcionado.
LA OPORTUNIDAD PERDIDA
Roldán podría llevar ya cinco años en libertad
La Fiscalía Anticorrupción cifró en más de 957 millones de pesetas del año 1995 la responsabilidad civil dimanante de los delitos de malversación por los que Roldán fue condenado, y en casi 579 millones las cantidades adeudadas a Hacienda por ingresos no declarados en su momento. Los peritos de Hacienda que intervinieron en el caso admiten, sin embargo, que no se pudo calcular con exactitud cuánto dinero tenía Roldán en cuentas, inversiones y patrimonio, por la opacidad de algunos bancos y los obstáculos puestos por terceros países, los famosos paraísos fiscales.
El plan de pensiones Roldán que anunciaba y denunciaba el sarcástico grafiti se ha confirmado, pues, como una muy provechosa inversión en su dimensión económica, aunque costosa en términos penales. Y es que si hubiera aceptado hacer frente a la responsabilidad civil derivada de sus delitos, el ex director de la Guardia Civil habría podido quedar libre hace cinco años.
EL DINERO EVAPORADO
La falta de colaboración de otros países facilitó la evasión
La restitución del dinero le habría permitido pasar entonces al tercer grado de clasificación penitenciaria. Pero tal devolución no se produjo, por lo que cabe pensar que Roldán ha preferido conservar parte de sus bienes, antes que recuperar plenamente su libertad. Roldán nunca ha desvelado el que sigue siendo el mejor guardado de sus secretos, dónde está el dinero que pudo poner a salvo cuando la justicia cayó sobre sus manejos.
Jueces, fiscales y peritos de Hacienda han visto, en efecto, con gran frustración cómo la falta de cooperación internacional ha permitido que el protagonista de uno de los mayores escándalos desde la transición se quede con la parte del león de sus ilícitas ganancias. En los años noventa, la protección que los paraísos fiscales prestaban a los clientes de sus entidades bancarias era prácticamente absoluta.
EL FRENO A LA INVESTIGACIÓN
La historia de la negativa de Singapur a informar
El caso más llamativo en el sumario de Roldán fue la negativa en redondo de Singapur a informar de las cuentas que allí tenía el ex director de la Guardia Civil. El dinero que acabó –o estuvo de paso– en el sudeste asiático procedía de bancos suizos. El fisco español lo encontró en Ginebra, pero cuando quiso intervenirlo ya había partido hacia Singapur. Se ofició a las autoridades del país, pero tanto el fiscal Daniel Campos como el perito de Hacienda Conrado Caviró, que intervinieron en el caso, recuerdan que la respuesta fue que, sintiéndolo mucho, no podían colaborar. El motivo alegado fue que su legislación interna les impedía informar de sus clientes, a menos que se probara que el dinero buscado procediese del narcotráfico.
Quince años después, la disposición a colaborar es teóricamente mayor, pero la legislación no ha cambiado mucho. Existe, tal vez, otra conciencia internacional sobre la necesidad de perseguir el blanqueo de dinero procedente de mafias o de la corrupción. El caso Gürtel, entre otros, va a ser uno de los que pondrán a prueba la supuesta existencia de mayor cooperación por parte de los paraísos fiscales.
UNA VIDA RUTINARIA
Roldán vive en Zaragoza, a ratos en el piso de su madre
En el caso de Roldán, la suma que tenía en cuentas suizas equivalía a unos 900 millones de pesetas de la época. Constaban en marcos alemanes, alrededor de 11 millones. La justicia española siempre creyó que Roldán no pudo quedarse con todo ese dinero detectado pero no intervenido, porque posiblemente una parte iría parar a manos de uno de los personajes más polémicos y misteriosos de toda la historia, el ex diplomático Francisco Paesa, quien intervino como intermediario en el regreso del prófugo ex director de la Guardia Civil, cuya fuga duró once meses.
La comedia del capitán Khan y el supuesto acuerdo para la extradición de Roldán –que llegó a España convencido de que le iban a acusar sólo de un par de minucias– ya figura en los anales del costumbrismo político del país por derecho propio. Luego vino el juicio y largos años en la prisión de Ávila, aislado y vigilado de cerca, para impedir todo riesgo de una segunda fuga.
Roldán ha pasado la última fase de su condena en el Centro de Inserción Social de Zaragoza. Pese a no tener el tercer grado, podía salir de día. Trabajó como oficinista en una empresa de seguros. Pero ya está jubilado, sin problemas de pensión. Acude a diario al piso que fue de su madre, donde pasa los fines de semana. Vive con aparente modestia. Cuando estaba al frente de la Benemérita y era rico, se hacía el pobre. Lo atestigua mucha gente. Ahora habrá que verlo. No le van a vigilar, pero le conviene no exhibirse, por si acaso.
LOS BIENES PATRIMONIALES: Las "chozas" de París y las Antillas
Cuantas personas participaron en la ejecución de la sentencia dictada contra Roldán coinciden en que no fue posible hallar ni ejecutar un buen número de bienes, porque la legislación permite ocultarlos bajo la apariencia de sociedades constituidas al efecto, normalmente a nombre de meros testaferros. Roldán, que sólo en comisiones ilícitas ingresó más de 1.800 millones de las antiguas pesetas en los siete años que dirigió la Guardia Civil –entre 1986 y 1993–, hizo numerosas inversiones inmobiliarias en España, pero las joyas de la corona estaban en París y en la isla de San Bartolomé, en las Antillas francesas.
Estas y otras "chozas" de Roldán, como las llamaba uno de los investigadores, no pudieron embargarse, porque no figuraban a su nombre, a pesar de que era su usuario habitual. También se dio el caso de otras propiedades que fueron incautadas por entidades de terceros países, después de que Roldán se fugara y dejase de pagar gastos e hipotecas, urgido por otras prioridades.
Los ejecutores de la sentencia están convencidos de que Roldán perdió muchos bienes por el camino, porque también fue estafado por quienes protegían sus inversiones con sociedades ficticias. Pero lamentan que la legislación no se haya cambiado a fondo para impedir este tipo de subterfugios.






