Fidel Castro y la Revolución cubana: luces y sombras, en datos

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29-11-2016

Estos días ha sido tiempo para balances, a veces con datos muy politizados sobre lo que ha supuesto para Cuba y, por extensión, para todo el mundo, la Revolución cubana de 1959 hasta ahora, con motivo del fallecimiento de Fidel Castro. Esos balances, como decíamos, han estado en ocasión muy tergiversados, y si bien es cierto que no luce el oro precisamente en la isla caribeña y que las libertades han sido muy cohartadas de manera continua y sistemática por el régimen militarizado de Cuba, también se han tratado injustamente los logros de la Revolución que lideró Fidel pero que también tuvo mucho que ver con el Che Guevara.

A menudo es habitual recordar que la dictadura anterior, la de Batista, había dejado un país fracturado, con una gran parte de la población sin esperanzas y cerca de la miseria. Es normal hablar ahora en términos similares del castrismo, pero... ¿realmente somos justos con la realidad?

Pues no. Los datos dicen otra cosa. Pese a que en Cuba hay muchos problemas económicos, la mayoría son fruto del embargo internacional ejercido por EEUU, sólo solucionado en parte por las aportaciones de países aliados como Rusia o Venezuela, en el pasado, así como China y otros régimenes comunistas internacionales de dudosa calidad democrática y respeto a los Derechos Humanos. Todo sea dicho.

Pero ciertamente América Latina vive bajo régimenes supuestamente democráticos y liberales que sí que dejan pobreza, miseria extrema y malnutrición infantil, por no hablar de otros dramas sociales. En Cuba, mientras tanto, no tiene niveles alarmantes de malnutrición, no padece el mal de la violencia y la criminalidad extendida como en México, Colombia, Venezuela o Perú, donde el ciudadano no tiene seguridad alguna ante robos, secuestros y asesinatos. Como recuerda Ramón Lobo en eldiario.es "tampoco existen los feminicidios como en México y Guatemala".

Cifras que hablan bien de Cuba

Por otra parte, tiene altísimas o casi plenas cifras de escolarización. Cuba, además, ostenta el puesto número 68 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, por delante por ejemplo de naciones como Costa Rica, "considerada un paraíso por Occidente", recuerda Lobo en su crónica. Para que se hagan una idea, España sólo está en el puesto 26, así que no tenemos mucho de qué presumir.

Otras naciones americanas como Argentina sólo puede ocupar el puesto 40 y Chile el 42, por dar dos ejemplos de países de la región con mejor fama democrática. México, aliado preferente de España y de supuesta democracia ejemplar comparándola con la de Cuba, sólo puede ocupar el puesto 74.

Para que nadie crea que es cuestión de clima, la República Dominicana, isla de similitudes incuestionables respecto a la Cuba castrista, ostenta el puesto 101.

Cuba y la medicina

Cambiando de tercio, también es cierto que los niveles de investigación universitaria y de estudios de este grado son altos en Cuba, siendo un habitual ejemplo su alto nivel en Medicina, donde se presume de ser referencia en toda América Latina. Otra cosa, claro, son los medios técnicos que tiene la medicina cubana para ser claramente una referencia más internacional. Como suele recordar el ex líder de IU Gaspar Llamazares, ahora opositor de Alberto Garzón pero líder de IU Asturias, estudió su Master de Salud Pública en la Escuela de la Organización Panamericana de la Salud, en la Habana, Cuba, en pleno apogeo del castrismo.

De los cubanos dice que le "chocó" el ritmo y el modo de vida que llevaban, muy diferente a lo que se percibe desde España. En su opinión "ellos nos quieren más a nosotros que nosotros a ellos y son más atentos con nosotros que nosotros con ellos". "La verdad es que me sentí muy bien en La Habana", asegura. De su estancia en la capital cubana aún conserva algunas amistades, fundamentalmente latinoamericanas. A quien no llegó a conocer en persona, muy a su pesar, fue a Fidel Castro al que tan solo vio en recepciones o en algún que otro acto público.

Seguimos repasando las luces y sombras del castrismo con ocasión del fallecimiento de su líder, Fidel Castro, fallecido este fin de semana pasado. Y es que estos días ha sido tiempo para balances, a veces con datos muy politizados sobre lo que ha supuesto para Cuba y, por extensión, para todo el mundo, la Revolución cubana de 1959.

Esos balances, como decíamos, han estado en ocasión muy tergiversados, y si bien es cierto que precisamente no es oro lo que luce en la isla caribeña y que las libertades han sido muy cohartadas de manera continua y sistemática por el régimen militarizado de Cuba, también se han tratado injustamente los logros de la Revolución que lideró Fidel pero que también tuvo mucho que ver con el Che Guevara.

Ayer estuvimos repasando algunos logros sociales y económicos del régimen. Ahora toca centrarnos en las sombras del castrismo.

Tras una revolución que medio planeta aplaudió contra la dictadura de Fulgencio Batista, las cosas no siguieron el curso democráctico que se prometió, como en tantos otros casos de revoluciones comunistas. Además, se estima que se fusilaron a unos 6.000 presos políticos y que el número total de esos presos ha rondado en total los 20.000. Eso por no hablar de los exiliados, que se estima en 2 millones.

Otras fuentes elevan los fallecidos por ejecución a 8.200. Sería más complicado calcular cuántos presos políticos hay en la actualidad y cuántos han sido de otra índole derivada del castrismo, como la homosexualidad.

Juicios sumarísmos

Como en otros tantos casos históricos de revoluciones comunistas, luego llegaron los ajustes de cuentas. Una de las primeras decisiones del nuevo gobierno revolucionario fueron los llamados juicios revolucionarios como parte del proceso conocido como Comisión Depuradora contra personas consideradas criminales de guerra o muy asociadas con el régimen de Batista. Entre enero y abril de 1959, alrededor de 1.000 personas fueron denunciadas y juzgadas por medio de juicios sumarísimos de los cuales 550 fueron fusilados.

Ernesto Che Guevara, en su condición de jefe de La Cabaña durante los primeros meses de la revolución, tuvo a su cargo los juicios y ejecución contra los detenidos en la fortaleza. Los fusilamientos fueron admitidos públicamente por el Che en las Naciones Unidas: "Fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando".

Nunca llegó la democracia prometida

La democracia nunca llegó. Eso se debe a que se argumentó que se detectaron mecanismos de corrupción heredados de la etapa de Batista al servicio de EEUU, y que en caso de celebrarse los comicios, habría una alteración de la voluntad popular acerca de la Revolución. Se incumplió el Manifiesto de la Sierra Maestra, un compromiso de "celebrar elecciones generales para todos los cargos del Estado, las provincias y los municipios en el término de un año bajo las normas de la Constitución del 40 y el Código Electoral del 43 y entregarle el poder inmediatamente al candidato que resulte electo".

Ya en 1974 se celebraron las primeras, pero los detractores del régimen las consideran fraudulentas. Además, el presidente de la República no se elige por voto popular sino por parte del Parlamento, cámara que controla el Partido Comunista.