Manuel Bartolomé García, escritor y gran torrelaveguense

Su vinculación al periodismo y a las letras arranca de su homenaje personal a su progenitor, el escritor costumbrista Antonio Bartolomé Suárez, quien durante treinta años dirigió las páginas de Torrelavega del diario Alerta.

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16-01-2018

 

  

 

Un excelente colaborador de este diario digital –pero sobre todo amigo- se nos ha ido para siempre. El dolor y abatimiento por su imprevista marcha y la solidaridad con todos los que le apreciamos, no mitigará en absoluto el profundo vacío que nos deja. De todas las cosas buenas de Manuel Bartolomé García como la de crear una familia, destacó siempre algo importante que refleja el carisma y su valor personal tan profundo y humanista como fue, en su caso, saber cuidar, recoger, valorar y compartir lo que significó su padre, Antonio Bartolomé Suárez, en el periodismo cántabro y en la literatura costumbrista de nuestra tierra.

 

Ese meritorio homenaje del hijo al padre es, en este caso, uno de los mejores ejemplos que no es posible obviar por su grandeza y amor filial. La biografía de su padre con el título  “Bartolomé: La trayectoria vital y obra literaria de un costumbrista cántabro” (2004), es un relato apasionado de la vida del que fuera descubridor de la documentación  del famoso Pleito de Los Valles, que llevó a Manolo, con justicia, a Escribano Mayor de las Asturias de Santillana, nombramiento apoyado por todos los representantes de los Nueve Valles en la Casa de Juntas de Puente San Miguel en la jornada del Día de las Instituciones.

 

Por tanto, su vinculación al periodismo y a las letras arranca de su homenaje personal a su progenitor, el escritor costumbrista Antonio Bartolomé Suárez, quien durante treinta años dirigió las páginas de Torrelavega del diario Alerta. La recuperación que realizó Manolo de los trabajos de su padre representa una aportación significativa para conocer a fondo la labor como escritor y cronista ganadero de Bartolomé Suárez, que desde joven y después de ejercer diversos trabajos desde niño se dedicó al periodismo, vocación que comenzó a sentir como cronista ganadero tras incorporarse a la SAM.

 

 

Gente, pues, hecha a sí misma a través del trabajo y sacrificio. Es suficiente con apuntar que en la mina de Reocin encontramos buena parte de los antecedentes familiares. Su padre, Antonio Bartolomé Suárez, de orígenes muy humildes, después de ir al colegio del pueblo, ingresó con once años en el seminario de Corbán; cinco años después se puso a trabajar como pincheen un bar de Torrelavega, más tarde peón de mina y, posteriormente, empleado en  un comercio de la capital cántabra. Su hermano Luis Antonio (1940-2007) , se inclinó también por la literatura que compaginó con el fútbol y el automovilismo,

 

Desde que comenzó en las tareas literarias un vez que rescató la ingente obra costumbrista de su padre, Manolo Bartolomé ha sido un excelente amigo con el que hemos compartido muchas vivencias de Torrelavega. Participamos en las tertulias patronales de la bodega de Cardín Montero en las que exaltamos siempre los valores de la ciudad de la Virgen Grande; la que organizaba Ernesto (Titi, el de la Caja) González de la Vega en su casa de la avenida Menéndez y Pelayo y a la que asistían, además, Manolo Egusquiza y Mauro Muriedas; almorzaba muchos miércoles en Cabrojo, cerca de Cabezón de la Sal, con amigos de siempre, de aquellos tiempos de Acción Católica -que compartió con Carlos Monje, décadas después alcalde- y cuando puso en marcha Radio Juventud de Torrelavega, su gran amigo Carmelo Oria. Es muy difícil hablar de monopolio de una amistad y relación con Manolo, pues ejercía a muchas bandasen un claro ejemplo de ciudadanía. En él la convivencia y amistad eran divisas sobre las que siempre demostró una gran lealtad.

 

Aparte de identificarse con la obra de su padre, Manolo Bartolomé se adentró en la  literatura convencido de que podía disfrutar de los valores humanos que encierra, estimando que a través de las letras podía encontrar y sentir satisfacciones un tanto espirituales.  Y fue así cómo sumó amigos y experiencias a través de la vida de las personas. Por esa vía encontró Manolo una mayor sensibilidad hacia los demás; estimuló su desarrollo personal y social, además de ofrecerle una reflexión –sobre la que a buen seguro meditó en muchos momentos- acerca de la condición humana, la vida, la muerte y nuestro paso temporal por el mundo, buscando como objetivo vital una realidad mejor y más justa.   

 

En 2016, después de tres años de investigaciones, Manolo Bartolomé alumbra la biografía de un gran personaje torrelaveguenses y cántabro del siglo XIX bajo el título de Pío Jusué Barreda: La gloria oculta. Probablemente es su obra cumbre en la que sigue paso a paso  las huellas de un personaje para el que la minería no tenía secretos. Manolo fue consciente por el trabajo y el esfuerzo aportado, del difícil trabajo del historiador que investiga para construir una biografía que no solo era necesario desempolvar sino elaborar con rigor y credibilidad. Y Manolo lo hizo realizando un gran bien a su ciudad al participarnos de un gran torrelaveguense que brilló con luz propia haciendo grande su patria chica.

 

Su identidad con el canto montañés se puso de manifiesto en muchas de sus obras. Cuando en este año –el de su muerte- el Coro Ronda Garcilaso cumple 75 años, quise y así se lo pedí, que firmara conmigo y Manuel Egusquiza Ochoa la petición al Ayuntamiento, de acuerdo con su Reglamento de Honores y Distinciones, de la Medalla de Oro de la ciudad. Le faltó tiempo para sumarse a esa petición y como entendió que podía quedarse atrás, quizá en el olvido, me envió un wassapp. Nuestro compromiso no tenía vuelta atrás y ya se lo había anticipado a Lorenzo Morante. Esa petición con nuestras firmas se presentó en el Registro Municipal el 3 de enero, a mi regreso de un viaje y tras contar con la firma de Manuel Egusquiza, director de nuestra laureada Sociedad Coral.  Incluso hablamos de repartirnos el trabajo y escribir un libro sobre la importancia de los Garcilasos para la supervivencia del cancionero montañés. Ya no será posible, pero ahí queda su obra con Ángel Muela Martín sobre las Andanzas del Coro Ronda Garcilaso entre 1943 y 1956, editado a finales de 2005. Seis años después, publicó, de nuevo con Muela, otra obra de evidente valor: Picayos, Historia de la Agrupación de Danzas Virgen de las Nieves, de Tanos.  

 

Su colaboración con Ángel Muela en este campo del cancionero alcanzó la no siempre fácil elaboración de guiones radiofónicos sobre costumbres, tradiciones y folklore de nuestra comunidad cántabra como “Las marzas de la radio”“La noche de San Juan”“Los reyeros”“Recordanzas de La Patrona”“Por San Martín mata el gorrín”, etcétera que se han venido emitiendo en diversas emisoras de radio, hecho de gran valor por cuanto significa no perder la tradición frente a lo moderno.

 

No podemos obviar, finalmente, su apuesta permanente por la amistad como valor especial y esencial en su andadura humana. En la Sociedad Cántabra de Escritores tuvo muchos amigos a los que aportaba su energía, ánimo y capacidad para luchar en este campo tan difícil y complejo como el de ver, en algún momento, la obra hecha realidad en la que se ha trabajado con limpia ilusión. Este concepto de amistad no tenia límites, incluso con las personas opuestas. Manolo Bartolomé, en este sentido, contaba con verdaderas amigos, no simples compañeros, como siempre puso de manifiesto.  

 

La biografía de Manuel Bartolomé es inmensa en sus trabajos y quehaceres por la literatura y las amistades en su trabajo de Solvay y de la Torrelavega que vivió en su juventud que fueron, en gran parte, los años del milagro torrelaveguense. Una vida en la que trabajó siempre en positivo, sin intentar esa inclinación tan natural en nuestra sociedad de adoctrinar o catequizar. Termino como él nos acostumbró en todos sus mensajes: Salutem. Manolo.

 

 

 

*José Ramón Saiz Fernández es doctor en Periodismo. Académico C. de la Real Academia de Historia.




Redacción. Cantabria24horas.com

Masiva despedida de la ciudad de Torrelavega al escritor Manuel Bartolomé en el funeral que este martes, a las 11 horas, se ha celebrado en el templo de la Virgen Grande concelebrado por el párroco, el expárroco de Tanos y el sacerdote Miguel Ángel Díaz, amigo del finado. Entre los familiares más allegados, asistieron sus hijas y nietas, destacando su hija, Eva Bartolomé, directora general de Turismo del Gobierno de Cantabria.

Han asistido, además, dos consejeros del Gobierno de Cantabria: los titulares de Industria, Francisco Martin y de Obras Públicas, José María Mazón, además de una nutrida representación de la Corporación municipal y el expresidente del Parlamento, Adolfo Pajares Compostizo.

Igualmente, una representación de la Sociedad Cántabra de Escritores encabezada por su presidente, Marino Pérez de Avellaneda, y los escritores Delia Laguillo, Marisa Caballero, doctor Úrculo, Amado Zabala, Pedro Arce, Conchita Vidiella, Carlos Bribían, José Ramón Saiz, entre otros. así como los editores Ramón Villegas, Carlos Alutiz y Antonio Castillo.

El sacerdote Miguel Ángel Díaz destacó las virtudes humanas de Bartolomé, señalando que desde el cielo, con seguridad, escribirá más, sin agobios, sin prisas, enseñándonos a amar y a entregarnos a los demás. Destacó su proximidad a los taniegos, pues si bien nació en Torres siempre sintió una gran vocación por Tanos, formando parte de su comunidad y de todas las iniciativas culturales y artísticas. Miguel Ángel Díaz dijo que en vida Bartolomé siempre estuvo a favor de las causas justas y solidarias, no faltando su aliento a toda iniciativa positiva para la comunidad.

DESFILE POR EL TANATORIO

CIENTOS DE PERSONAS se han acercado este lunes al Tanatorio Nereo, en la cercanía del cementerio de Geloria, para testimoniar a la familia de Manuel Bartolomé su pesar y solidaridad por su inesperado fallecimiento por quien en vida fue escritor y un gran torrelaveguense . El sacerdote Miguel Ángel Díaz improvisó este lunes en el tanatorio, en torno a las 19 horas, una oración fúnebre por el fallecido por su entrega a los demás desde la sabiduría de la pluma y la amistad. Numerosos escritores se dieron cita en el Tanatorio para expresar su dolor.

HOY, martes, a las 11 horas, en la iglesia de la Virgen Grande se celebrará el funeral en su recuerdo. Contaba 82 años de edad.

BIOGRAFÍA. HIJO DE ANTONIO BARTOLOMÉ, EL GRAN ESCRITOR DE FERIAS, TRADICIONES Y COSTUMBRES MONTAÑESAS

Manuel BARTOLOMÉ GARCÍA nació en Torres (Torrelavega), el 15 de noviembre de 1935. Sus estudios primarios se desarrollaron en las Escuelas Nacionales de Renedo de Piélagos y Lloredo de Rudagüera, para, seguidamente, cursar el Bachillerato Superior en el Colegio de los Sagrados Corazones y el Instituto de Enseñanza Media Marqués de Santillana, ambos en Torrelavega.

Obtuvo el título de Piloto de Vuelo Sin Motor en las Escuelas de Somosierra (Madrid) y Santos Dumont (Huesca), así como el de Radiotelegrafista en la Escuela de Transmisiones de Cuatro Vientos (Madrid).

En 1959 ingresó en la Empresa Solvay ubicada en Barreda (Torrelavega), donde ha desarrollado toda su vida laboral, en la que ha ocupado diversos cargos de responsabilidad, formando parte de sus cuadros directivos.

Sus visitas a Japón dan origen a sus libros “Yo ví nacer el sol entre cerezos”(1987) y “Bambú (Takenoko)” (2003); sus recorridos por España y otros países europeos le sugieren los textos que se contienen en “Sitios” (2001), “Senderos”(2002) y “Bitácora” (2007). La evocación de sus años infantiles y juveniles donde registra y anota la vida en el entorno de Torrelavega, están reflejados en los títulos “Pinceladas” (2001) y “No todo fue gris” (2004). Una biografía de su padre, Antonio Bartolomé Suárez bajo el título de “Bartolomé. La trayectoria vital y obra literaria de un costumbrista cántabro” (2004) es un relato apasionado de la vida del que fuera descubridor de la documentación del famoso Pleito de Los Valles; y no menos apasionado y atractivo por lo que tiene de nostálgico, es el libro que, en colaboración con Ángel Muela Martín, relata las “Andanzas del Coro Ronda Garcilaso entre 1943 y 1956”, editado a finales de 2005. En 2011 publica “PICAYOS. Historia de la Agrupación de Danzas ‘Virgen de las Nieves’ de Tanos” en colaboración con Ángel Muela Martín. Y dos novelas al finalizar el año: “Una Saga Hindú” y “La Leyenda del Tasugo”.

En el primer trimestre del 2013, presenta la biografía El Principado. La bodega de Cardín Montero, obra dedicada a la vida de Ricardo Montero Santibáñez y su bodega privada. En 2015 publica La leyenda del viejo cazador y coordina la edición de Un rato a pájaros, una divulgación del conocimiento de las aves canoras, obra basada en los escritos que Antonio Bartolomé Suárez publicara en el periódico ALERTA. En 2016, después de tres años de investigaciones, alumbra la biografía de un gran personaje cántabro del siglo XIX bajo el título de Pío Jusué Barreda. La gloria oculta.

En 2006 formaliza su ingreso como socio del Centro de Estudios Montañeses con la lección-coloquio sobre “Bartolomé: Un costumbrista cántabro”.

Ha prologado las ediciones de libros de otros autores, tales como la novela El Secreto del Boticario, de Fernando Martín Morales; Aquellas marzas de la radio, de Ángel Muela Palacio; Epílogo para una memoria, novela de Fernando Martín Morales; El Culto a los muertos, vol. I y II, de José Luis Sánchez Landeras; Patrimonio histórico artístico, religioso, y funerario de Santa Cruz de Bezana y Patrimonio histórico artístico civil de Santa Cruz de Bezana, del mismo autor; Un hogar para todos.25 aniversario del hogar del pensionista del Barrio Covadonga,  de Antonio Castillo  Un rato a pájaros, de Antonio Bartolomé, Nubes de papel, de Aurori Miranda, Pasos, de Delia de los Ángeles Laguillo.

Es coautor con Ángel Mª Muela de diversos guiones radiofónicos sobre costumbres, tradiciones y folklore de nuestra Región, tales como “Las marzas de la radio”, “La noche de San Juan”, “Los reyeros”, “Recordanzas de La Patrona”, “Por San Martín mata el gorrín”, etc. que se emiten en diversas emisoras de radio.

A título individual, ha realizado el guión para un cortometraje patrocinado por AMICA, titulado Tía Josefuca rediviva, personaje de ficción creado por su padre, Antonio Bartolomé, para exponer diferentes problemas de Torrelavega y su entorno durante los difíciles años que van de 1955 hasta 1975. Manuel Bartolomé recrea este personaje, actualizándolo a través de un sueño periodístico para “resituar” a la pueblerina Tía Josefuca y su fiel cabalgadura, el dócil asno “Lirio”,  en los tiempos actuales.

Como miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores ha colaborado en la edición del libro Historias de Santander, (2006) con un trabajo sobre “La caída del padre Rávago y su repercusión en Cantabria” y el capítulo “Adrián y Naroba” en la obra colectiva Balconadas (2011). En 2012 participa junto con otros autores de esta SCE, en la obra colectiva Sueños, con el capítulo  Bisbiseos, un alegato contra la xenofobia a través de la visión de los pajarillos de un jardín. En 2013, incluye en la obra colectiva Obrussae Cantabricae, el capítulo titulado Itíneris, un ensayo sobre el problema de los jóvenes españoles que deben emigrar al finalizar sus estudios. En 2014, ha colaborado en la obra común de la SCE, MAR.es, con el capítulo Del éxtasis a la litación, la historia de una joven madrileña que descubre el mar Cantábrico, con el que siempre soñó,  y perece en él. En el 2015, con el capítulo En busca del verso de cabo roto, de la obra común Hila…de la rima a la prosa, también de la Sociedad Cántabra de Escritores; y en 2016, en el colectivo 1616-Inspiraciones cervantinas, donde incluye el capítulo titulado María Castaña y el alférez Campuzano.

Manuel Bartolomé García ha sido colaborador del diario ALERTA, como columnista de sus páginas de opinión y tribuna libre, en la revista de historia “Los Cántabros”; y especialmente en el periódico digital “Cantabria24horas” al mismo tiempo que ha disertado en diversos foros sobre artistas, escritores cántabros y el lenguaje y tradiciones montañesas.