YA ESTÁ BIEN DE LEYES, SEÑOR(ES) MINISTRO(S)

Por Marino PÉREZ AVELLANEDA

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Este es un tema que hace tiempo me viene rondando la cabeza, que peina ya abundantes canas, aunque ahora cobra, desgraciadamente, una rabiosa actualidad… con la tramitación parlamentaria de otra ley educativa más, la conocida como LOMCE.

No, no me he equivocado. He escrito intencionadamente: ‘otra ley educativa más’, y es que no puedo por menos de comenzar lamentando la inflación normativa con que nuestros legisladores nos obsequian en este pobre país llamado España…, en todos los niveles de la vida, no solamente en el educativo…, muchas de las cuales ni siquiera entran en vigor (no las cumplen ni los políticos) o pierden aplicabilidad al poco tiempo de su promulgación (véase en qué está quedando la Ley Antitabaco, y no me refiero solamente a las triquiñuelas para permitir fumar ‘oficialmente’ en lugares concretos como Eurovegas en aras de un beneficio económico más que dudoso y, sin duda cuestionable…, o el de tantas normas emitidas a las que es imposible controlar si se aplican o no…

Pero dejando ese tema general de lado, me quiero centrar ahora  en el tema educativo, en el que la cantidad de leyes aparecidas en los últimos años ya ‘cansan’, siendo así que prácticamente ninguna se ha llegado a aplicar en su totalidad, porque enseguida venía otra a sustituirla por la razón que fuera. Hagamos un breve resumen.

Reformas educativas en España, ha habido varias. Comenzamos por la primera gran Ley educativa ‘moderna’, la ya famosa Ley Moyano, promulgada en 1857 durante el reinado de Isabel II, cuyo fin primordial era combatir el analfabetismo galopante de la población española de la época. En la época franquista, se promulgaron dos Leyes, una la regulación de la Enseñanza Primaria en 1939, y otra de la Secundaria en 1953, modificada en 1967. Finalmente, fue aprobada la norma básica de la educación ‘moderna’, que nos ha afectado a una mayoría de españoles actuales, la LGE, o Ley General de Educación de 1970, conocida como Ley Villar Palasí, por el Ministro de turno que la promovió.

A partir de entonces hemos tenido, o ‘sufrido’ sería mejor decir, más de siete leyes, que han afectado al quehacer diario en el aula de los profesionales entre los que me he encontrado desde el año 1974, que podemos ‘resumir’ en las siguientes, con indicación del partido en el poder que la promulgó:

1980. LOECE. Ley Orgánica del Estatuto de Centros Escolares.                           - UCD

1985. LODE. Ley Orgánica del Derecho a la Educación  - PSOE

1990. LOGSE. L. de Ordenación General del Sistema Educativo                          - PSOE

1995. LOPEG. L.O. de Participación, Evaluación y Gobierno Centros Docentes - PSOE

2002. LOCE. Ley Orgánica de Calidad de la Educación. PP

2006. LOE. Ley Orgánica de Educación. PSOE

2013. LOMCE. Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa                  - PP

            Ello ofrece una media en torno a una ley cada cinco años… No vamos a entrar en valorar la incidencia mayor o menor de cada una, o nula como en el caso de la LOCE que no llegó aplicarse, ni en sus virtualidades y características, sino que queremos resaltar que todas ellas fueron elaboradas sin consenso con otras fuerzas políticas, o al menos no con un amplio espectro de ellas… Y que incluso alguna, surgió ya con la amenaza del principal partido de la oposición de derogarla en cuanto regresaran al poder, léase la LOCE, o la LOMCE en los tiempos que corren…

Sin embargo, las que más influencia han tenido en el Sistema Educativo, mayor duración y de mejor recuerdo en la historia de la Educación, son aquellas en que el consenso estaba en la base de su elaboración y articulado, pero tenemos que retroceder en el tiempo a la ley Moyano de 1857 (consenso entre progresistas y moderados), o a la Ley Villar Palasí (LGE) de 1970, con la ‘apertura’ del régimen franquista. Las demás leyes, incluidas las promulgadas en tiempos de la República, fueron fruto de partidos concretos.

Y nos preguntamos si no es posible, y absolutamente necesario, que de una vez por todas los partidos políticos, al menos los principales y de ámbito estatal (con los regionales independistas el reto es claramente complicado, aunque no imposible…) llegar a un acuerdo básico en las líneas fundamentales del sistema y de su organización, de manera que se produzca una patente estabilidad de estructura y objetivos en el sistema, y la Educación no se convierta en moneda de cambio…, o de manipulación de los jóvenes, que posibilite un largo periodo de tranquilidad a familias y profesorado, y facilite así el logro de esa excelencia de la que tanto les gusta hablar a algunos, pero por la que realmente se hace muy poco

De esa forma se dejará atrás esa constante esquizofrenia en que se mantiene al sistema…, y quien esto dice sabe bien de lo que habla, pues ha estado en los últimos veinte años en un Departamento de Orientación teniendo que ir cambiando constantemente los criterios de consejo y ayuda a las familias, al compás de los vaivenes políticos de turno…

Proponemos, por tanto, que se acabe de  una vez por todas con este tira y afloja, con esta lucha de bandos, en la que todos tenemos poco que ganar y mucho que perder, y en la que nos estamos jugando nuestra supervivencia con un material tan sensible e importante como son las generaciones jóvenes, nuestro futuro.

¿Es tanto pedir a nuestros representantes políticos que, de una vez por todas, dejen de lado sus intereses partidistas e ideológicos y trabajen denodadamente por alcanzar un amplio consenso que dé estabilidad y seguridad al Sistema, con mayúsculas, y que se deje de utilizar la educación como arma arrojadiza frente al bando contrario?

Yo también digo que no a la LOMCE, pero probablemente por distintos motivos a los que se están aduciendo en las manifestaciones que la misma tarde en que escribo estas líneas se están produciendo a lo largo y ancho de la geografía española. Yo no lucho por nadie ni contra nadie, sino por el sentido común y por un futuro común y de calidad.

Dejemos de lado nuestros bártulos ideológicos y de ‘partido’ y pongámonos a trabajar juntos, sin más demora, para lograr un pacto de gran escala en la Educación... Es el futuro de España, nuestro futuro y el de las generaciones venideras, el que está en juego.

¡No más leyes, por favor! Bueno, o quizás sí, una más, pero consensuada y con vigencia en torno a veinte años… al menos. ¿Es mucho pedir?


* Miembro del Centro de Estudios Montañeses y de la Sociedad Cántabra de Escritores.

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