EL QUIJOTE DE AVELLANEDA, UNA REFLEXIÓN EN EL DÍA DEL LIBRO 2015

Por Marino PÉREZ AVELLANEDA

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Con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes (no del quinto como erróneamente se indica en algunos medios), que se cumple este año, la Biblioteca Nacional acaba de inaugurar en Madrid una exposición formada por una quincena de estudios y de ediciones críticas de la ‘otra’ segunda parte del Quijote, la de Alonso Fernández de Avellaneda, que ha sido injustamente olvidada y hasta vilipendiada por el público y por la crítica hasta el punto de haber sido denominada con frecuencia como ‘apócrifa’, concepto éste que actualmente se encuentra en revisión..

En dicha muestra se podrán ver, entre otras publicaciones, hasta siete ejemplares de este Quijote de Avellaneda que tienen entre sus fondos de diversa procedencia. Tres de los originales están en castellano, dos de los cuales son del año 1614, ambos de ediciones diferentes aunque impresas en las mismas prensas en Tarragona, según se indica en la portada, aspecto éste que era desconocido hasta ahora, y que muestra que la obra ya debió de tener bastante éxito desde su aparición, un año antes que la de Cervantes hace cuatrocientos años justos.

Precisamente, Miguel de Cervantes anunciaba ya en su primera parte que en breve iba a publicar la segunda, con la tercera salida de Don Quijote, pero como se dice en los documentos de la exposición de la BNE: “pasó un día y otro, un mes y otro mes, un año y seis y nueve y la promesa seguía incumplida… Hasta que un individuo culto, admirador de la literatura popular que encarnaban tanto el Quijote como las comedias de Lope de Vega, decidió cumplir la promesa. Así debió nacer el Quijote firmado por Alonso Fernández de Avellaneda”.

Aparecen estas aventuras de Don Quijote, pues, en el año 1614, un año antes que la segunda parte de Cervantes. Hay autores que comentan que quizás fue el acicate que le faltaba al de Alcalá para dar fin a la suya, cuando ya frisaba nuestro Manco de Lepanto los 67 años de edad, y justo uno antes de su muerte en 1616. No sería acaso descabellado pensar que, de no haber sido por Avellaneda, el Quijote cervantino, el QUIJOTE con mayúsculas, habría permanecido inacabado, pues consta que Cervantes tenía algunas partes manuscritas ya realizadas. Sin embargo, de esta manera en vez de una segunda parte, podemos disfrutar de dos, y bastantes buenas ambas, por cierto.

Y a propósito, una pequeña observación en lo que se refiere a los títulos de ambas segundas partes. Es Avellaneda quien mantiene exacto el de la primera parte, denominando a Don Quijote El Ingenioso Hidalgo, mientras que Cervantes lo cambia ahora por El Ingenioso Caballero…

Respecto a las dos impresiones realizadas en la edición de Avellaneda el año de su salida, 1614, en la BNE presentan en esta exposición otras ediciones como la realizada en Madrid en 1732, que sorprendentemente, fue presentada como una continuación de la segunda parte del de Cervantes. Traducciones tienen también varias, la primera al francés, impresa en París en 1704. Otra el año 1706 al inglés, impresa en Londres. Ese mismo año aparecían dos más en holandés, ambas en Utrech. Más tardía fue la impresa en alemán, en el año 1775 (ya había aparecido otra en 1707, pero impresa en Copenhague), en Weymar & Leipzig. A lo largo del XIX y del XX ha habido bastantes más ediciones, algunas de bastante calidad, como la de 1851 en la Biblioteca de Autores Españoles, o la de 1905 en Barcelona que prologó Menéndez Pelayo. Entre las ediciones recientes, quizás destaque la de Gómez Canseco, de 2010, renovada en 2014, en la que se resalta ‘su acierto anotador y pulcritud filológica’.

No vamos a entrar en demasiadas profundidades sobre este Quijote de Avellaneda, pues, como también se afirma en los documentos de la BNE: “Este segundo tomo de El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es uno de los enigmas literarios y bibliográficos más debatidos de la literatura española. Contra lo que se ha creído durante siglos, se ha podido constatar la existencia de dos composiciones, realizadas ambas en la imprenta tarraconense de Felipe Roberto”.

Tenemos, pues, aquí uno de los puntos cruciales sobre los que también han corrido ríos de tinta, pues aún se discute si dicha imprenta fue realmente donde se imprimió este Quijote (ambas ediciones), y aún hay muchos autores que lo cuestionan, situándola unos en Barcelona, y otros en Valencia.

Pero quizás lo que más debate ha producido, que sigue y seguirá probablemente, es el tema de la autoría de este Quijote, pues parece asumido por todo el mundo que el tal ALONSO FERNÁNDEZ DE AVELLANEDA no corresponde a un personaje real, no coincide con ningún individuo conocido de las letras o de las armas de la época, por lo que se asume que es un seudónimo, un alias, tras el que se escondió su verdadero autor que prefirió, por las razones que fueren, permanecer en el anonimato. No obstante, parece que se asumen ciertos lugares comunes entre las características que deberían cumplir los candidatos:

  • Un individuo de vasta cultura y estudios.

  • Un escritor de cierto renombre, por su buena calidad literaria y dominio de arte de escribir.

  • De la órbita de Lope de Vega al que alaba y admira, sin duda (precisamente, incluso el Fénix de los Ingenios ha sido uno de los supuestos autores, aunque la mayor parte de la crítica actual desecha esta opción). También admirador de Cervantes y de su Quijote.

  • De probada formación religiosa, lo que ha hecho pensar que su autor pudiera haber sido un clérigo, regular o secular.

  • De estilo socarrón y crítico, y, en ocasiones, algo más basto incluso que el propio Cervantes sobre todo en las aventuras en que se embarca Sancho Panza.

  • Con experiencia o relación con el mundo de las armas y de la nobleza.

  • Natural de Aragón, o con buen conocimiento de la geografía de esta región, como parece asumir el propio Cervantes en el prólogo de su segunda parte, el cual no demuestra claramente si sabía o no quién era su autor en las referencias que hace, así como en el texto de la novela.

Podríamos seguir desgranando más características, pero entendemos que no es éste el lugar idóneo ni el momento adecuado, aunque no descartamos que lo hagamos en otros medios más adelante, en que explayaremos los estudios que estamos realizando.

Los nombres que se han propuesto para su autoría son numerosos casi desde su aparición y se mueven, con más o menos apoyos en los de Pedro Liñán de Riaza, Leonardo de Argensola, Jerónimo de Pasamonte, Cristóbal Suárez de Figueroa, Tirso de Molina, el propio Lope de Vega como se ha dicho, y hasta Francisco de Quevedo, etc.

La exposición tiene lugar en la Sala Mínima del Museo de la Biblioteca Nacional en Madrid, y permanecerá hasta el 20 de septiembre de 2015. Invitamos a todos los que puedan a acercarse por allí, dado que “este Quijote es, sin duda, una novela estimable, muy representativa de las ideas y los valores de una época apasionante: la que vio convivir a genios como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y tantos otros. ¡Merece la pena leerlo, releerlo y analizarlo!”.

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