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INDECISOS Y VOTO OCULTO

Por ENRIQUE GOMARIZ

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Durante semanas los medios políticos y periodísticos han centrado su atención en la cantidad de indecisos que muestran las encuestas. Algo que da idea del despiste general que impera. Porque ni la indecisión es el principal problema, ni todos los indecisos lo son realmente. Me explico.

Ha sido en los últimos días cuando los partidos han descubierto que los dos principales problemas son la abstención y el voto oculto. El aldabonazo sobre la caída de la participación electoral lo ha dado el voto por correo, que ha disminuido en un 30% respecto de las anteriores elecciones de abril. Y la encuesta del CIS, que no tiene mucho valor respecto de la distribución de la intención del voto, sí advierte que la abstención podría crecer cerca de diez puntos. Si en las elecciones de abril fue del 25% en estas de noviembre podría llegar al 34%, lo cual no representa en si misma una caída brutal de la participación electoral (estaría en torno al 66%), pero sí sería lo suficientemente importante para tener efectos apreciables en algunos partidos y, en último extremo, cambiar el resultado final por bloques. Por esa razón, los que más temen a la abstención, PSOE, Podemos, PP y Ciudadanos, han introducido en sus mensajes un enérgico llamamiento a ir a votar el 10 de noviembre.

El otro fenómeno que hay que subrayar es que ese tercio de personas que aparecen en las encuestas como indecisos contiene en realidad actitudes políticas diferentes. Al lado de las personas que efectivamente no han decidido todavía su preferencia, hay muchas otras que no quieren declarar a las encuestas que es lo que piensan hacer. Es decir, son personas que tienen claramente decidido su voto pero que prefieren mantener oculta su intención.

En todo caso, la suma de la abstención más la cantidad de indecisos reales y la del voto oculto suponen un conjunto que supera la mitad del padrón electoral, lo cual da una idea de la incertidumbre que todavía se mantiene respecto de los posibles resultados de las próximas elecciones. Cabría la pregunta de si esta semana de campaña electoral que comienza podría cambiar mucho el panorama. Y desde luego, que algún efecto importante podría tener. No parece previsible que el debate entre los líderes de las cinco principales fuerzas políticas pueda modificar mucho la intención de voto previa. Quizás los sucesos de Cataluña pudieran tener algún impacto mayor, entre otras razones porque los CDR no van a parar su campaña de movilizaciones y violencia, ni ante la visita del Rey a Barcelona ni en la jornada de reflexión, y puede que ni siquiera en la misma jornada electoral.

La conclusión que se obtiene de este panorama es que no parece que pueda pronosticarse con facilidad el resultado de las próximas elecciones. La renuncia a participar de muchos y la rebelión ante las encuestas de otros tantos pueden proporcionar sorpresas considerables este 10 de noviembre.

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