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SOBRE EL BREXIT CARA A 2020

Por ROGELIO PEREZ BUSTAMANTE

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El 31 de octubre, según todas las previsiones, se produciría la salida de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña. Eso no fue así, pero como dice el refrán “no hay plazo que no se cumpla”. Reino Unido sigue decidido a abandonar la Unión Europea y la Unión Europea ha aceptado este abandono. Ya lo aceptó cuando elaboró un Tratado de salida y una Declaración Política como marco de la futura relación económica, pero había un problema que no tenía fácil solución y era el relativo a la frontera entre la República de Irlanda, miembro de la Unión Europea, e Irlanda del Norte, que como consecuencia de su pertenencia al Reino Unido abandonaría la Unión.

La solución acordada en el Tratado fue el llamado Backstop que suponía mantener a Irlanda del Norte en la Unión Aduanera hasta que se acordase el Tratado Comercial definitivo, planteado bajo los términos de la referida Declaración Política. Aunque el Tratado Brexit fue firmado por la Unión Europea y el Reino Unido en el gobierno de Theresa May, el Parlamento británico se negó a ratificarlo en 3 ocasiones. Las últimas ya en el gobierno de Boris Johnson, constituido como Primer Ministro desde el 24 de julio de 2019.

Intensas negociaciones posibilitarían una reforma del Tratado Brexit que alcanzándose un acuerdo el 17 de octubre de 2019, en el que fundamentalmente se revisaba el protocolo sobre Irlanda/Irlanda del Norte, acuerdo que sería ratificado ese mismo día por un Consejo Europeo extraordinario. De este modo, se desbloqueaba el Backstop mediante la introducción de una cláusula que facilita al Parlamento de Irlanda del Norte votar cada dos años si quiere permanecer en el seno de la Unión Aduanera. Esto fue aceptado por el gobierno de Irlanda y en este nuevo escenario Reino Unido solicitaría una prórroga del plazo previsto, art. 50 apartado 3 que suponía que la retirada se realizaría el 31 de octubre, acordándose su extensión hasta el 31 de enero de 2020, dejando abierta la posibilidad de que Reino Unido se pudiera retirar antes el 1 de diciembre de 2019 o el 1 de enero de 2020, si ambas partes ratificaban el Tratado Brexit enmendado con antelación.

Mientras tanto, Reino Unido sigue siendo miembro de la Unión Europea, si bien su gobierno se resiste al nombramiento de su comisario ante lo cual, la Presidenta Electa de la Comisión Europea, ejecutivo encargado de la guarda de los Tratados, ha enviado al Reino Unido una carta de notificación formal por incumplir sus obligaciones al no sugerir un candidato para el correspondiente cargo de comisario que le corresponde como país miembro que aún es, otorgándole un plazo que finaliza el viernes 22 de noviembre. Por su parte el Reino Unido justifica que no está en condiciones de hacerlo porque ya se han convocado elecciones generales en Gran Bretaña. En efecto, el 6 de noviembre con el visto bueno de la Cámara de los Lores y los Comunes, el Presidente del Gobierno propuso la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones, en las que se resolverán los 650 escaños de la Cámara de los Comunes.

De estas elecciones depende que la mayoría absoluta constituida por 326 escaños pueda o quiera aprobar el Tratado Brexit reformado, unos comicios marcados por la polarización y la tensión entre los candidatos que asumen posturas divergentes, desde los liberales que asumen plenamente la permanencia y no ascienden a más del 15% de intención de voto, pasando por los laboristas que buscan disparar el gasto público y cerrar un acuerdo sobre un nuevo referéndum en Escocia acerca de su posible autodeterminación y los Conservadores con una agenda política centrada en sacar al pueblo británico de la Unión Europea.

Es más que posible que el partido conservador consiga la mayoría, dado que los candidatos del Partido Brexit se han retirado, para evitar la dispersión del voto euroescéptico, pero el verdadero dilema lo tiene Gran Bretaña en su interior porque no parece que a la larga Escocia esté dispuesta a aceptar que una parte del Reino Unido, como es Irlanda del Norte, se mantenga en el Unión Aduanera y los escoceses que mayoritariamente rechazan el Brexit no puedan mantener esta misma situación con respecto a la Unión Europea.

A ello habrá que sumar las consecuencias negativas que el Brexit va a causar en Gran Bretaña. La caída de la libra esterlina a finales de octubre el Brexit la había debilitado en un 13% frente al dólar, las bolsas y el precio del petróleo fueron las primeras reacciones al Brexit, pero no serán las únicas. La salida del Reino Unido de la Unión Europea. restringirá las relaciones comerciales y financieras a ambos lados del canal de la Mancha en un proceso que se prevé dure de dos a siete años. Hoy, el 44 % de las exportaciones británicas van a la UE, que le suministra el 53 % de sus importaciones. Se calcula que la City podría perder 100.000 empleos y otras muchas empresas se trasladarán a las grandes ciudades de la Eurozona.

Por lo tanto, el escenario más posible es que el nuevo Parlamento Británico se vea forzado a asumir la propuesta del nuevo gobierno, y se logre finalmente la firma de este Tratado Brexit enmendado. Para entonces ya serán más fuertes las voces que comiencen a plantear una nueva integración en la Unión Europea, sobre todo si la propia Unión supera sus dificultades y logra un equilibrio en el difícil escenario internacional en donde es posible que en algún momento se recupere la alianza euroatlántica o, lo que es lo mismo, que los Estados Unidos asuman que en un mundo libre es necesaria la consolidación de una Europa fuerte.

Por Rogelio Pérez Bustamante

Catedrático Jean Monnet ad personam