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ESTRAÑI Y EL PROGRESISMO DE EL CANTÁBRICO

Por JOSÉ RAMÓN SAIZ

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Se ha escrito que el siglo XIX es el siglo del periodismo con la lucha por la libertad de imprenta y el avance en las innovaciones técnicas que se irán incorporando a lo largo de los primeros años del siglo XX. En ese contexto en el que el telégrafo aún no había sido sustituido por el teléfono, el montaje del periódico se hacía letra a letra a falta de la linotipia, y cuando la rotativa no ha sustituido a la impresora plana, aparece El Cantábrico, diario independiente de la mañana que fundan, el 4 de mayo de 1895, el periodista José Estrañi y Grau y los abogados Manuel y Buenaventura Rodríguez Parets, con un compromiso novedoso: “El periódico no podrá en ninguna ocasión constituirse en órgano de fracción ni partido determinado, pues su principal misión ha de ser la defensa de los intereses generales y regionales, espíritu de amplia justicia sin herir sentimientos religiosos ni defender personalismos” .

Aquella mañana del sábado 4 de mayo de 1895 los vendedores de El Cantábrico vocearon la salida del periódico en las principales calles y mercados más concurridos de la ciudad, que entonces no superaba los cincuenta mil habitantes, comenzando a competir con sus colegas La Atalaya, El Atlántico, El Boletín de Comercio, El Aviso y La Voz Montañesa. Negros nubarrones se anunciaban en el horizonte para la sociedad española y cántabra, ésta no recuperada aún de los trágicos efectos de la explosión del Machichaco, el 3 de noviembre de 1893. De Cuba llegaban noticias sobre las últimas revueltas separatistas que obligaron al Gobierno de Cánovas del Castillo, a enviar nuevas tropas de refuerzo que, en su mayoría, salían del puerto de Santander. La víspera de la aparición de El Cantábrico, varios cientos de soldados embarcaron en la machina del puerto y días después lo hizo el batallón Cantabria.

Acaba de salir mi libro sobre este gran diario de la mañana –mi recuerdo para José Simón Cabarga y Antonio del Campo Echevarría, historiadores de nuestra prensa-,   que alcanzó una vida de cuarenta y dos años y que  representó un nuevo modelo de prensa más informativa y menos ideológica, proyectándose como el máximo defensor de las ideas democráticas de la historia de nuestra prensa. Con la aparición de El Cantábrico podemos elaborar el árbol genealógico de los diarios de la mañana y su evolución en años posteriores, encontrándonos con dos orígenes: La Voz Montañesa (1873) y El Atlántico (1886), y fruto de la ruptura de Estrañi con Coll y Puig surgió El Cantábrico. No ha habido entre uno y otro periódicos intermedios. En cambio, la descendencia de El Atlántico ha sido dilatada al surgir, por la disidencia de Lorenzo BlanchardLa Atalaya (1893) y de La Atalaya  se desprendieron dos ramas que dieron vida a dos periódicos: el clerical El Diario Montañés (1902) y el maurista El Pueblo Cántabro (1914).  Finalmente, en 1927, la fusión de La Atalaya y El Pueblo Cántabro, que se reconciliaron para morir, nació La Voz de Cantabria, dirigido por José del Río y Antonio Morillas como redactor-jefe.

El periodismo y su desarrollo es, por tanto, un timbre de gloria para el siglo XIX.  Es el gran arma de los partidos políticos en una etapa en la que la prensa es, sobre todo, ideológica; más un arma de partido que herramienta de empresa. En esta identidad prensa-política, no puede extrañar que destacados periodistas se encumbraran en el mundo de la política. Un repaso a las biografías más importantes del siglo XIX y comienzos del siglo XX, demuestra que muchos gobernantes se iniciaron en las redacciones de periódicos en su lucha por alcanzar el poder. Precisamente El Cantábrico es el gran periódico que marca un antes y un después. Ayudó a enterrar la etapa de prensa ideológica, de partido, que predominó en el transcurrir del siglo XIX y abrió la etapa de prensa independiente y un carácter más  informativo.

Ideas democráticas, republicanismo, laicismo y compromiso con los intereses de la tierra cántabra son las cuatro definiciones que alentaron la aparición de El Cantábrico, principios que defendió con flexibilidad y a los que demostró una gran lealtad. Ideas democráticas o regeneración frente a la vieja política, el caciquismo;  republicano y laico por convicción,  no fue El Cantábrico anti nada y, por tanto, no puede ser definido como un periódico antimonárquico ni anticatólico ya que todos los conceptos y  valores que representaban Monarquía y Religión fueron tratados con respeto en las páginas del periódico. Este fue el compromiso que José Estrañi alcanzó con sus socios los hermanos Rodríguez Parets concretado en “hacer un periódico a la moderna, de información, no de partido, ni de combate, ni de propaganda”.

Este progresismo fundacional de El Cantábrico tiene su gran mérito al defenderse en los años finales del siglo XIX cuando el periódico asume como ideario la separación Iglesia-Estado, educación laica, modernización de España, tolerancia, lucha contra el viejo caciquismo y contra las leyes represoras en materia de prensa. En definitiva, la supremacía del poder civil sobre cualquier otro poder, así como una posición firme contra la pena de muerte. Hay que tener en cuenta que entonces la Constitución vigente proclamaba el carácter católico de la nación española.

Una cabecera, además, que respetó la pluralidad como prueban los símbolos que abrazó el periódico testigos mudos de la redacción con los retratos de Francisco Pi y Margall, presidente de la I República, que simbolizaba la ética y la moral políticas, Marcelino Menéndez Pelayo, José María de Pereda, Amós de Escalante y Benito Pérez Galdos, además del busto de Augusto González de Linares. Precisamente fue en las primeras décadas del siglo XX, el cauce por el que discurrirá una etapa esplendorosa de la cultura cántabra en la que proliferan los genios, escritores, pintores y artistas. Se trata de una etapa apasionante para la prensa de Cantabria que vive sus mejores años.

Ese gran periódico que fue El Cantábrico y que se situó a la cabeza de los periódicos regionales y provinciales, no había sido investigado a fondo con la elaboración de su interesante historia en la que se unen aspiraciones de progreso para la Montaña, implantación de una democracia real, convivencia y paz civil. En estos cuatro apartados puede resumirse un ideario que se quebró incivilmente en 1937, que terminó marcando la tragedia de este periódico y la de sus propietarios –la familia de Tomás Rivero y Concepción Corral– al acabar bruscamente con su historia sin más acusación que el haber servido desde su fundación a las ideas democráticas. Fue confiscado, sus instalaciones las heredó Prensa del Movimiento que comenzó a editar ALERTA, que desde 1984 es de titularidad privada y que recoge las esencias democráticas de El Cantábrico.

En estas apretadas reflexiones no es posible valorar la rica personalidad periodística de José Estrañi, con una vida que firme en sus ideales le provocó no pocas adversidades. Por respeto a su figura, merece un artículo en el que desvele datos importantes de su biografía, ya que aunque con frecuencia se habla de Estrañi, su obra periodística es generalmente desconocida. Algunas de sus reflexiones, siempre escritas con humor y tono festino en su sección Pacotilla, tienen hoy vigencia, prueba también de nuestros viejos problemas aun no solucionados. Entre sus peticiones al año 1919 –el de su muerte-, entresaco estas dos. Valoren ustedes:

“Haz tu que Cataluña
 sea sensata
y por ningún motivo
meta la pata.
Haz que los bizcaitarras
no estén inquietos
provocando con mueras
a los maquetos…”

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