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DIARIO DE UNA PESADILLA

Por NIEVES HERRERO

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El teléfono se calienta tanto que tengo que darle descansos. A veces pienso que lo va a “petar”. Al final, estas situaciones sirven para recuperar a los que siempre te han querido y se preocupan por ti. Familia y amigos nos hacemos un chequeo diario para ver cómo evolucionan nuestras toses y nuestros constipados.

He decidido no acordarme del “acojonavirus” todo el día. ¡Necesito evadirme porque si no es así, me entra miedo! Además, el miedo es muy dañino. Te paraliza. Te atrapa. Se apodera de tu tiempo. Todo es miedo o angustia y ya no digamos si nos vemos obligados a atravesar la puerta de casa aunque sea a echar la basura a los cubos. Miedo del que sale a la farmacia o al supermercado. Se está convirtiendo este tipo de actos imprescindibles en un acto de heroicidad. El que se queda, está deseando que el que se ha ido, vuelva cuánto antes. Y el que se va, lo hace con guantes y escafandra, como si fuera al espacio. Una aventura para descubrir otra vez el miedo en los ojos de todos aquellos que nos despachan o en las personas que empujan los carros y corren para no cruzarse contigo. Todo es un baile de miedos y angustias.

¿Quién será el siguiente de la estadística? ¿A quién le tocará ahora? Todos ya tenemos casos de conocidos, primos, amigos…Y la edad, ¡qué cruel está resultando el bicho! Parece uno de esos experimentos de la Alemania de la Segunda Guerra Mundial para seleccionar solo a los más jóvenes. Me parece terrible. Me ha dicho hoy mi amiga Gema que su abuela ya no abre los ojos. Fue a verla dos minutos de lejos y sonríe cuando la oye pero ha decidido no mirar a su alrededor. Con los ojos cerrados es como si todo siguiera igual. Como el “cucutrás” de cuando éramos pequeños. Cerrábamos los ojos y ya nos sentíamos escondidos. Pienso que lo de la abuela de mi amiga debe ser algo parecido. Una defensa frente al miedo.

Se está creando una red social entre vecinos. ¡Una luz en la oscuridad del miedo! “Si necesitas algo, ¡ya sabes!”. Lo dicen de verdad, se nota. Otro pregunta cómo va el encierro. Otro me ha mandado una dieta para combinar alimentos estos días. Intuye que debo estar cogiendo peso. ¡No me muevo! He intentado pasillear pero no aguanto. De verdad que lo intento pero no puedo. Me resulta imposible más de tres pasillos. Bueno, he superado esa marca. Hoy he hecho cuatro. En mi caso es un récord de Olimpiada como poco.

¡Qué desastre! Tokio buscando nuevas fechas. El fútbol alterado, el atletismo, la natación…La feria de abril en septiembre. El Rocío cuando el Rocío chico. Al final, lo haremos todo de golpe. Celebraremos entonces, cuando sea, que estamos vivos. Que esta pesadilla la hemos superado. Valoraremos seguramente la libertad como nunca lo habíamos hecho hasta ahora. Nos besaremos y abrazaremos como tampoco lo habíamos sentido hasta ahora…Sin embargo, el miedo, ese miedo que hoy forma parte de nuestras vidas, se convertirá en nuestro silencioso compañero de viaje. ¡A ese, nos costará quitárnoslo de encima! Hará falta mucha terapia a base de cervezas compartidas, reuniones hasta la madrugada y mucho amor para el que no se acabe de creer que la pesadilla, ha terminado. ¡Porque va a acabar! ¡Seguro! Gracias a los científicos, el “acojonavirus” ¡tiene los días contados!

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