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LA CIFRA COBRE CONTAGIADOS ES FALSA, EN CHINA Y EN EL RESTO DEL MUNDO

Por ENRIQUE GOMARIZ

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Hay algo que el ciudadano o ciudadana corrientes no podemos entender: si las autoridades nos advierten de que la cifra de contagiados que entregan depende de la cantidad de test que se realizan, ¿por qué entonces siguen basándose en esa cifra (de infectados) para dar buenas o malas noticias? ¿Por qué, en suma, siguen dándole valor a esa cifra inconsistente?

Sin embargo, desde su origen en Wuhan, las autoridades chinas usaron cifras de contagiados para informar a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por cierto, que su aliado electrónico en Europa (hasta ayer), el gobierno británico de Boris Johnson, acaba de poner el grito en el cielo porque se siente engañado por China respecto de la cantidad real de contagiados en ese país. Los expertos en Londres aseguran que la cifra de infectados en China es en realidad entre 15 y 50 veces la que informaron a la OMS. Recientemente, Reporteros sin Fronteras (RSF) asegura que las autoridades chinas ocultaron radicalmente la verdadera gravedad de la crisis, que luego se transformaría en pandemia. De hecho, el 3 de enero, el director del departamento de emergencias del Hospital Central de Wuhan, Al Fen, junto a un grupo de médicos alertaron sobre la aparición de “un coronavirus semejante al SARS”. La respuesta fue el encarcelamiento de ocho de ellos, “por difundir falsos rumores”. La conclusión del informe de RSF es enérgica: “Si la prensa china fuera libre, el Covid-19 no sería hoy una pandemia”.

En realidad, esta falsedad sobre los datos de contagiados no sólo es causada por la intención política de las autoridades chinas de ocultar al mundo la verdadera dimensión de la pandemia, sino también por la inconsistencia que posee la cifra misma. No obstante, todos los países europeos y norteamericanos siguen utilizándola como algo que permite dar una idea de la extensión de casos de infectados. Y sobre esta base se realizan especulaciones acerca de las variaciones de la curva de contagio. En Italia ya habrían llegado supuestamente al pico superior de la curva hace dos semanas, pero las cifras siguen creciendo sobre todo porque ha comenzado a extenderse por el centro y el sur de la península, hasta ahora poco afectados por la pandemia. En España, el Ministerio de Salud nos informa todos los días -al menos desde hace dos semanas- de que estamos “acercándonos al pico de la curva”.

Encaremos el asunto con claridad: el uso de la cifra de infectados confirmados forma parte del discurso de las autoridades con la intención esperanzada de suavizar las malas noticias. Y para ser mas claros todavía, la propia OMS también es cómplice de esa estrategia comunicacional. Al día de hoy (lunes) nos informa que hay 757.000 casos confirmados en 172 países. Pero cuando declaró el estado de pandemia, advirtió de que en pocas semanas podría infectarse una alta proporción de la población mundial, que en meses podría aproximarse a la mitad de esa población. Eso significaría cerca de cuatro mil millones de personas. Definitivamente, las cifras actuales están demasiado lejos de esa cantidad prevista. La conclusión es obvia: la cantidad de contagiados real debe multiplicarse por una cifra similar a la estimada para China, entre 15 y 50 veces más (y 50 millones de infectados es todavía una cantidad muy reducida).

La cifra de contagiados solo adquiere alguna validez respecto del cálculo diario, cuando se basa en un crecimiento constante del número de pruebas realizadas. Si la cantidad de test homologados es la misma cada día o su crecimiento es constante, entonces puede calcularse la variación en la cifra de infectados. Pero esa información sobre los tests tampoco es consistente. La cantidad de pruebas varia diariamente y puede dar saltos en el tiempo (al menos es lo que se nos promete cada día). Por esa razón, si la cifra total acumulada de contagiados no es fiable, tampoco lo es la suma diaria de casos apara poder hablar con rigor de la tendencia real de la curva de contagios.

Todo indica que un dato mas confiable sería la cifra de defunciones. Sin embargo, tampoco es muy exacta en términos comparados, porque su registro es diferente según los países. En Francia sólo se computan por coronavirus las muertes que suceden por esta causa en los hospitales. En España sucede también parcialmente eso, sobre todo con las muertes acaecidas en las residencias de mayores. En Inglaterra se ha incluido tarde esta causa específica de muerte, a partir del 5 de marzo, y todavía no se certifica rigurosamente por ese motivo. En Italia, el criterio principal es que se haya detectado positivamente al enfermo por coronavirus, pero sin adscribir rigurosamente las afecciones asociadas. En Alemania, país con una cantidad apreciablemente inferior de muertes, hay una discusión entre institutos científicos, porque cuando no se identifica previamente el contagio por coronavirus, se registran los fallecimientos por las causas visibles (neumonía, paro cardiaco, etc.) y no se hace un exhaustivo control de la presencia de Covid-19 en las autopsias.

Pese a todo, las cifras de fallecimientos y de hospitalizados por coronavirus parecen algo más confiables que las de contagiados para otorgar una idea aproximada de cómo evoluciona la pandemia. Sería conveniente que las autoridades sanitarias dejaran de otorgar tanto valor a la cifra de contagios, porque su insistente exposición se aproxima demasiado a un insulto a la inteligencia.

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